El pasado 28 de octubre, en su columna del diario español El País, el periodista Federico Rivas Molina desarrolló las características del “carry trade”, en un artículo titulado “El regreso de la “bicicleta financiera” en Argentina, la operación que en 10 meses dejó 50% de ganancia en dólares”. Y, más abajo, en el copete, señala que “El descalabro de las variables macroeconómicas del país sudamericano permite estrategias especulativas con beneficios únicos en el mundo”.
En la mencionada nota, se explica en qué consiste este método especulativo: “Si usted es argentino y puede ahorrar, seguramente lo hará en dólares. Imagine ahora que el Gobierno le dice que depreciará el peso a razón de 2% por mes. Y que si tiene pesos que le sobran le pagará entre 4% y 5% de interés cada 30 días. Su asesor financiero le recomendará entonces una operación muy simple: que cambie sus dólares por pesos, compre con esos pesos bonos o póngalos a plazo fijo y, terminado el mes, vuelva a comprar dólares”.
Por ello, explica Rivas Molina, “la diferencia entre la depreciación del peso que le prometió el Estado y la tasa de interés que recibió determinará la cantidad de dólares que habrá ganado al final del ciclo”. Se trata de “una operación con nombre y apellido: en la calle se la conoce como “bicicleta financiera”; los operadores prefieren llamarla carry trade”, describe lúcidamente el columnista del diario español.
Más adelante, se explican las condiciones para que ruede la bicicleta financiera funcione: Milei ha tomado una postura intervencionista a la hora de fijar la depreciación del peso en un 2% mensual, dos puntos menos que el altísimo promedio de inflación, que no ha podido bajar. Al mismo tiempo, para “absorber” el excedente de pesos del mercado, ofrece tasas por encima de la inflación, de hasta 5%. A este combo explosivo, se le agrega el cepo cambiario, es decir, que la compra y venta de divisas está controlada por el Estado, impidiendo la libre flotación. Rivas Molina concluye que “el escenario se completa con un blanqueo de capitales que introdujo en el mercado 12.000 millones de dólares que fueron a parar a los bancos y fortalecieron las reservas internacionales”.
A propósito de las zonceras
En su Manual de zonceras argentinas (Ediciones Corregidor, 2023), Arturo Jauretche explica que los argentinos somos vivos y zonzos a la vez, “vivos de ojo y zonzos de temperamento”, es decir, “paralelamente, inteligentes para las cosas de corto alcance, pequeñas, individuales, y no cuando se trata de las cosas de todos, comunes, las que hacen a la colectividad” (p 9-10).
Y agrega, en sintonía con el filósofo Jeremías Bentham, muy mal interpretado por sus “discípulos rioplatenses”, que las zonceras funcionan como los sofismas, los cuales designan “la introducción en el razonamiento de una premisa extraña a la cuestión, que lo falsea”. Las zonceras, afirma Jauretche, “cumplen las mismas funciones que un sofisma, pero más que un medio falaz para argumentar son la conclusión del sofisma hecha sentencia” (p.11).
Entre las numerosísimas zonceras que analiza Don Arturo, menciona la “madre que las parió a todas”, la de “Civilización y barbarie”, del espacio: “el mal que aqueja a la Argentina es la extensión”, en tanto, dentro de las zonceras económicas, “división internacional del trabajo”, “pagaré ahorrando sobre el hambre y la sed de los argentinos” y “el granero del mundo”.
Lamentablemente, Don Arturo falleció el 25 de mayo de 1974 y no llegó a conocer el experimento de “La Patria Financiera”, acaecido durante la última dictadura cívico-militar. En el marco del Terrorismo de Estado, a comienzos de 1977, se implementó una reforma financiera, a través de dos leyes: la 21.495 sobre descentralización de los depósitos y la 21.526 sobre entidades financieras. Estas normas colocaron al sector en una posición hegemónica en términos de absorción y asignación de recursos.
La primera de esas leyes autorizó al Banco Central a restituir a las entidades financieras la facultad de disponer los depósitos recibidos por cuenta de aquel y sobre la base de la garantía de depósitos. La segunda norma estableció un nuevo régimen de entidades: el Banco Central tendría la facultad excluyente de superintendencia, a la vez que la competencia pasaba a ser el mecanismo para lograr un sistema eficiente. Además, determinó que la función de intermediación monetaria pasaba a ser ejercicio exclusivo de los bancos comerciales. Esta norma fue el primer paso hacia una modificación de la estructura económica y social a partir del patrón de acumulación basado en la sustitución de importaciones.
En consecuencia, las entidades financieras y los bancos desataron una puja desenfrenada para captar fondos ofreciendo altísimas tasas de interés, estimulando el negocio de la intermediación monetaria. Entre 1976 y 1979, se autorizó la apertura de 1200 bancos y entidades financieras que, con escaso o ningún respaldo de capital, proliferaron estas mesas de dinero.
En su “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, Rodolfo Walsh da cuenta de este cambio de paradigma para pasar de una economía de producción a una de especulación: “El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el 100 y el 200%, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el “festín de los corruptos”.
Como observa Rivas Molina en la citada nota del diario español El País, “la bicicleta financiera fue un clásico de la última dictadura argentina de los setenta, revivió en 2016 con Mauricio Macri y ha vuelto ahora con el ultraderechista Javier Milei. Los argentinos que se subieron a la bicicleta han ganado en 10 meses hasta 50% en dólares, otro milagro del descalabro macroeconómico argentino”.
No obstante, el propio periodista reconoce que “la bicicleta financiera es tentadora, pero es también extremadamente peligrosa”, ya que una devaluación haría esfumarse el diferencial entre la inversión inicial en pesos y la recompra de dólares. Y recuerda lo que pasó en 2018, “cuando los inversores que habían adquirido bonos en pesos perdieron la confianza en el gobierno de Mauricio Macri y huyeron en estampida. El Banco Central llegó a vender en un solo día casi 1.500 millones de dólares de sus reservas para contener el valor de la moneda, pero todo fue insuficiente”.
Por eso, concluye que los especuladores “tienen claro que las condiciones que permiten subirse a la bicicleta no pueden durar para siempre porque son insostenibles para el funcionamiento de la economía”. El modelo de Milei, basado en un dólar atrasado y tasas altas, depende de hasta dónde podrá el Gobierno sostener la devaluación mensual del 2%, con una inflación del 4%, sin que el atraso cambiario se haga insostenible. Y si este proceso de estabilización va a encontrar una manera de no devaluar para levantar el cepo, lo que supone eliminar la brecha que existe entre las cotizaciones del dólar fijado por el Banco Central y los financieros.
Cuando Rivas Molina se pregunta “¿quiénes son entonces lo que pueden perder más?”, la respuesta remite directamente a las zonceras jauretcheanas: “Los que entraron tarde al sistema, tal como sucede con aquellos que quedan en la parte baja de las estafas piramidales tipo sistema Ponzi. Argentina está cara en dólares por el atraso cambiario, pero si el Gobierno sigue interviniendo con reservas para mantener a raya la cotización de los financieros y entra además la plata del blanqueo nos podemos atrasar aún más. El juego de la bicicleta es agarrar ese timing. Si quedas pegado último con deuda en pesos y hay una devaluación, vas a tener una pérdida grande”.
Por ahora, la bicicleta argentina sigue rodando. Con otro nombre, “carry trade”, para dejar flotando el anzuelo y que algún zonzo mediopelo lo muerda.
Por Marcelo Ibarra, director de revistapunzo.net



