Fuentes Seguras | A la espera de mañana

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Por Gabriel Fernández *

La extraordinaria vorágine que han tomado los acontecimientos internacionales exige un abordaje ordenado, así como un singular esfuerzo para situar proporciones y enlaces.

EJES DE LA TRANSFORMACIÓN. La conducción del proceso multipolar está configurada en tres espacios que se muestran bien ligados entre sí. La Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) -base amplia y honda de los emergentes-, los BRICS -síntesis muy potente con nervaduras que se extienden sobre Occidente– y la mesa chica de China, Rusia e Irán.

Aunque no todos los protagonistas resultan equivalentes, se los puede considerar complementarios. De allí que la intensa actividad del trío más mentado para estirar la línea de tolerancia y al mismo tiempo pertrecharse a fondo para una conflagración abierta, sea el rasgo destacado -con diseño intencionalmente contradictorio- del período estremecedor que nos toca transitar.

Estas líneas merecen registrarse como sinceras; es decir, para nada desplegadas a impulso de los deseos de quien escribe. Así, es inevitable apuntar que los Estados Unidos y Europa, pero también Israel y Ucrania, están en un descenso económico que, aunque no les garantiza la derrota, parece imposible de sofrenar.

Como las complicaciones del espacio que coordinan las corporaciones financieras son extremas, su pretensión de involucrar en una Guerra Total y Prolongada a gran parte de la humanidad es una variable sobre la cual han colocado muchas de las fichas en juego. La lógica acumulativa hegemónica en Occidente viene condenando a las economías más destacadas de su órbita mediante restricciones que las menoscaban ante aquellos competidores.

La República Popular China y la Federación de Rusia se la vieron venir y trataron de tender un puente salvífico. El presidente Vladimir Putin, cuatro años atrás, dijo que el desafío de los emergentes radicaba en ayudar a los Estados Unidos a sentirse un gran país, no el gran imperio. Su colega Xi Jingpin, en el mismo tramo, ofreció a Europa un acuerdo que la hubiera convertido en un gigante multipolar productivo. Sólo en estas páginas se brindó información adecuada acerca de ambos movimientos.

Como se observa -ahora con más nitidez-, la réplica del capital rentístico fue un rechazo estentóreo. Con aceleración pocas veces vista, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) disciplinó el andamiaje político de la Unión Europea (UE), impulsó la provocación sobre la frontera rusa, diseminó planes de ajuste -¡entre los propios aliados!- para canalizar los recursos en beneficio de los grandes bancos y las armamentísticas, y dispuso sanciones destinadas a dañar al terceto indicado.

La guerra euroasiática se concretó, las vías de transferencias se aplicaron, las acciones punitivas se plasmaron. Pero el litigio ucraniano se inclina en favor de Rusia, las economías multipolares se fortalecieron apostando al control estatal, la inversión productiva y el comercio equilibrado, y las penalizaciones forzaron a los castigados a elaborar fórmulas de enlace independientes. En materia económica real, en dimensión monetaria, en el establecimiento de corredores con sensacional alcance.

(Todo, acompañado por una gigantesca campaña de acusaciones e injurias contra los adversarios. El lector lo sabe: autócratas, dictadores, corruptos, asesinos, son solo algunas de las caracterizaciones dispuestas. Quizás en este tramo se devele el sentido de aquellas complejas ideas sugeridas por Sófocles: La verdad puede más que la razón, y Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja. Veremos. Lo que también está en juego, de modo colateral, es el futuro de la comunicación).

Pero el mundo, ya cambió. Lo conversamos al aire con el especialista Vícor Portnoy.MODIFICACIÓN DEL EQUILIBRIO. Durante el dinámico proceso se conocieron dos hechos que, como suele acaecer con los episodios puntuales muy profundos, contribuyeron a modificar la relación de fuerzas y a caracterizar el rumbo. Por un lado, la extraordinaria y silenciada agresión norteamericano noruega contra Alemania en especial y contra Europa en general al destruir esa gran obra de ingeniería elaborada con sabiduría política llamada Nord Stream, y por otro la extraordinaria y silenciada acción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) al acercarse a los BRICS.

Debido al desarrollo de las nuevas tecnologías, es comprensible que los portavoces del vacío consideren que, si controlan la energía en todas sus variantes, no necesiten mucha mano de obra ni tanta naturaleza para disponer del globo según sus necesidades (o aspiraciones). En varias ediciones de nuestras Fuentes se fueron identificando las compañías que operan en esa dirección. De allí que las guerras, o la Guerra Total y Prolongada -por qué no- configuren una perspectiva deseable, y probable.

Como para semejantes proyectos un litigio no basta, y como Asia Occidental tiene plantado el polvorín desde 1948 al menos, se estableció una firme y sostenida secuencia de provocaciones destinada a fomentar la explosión regional. Desde hace tanto, y con singular énfasis el año reciente, norteamericanos e israelíes lanzaron feroces ataques sobre Palestina, Irán, Líbano, Irak y Yemen. La mesa chica absorbió las invitaciones a una lucha abierta y se movió dentro de los perfiles aquí definidos en base al interrogante ¿quién necesita el futuro?

Pero como la OTAN en general y la potencia declinante liderada por Benjamín Netanyahu en particular, cuentan con un arsenal formidable que incluye misiles con cabezas atómicas, la paciencia evidenciada por los multipolares contiene una elevada dosis de precaución traducida en programas de acción regionalmente abarcativos.

En ese punto este narrador se distancia de algunos colegas que buscan impactar lanzando advertencias bienintencionadas y flamígeras. Por estas horas, han recorrido las páginas de medios internacionales alternos, titulares que anuncian una formidable y definitiva escalada iraní, con respaldo chino y ruso, sobre los enemigos que se desenvuelven en Asia Occidental. Todo puede ser en este mundo armado hasta los dientes, pero la filosofía que surge de las condiciones materiales y alimenta el pensar de la mesa chica, existe y funciona.

Entonces, a la hora de analizar el presente en frenético movimiento, es preciso volver a hacerse aquella pregunta y completarla indagando quién se beneficia y quién se perjudica con un enfrentamiento absoluto.

De todos modos, si algo caracteriza estas Fuentes es el reconocimiento de las posibilidades. Por eso arrancamos señalando que “la intensa actividad del trío más mentado para estirar la línea de tolerancia y al mismo tiempo pertrecharse a fondo para una conflagración abierta, sea el rasgo destacado -con diseño intencionalmente contradictorio- del período estremecedor que nos toca transitar”.

No se lo re plantea para confundir sino para aclarar. Vamos: estamos ante una etapa distinta a la padecida en los dos años recientes. El deseo bélico atlantista está más cerca de concretarse que en el arranque del conflicto ucraniano. La tolerancia inteligente de China, Rusia, Irán y sus aliados persiste, pero tiene un límite más acotado. Sus estrategas saben que, si se lanzan a una contienda que incendie Oriente Medio, necesitan razonar el día después.

Es posible que esas potencias multipolares dobleguen al estado ocupante y establezcan una paz asentada en la ansiada y relativa prosperidad. Pero antes tendrán que pensar qué hacer con los Estados Unidos y la alianza guerrerista porque nadie dará el brazo a torcer; menos, en un ambiente global atravesado por misiles que van y vienen.

Qué curioso. Un embate profundo de los tres amigos sobre la zona caliente puede generar el panorama largamente ansiado por las corporaciones financieras.

Todos lo saben. Salvo los medios que se dedican a “informar” sobre la actualidad del planeta, claro.

Ahora bien. Este análisis exige más densidad. Retomemos por tanto la cuestión financiera y la situación norteamericana, pues allí se encuentran las claves que expanden los conceptos hasta ahora vertidos.

Preste atención. En este descanso puede preparar alguna infusión para combatir el fresco y procesar las ideas. Pues nos zambullimos.

Y cuando aquí se dice que nos zambullimos, sabe usted, lector, que es cierto.

EL FONDO DEL PROBLEMA. Hace pocos días el ex presidente y candidato republicano a la presidencia norteña, Donald Trump, señaló Creo que el presidente debería tener al menos algo que decir sobre la política de tasas de interés de la Reserva Federal. Tengo una mejor idea de cómo hacer crecer una economía que la que tienen muchas personas que sirven en la Junta de la Reserva Federal.

La vicepresidenta y candidata demócrata, Kamala Harris, alzó el guante y rápidamente objetó que La Reserva Federal es una entidad independiente y, como presidente, nunca interferiría en las decisiones que toma.

Entonces, y para sorpresa de algunos, el candidato a vicepresidente republicano, JD Vance, fundamentó la observación de Trump y precisó que ninguna burocracia no electa debería tomar decisiones importantes que afecten las vidas de todos los estadounidenses, ya sea sobre la guerra, la política monetaria o las tasas de interés.

Parece una discusión circunstancial sobre un indicador. Pero es más que eso.

En el artículo Fuentes Seguras. Sistema financiero. El quiebre interior, se describió con la mayor precisión posible.

El analista internacional Mike Steger se adentró en lo trascendente y tomó los ejes de la discusión para ahondar. Entre otras cosas puntualizó que “El ahora infame régimen de rescate de la Reserva Federal comenzó en 1989 bajo el mando del ex banquero de JP Morgan y amante de Ayn Rand, Alan Greenspan. El programa de rescate de Greenspan creó la crisis de LTCM y el desplome de la burbuja puntocom de los años 90” (**).

Añadió, en un artículo publicado por Promethean Action, que “En 2008, cuando llegó la crisis financiera, los presidentes Bush y Obama dieron pleno apoyo político al régimen de rescate hiperinflacionario que siguió, lo que hizo explotar el balance de la Reserva Federal en 10 billones de dólares en títulos especulativos, al tiempo que monetizaba la deuda federal en aceleración en otros 13 billones de dólares. Se trata de 23 billones de dólares en rescates, según un cálculo conservador, todos destinados a los bancos, banqueros y corporaciones globales, mientras que el estadounidense medio ni siquiera recibió una camiseta, pero sí una inflación masiva en la economía física de Estados Unidos, especialmente en materia de vivienda, educación, atención sanitaria y energía”.

En esa dirección, indicó que “nada ha cambiado, porque ´todo el mundo está de acuerdo´ en que la Reserva Federal debe ser independiente. ¡Qué estupidez colectiva!”.

INTERREGNO SCALABRINIANO. La consideración nos recuerda la batalla en la misma dirección ofrecida por Raúl Scalabrini Ortiz en los años 30 acerca del Banco central de la República Argentina (BCRA). Vale recordar la lucidez del pensador nacional para abordar tan compleja cuestión. El lunfardo y la ironía enriquecen su narrativa.

Quizá nos convenga abrir una institución de crédito en Otaria. Quizá no la necesitemos. Los instrumentos del crédito internacional pueden suplir perfectamente la ausencia de un banco local. Si queremos abrir un banco, nos munimos de una carta de crédito en que el Banco Central de la República Argentina afirme que tiene depositada a nuestra disposición una suma dada, cien millones, por ejemplo, en oro o moneda convertible, o que se responsabiliza de ellos. Eso basta. La carta de crédito del Banco Central de la República Argentina es palabra sagrada en la República de Otaria”.

“Por otra parte, una carta de crédito –digamos, una carta de presentación– fue todo el capital inicial que invirtieron en este país los más poderosos bancos extranjeros: el Banco de Londres y América del Sud, el ex Banco Anglo Sudamericano, el First National Bank of Boston y el National City Bank of New York. Nos preocuparemos, eso sí, de que la memoria del Banco Central de Otaria diga algo semejante a lo que el Banco Central de la Argentina afirmó en su memoria de 1938, la conveniencia de ´transformar las divisas en oro y dejar ese oro depositado en custodia en los grandes centros del exterior […] no sólo por la economía que significa no mover físicamente el metal, sino principalmente por facilitarse de este modo su pronta y libre disposición con el mínimo de repercusiones psicológicas´”.

“Este argumento, que fue convincente para nosotros, puede ser aceptado por los otarios, a quienes nos complacemos en imaginar tan confiados, liberales y democráticos ciudadanos como nosotros. En Estados Unidos la operación no hubiera podido efectuarse, porque aquellos cowboys son tan desconfiados que hasta 1914 no permitieron el establecimiento de ningún banco extranjero, y, para impedir filtraciones subrepticias, ni siquiera permitían que sus propios bancos tuvieran agencias en el exterior. Con posterioridad, accedieron al establecimiento de sucursales de bancos extranjeros, los que no podían prestar nada más que un dólar más que el capital que genuinamente habían importado desde el exterior. Pero en Otaria son tan liberales como nosotros”.

Cuando este cronista insiste en la necesidad de insertar el Pensamiento Nacional en medios y aulas, evita la nostalgia y las evocaciones sentimentales. El asunto es muy concreto. Cabe imaginar de cuántas herramientas dispondría una militancia nacional industrialista si abrevara en conceptos como los recién presentados.

Por Gabriel Fernández

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