Asi estamos…

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Tras la muerte del presidente Juan Perón en julio de 1974, fue ganando creciente protagonismo en el gobierno nacional el ministro José López Rega, creador de la organización paramilitar Triple A.

Su influencia sobre la presidenta Isabel Martínez de Perón fue inocultable.

El gobierno de Isabel no solo intervino, si no que disolvió nuestra Federación Gráfica Bonaerense, propiciando a partir de entonces, a través de su Ministro de Trabajo la creación de un sindicato del gremio con otro nombre.

Nuestro compañero Raimundo Ongaro fue encarcelado y puesto a disposición del Poder Ejecutivo.

El único delito de nuestra organización sindical y de Raimundo fue haber impulsado reclasificación de categorías para mejorar el salario de las trabajadoras y trabajadores gráficos, para el gobierno eso era atentar contra el “pacto social”.

El pacto volaría por los aires unos meses después y no por responsabilidad de los gráficos.

El 7 de mayo de 1975 un comando de la Triple A asesinó a Alfredo Máximo Ongaro, hijo de Raimundo, a quien solo se le permitió asistir unas horas al velatorio para luego volver a su injusta prisión.

La triple A dictó una orden de aniquilamiento para toda la familia de Raimundo, el intento de secuestro a otro de sus hijos pudo ser frustrado, pero lo obligó a él y toda su familia a optar por un forzado exilio.

Isabel fue derrocada por un golpe militar que se alzó contra la Constitución y ejecutó un plan criminal que venía siendo anticipado por el accionar de las bandas paramilitares de López Rega.

Las desviaciones y desmanejos del gobierno democrático debían ser corregidas en un marco legal y constitucional a través de las elecciones presidenciales previstas para 1977, el golpe militar y sus mentores lo impidieron.

Si Juan Perón viviera le diría a Isabel que esa foto es inapropiada, que es un gran error aceptar un homenaje de alguien que pertenece a un gobierno que aborrece la justicia social y justifica a los genocidas.

El problema no es que el peronismo mantenga en el olvido a Isabel, razones habrá para ello, el problema es que Isabel se deje homenajear por un venenoso personaje, una mujer manifiestamente enemiga del peronismo.

Por Héctor Amichetti

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