Pocos días antes de que un devastador temporal arrasara Bahía Blanca, Sandra Pettovello, ministra de Capital Humano, decidió desmantelar la Dirección Nacional de Emergencias, un organismo vital para coordinar respuestas estatales ante catástrofes. En el marco de la reducción del Estado impulsada por Federico Sturzenegger, los 485 empleados que integraban esta dirección fueron despedidos o puestos en disponibilidad, dejando al país completamente desprotegido frente a emergencias. Este acto de irresponsabilidad no solo evidenció la falta de previsión del gobierno, sino que también tuvo consecuencias trágicas: más de una decena de personas perdieron la vida y los daños materiales se estiman en 400 mil millones de pesos, mientras que el gobierno apenas destinó 10 mil millones para asistir a los afectados.
El viernes 28 de febrero, en vísperas de un fin de semana largo, decenas de trabajadores de la Dirección Nacional de Emergencias recibieron sus despidos por correo electrónico. Este cierre, ejecutado con una frialdad burocrática, dejó al país sin la única entidad capacitada para enfrentar desastres naturales. Los empleados despedidos intentaron advertir sobre las graves consecuencias de esta medida, especialmente en un contexto de fenómenos climáticos cada vez más extremos debido al cambio climático. Sin embargo, sus reclamos cayeron en oídos sordos.
La tragedia que pudo evitarse
No pasó ni una semana desde aquel reclamo para que la naturaleza demostrara la magnitud del error cometido por el gobierno. Un temporal sin precedentes azotó Bahía Blanca, dejando un saldo trágico: más de una decena de muertos, 40 familias evacuadas y numerosos pacientes del Hospital Interzonal Dr. José Penna, incluidos recién nacidos de la sección de neonatología, trasladados de urgencia. La ciudad, con más de 300.000 habitantes, quedó sumida en el caos, con pérdidas materiales que superan los 400 mil millones de pesos. Frente a esta catástrofe, la respuesta del gobierno fue mezquina e insuficiente: apenas 10 mil millones de pesos, una cifra irrisoria que no alcanza ni para paliar mínimamente el desastre.
La desidia de Pettovello y el gobierno nacional
El temporal en Bahía Blanca dejó al descubierto la absoluta falta de criterio y humanidad de la ministra Pettovello y del gobierno nacional. La Dirección Nacional de Emergencias, ahora desaparecida, era la encargada de brindar asistencia inmediata en casos de catástrofes, enviando insumos y profesionales como médicos, psicólogos y asistentes sociales para atender a los damnificados. Sin embargo, Pettovello no solo decidió cerrarla, sino que ni siquiera se presentó en la zona afectada. En su lugar, envió productos de limpieza, materiales de construcción y apenas 80 colchones, una cantidad ridícula para una ciudad devastada. Mientras tanto, las familias bahienses luchaban por sobrevivir entre los escombros.
El gobierno intentó justificar su falta de acción alegando que no cuenta con reservas de alimentos debido a una denuncia judicial presentada por Juan Grabois sobre los comedores populares. Sin embargo, esta excusa no hace más que evidenciar la incompetencia y la falta de planificación de un gobierno que prioriza el ajuste fiscal sobre la vida de las personas. “No compramos más alimentos”, declararon desde el Ministerio de Capital Humano, como si eso fuera una justificación válida para abandonar a su suerte a miles de ciudadanos.
El cinismo del gobierno
El gobierno nacional intentó lavarse las manos argumentando que la disolución de la Dirección Nacional de Emergencias no fue una decisión apresurada. Según ellos, la responsabilidad de gestionar catástrofes ahora recae en los ministerios de Defensa y Seguridad. “Pasó justo, pero ya estaba decidido”, dijeron, como si eso fuera un consuelo para las familias que perdieron todo. Sin embargo, la realidad es que el desmantelamiento de este organismo dejó al país sin un equipo especializado que, en el pasado, había demostrado su eficacia. Durante los incendios en Corrientes, por ejemplo, la Dirección llegó con asistencia en las primeras 48 horas, proporcionando agua, alimentos, colchones y frazadas, además de coordinar ayudas económicas para la reconstrucción. Hoy, ese nivel de respuesta es impensable.
La provincia de Buenos Aires pide ayuda, el gobierno responde con migajas
Tras la llegada de los ministros Patricia Bullrich y Luis Petri a Bahía Blanca, el gobierno bonaerense solicitó formalmente asistencia a Pettovello, detallando la dramática situación que atraviesan las familias afectadas. Sin embargo, la respuesta del gobierno nacional fue vergonzosa: apenas 10 mil millones de pesos, una cifra que no alcanza ni para cubrir el 3% de los daños estimados. Mientras tanto, en los últimos dos años, 50 municipios de la provincia de Buenos Aires han sufrido inundaciones, y en cada ocasión, la administración de Axel Kicillof tuvo que actuar sin recibir apoyo del gobierno nacional.
Frente a las críticas, el Ministerio de Capital Humano intentó justificar su desmantelamiento del Estado argumentando que existía una “superposición de áreas”. Según ellos, el Sinagir (Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo), dependiente del Ministerio de Seguridad, se encargará de gestionar las catástrofes. Sin embargo, no hay evidencia de que este sistema cuente con los recursos o el personal necesario para reemplazar las funciones de la extinta Dirección Nacional de Emergencias.
Un gobierno que abandona a su gente
El cierre de la Dirección Nacional de Emergencias y la respuesta insuficiente ante la tragedia en Bahía Blanca son una muestra más de la desidia y la falta de empatía de un gobierno que prioriza el ajuste fiscal sobre la vida de las personas. Mientras las familias bahienses lloran a sus muertos y tratan de reconstruir sus vidas entre los escombros, el gobierno nacional se limita a enviar migajas y justificarse con excusas burocráticas. Esta no es solo una crisis de gestión, sino una crisis de humanidad. Un gobierno que abandona a su gente en los momentos más difíciles no merece llamarse gobierno.
Fuente: Primereando las Noticias



