“Renunció a la gloria en plena gloria. Fue glorioso sin proponérselo, resignadamente: porque el espíritu de la tierra se lo exigía. Se llamaba Don José de San Martín. De una vez por todas, dio una orden que debemos acatar por siempre:
SERÁS LO QUE DEBES SER
Y SI NO, NO SERÁS NADA”
Raúl Scalabrini Ortiz
El reconocido escritor irlandés Jonathan Swift aseguraba que “cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. José de San Martín es un ejemplo cabal. Para su desgracia (y la nuestra), fueron esos necios los encargados de “construir” su historia, que, por otra parte, está profundamente alejada de la realidad.
Los niños en los colegios se encuentran con retratos de Bernardino Rivadavia junto a los de San Martín, sin saber que el libertador de América sentía un profundo desprecio hacia el responsable del nefasto primer empréstito en moneda extranjera de nuestro país. El “padre” de la llamada historia oficial, Bartolomé Mitre, tuvo muchos inconvenientes para esconder esta realidad, ya que el enfrentamiento entre los “próceres” fue realmente de dimensiones dantescas, a tal punto que San Martín llegó a retar a duelo a Rivadavia.
En la construcción de esa historia artificial, se escondieron y omitieron tantos aspectos de la figura del libertador, que nos da cierto pudor pensar en el sufrimiento físico que le provocaron al prócer, al borrársele de su vida ciertas sustancias que le aminoraban un poco ese dolor (era opiómano).
Crear a un San Martín “argentino”, que liberó, además, a Chile y Perú, fue un arduo trabajo para Mitre, ya que la evidencia es apabullante para afirmar que el libertador no pensaba en países, sino en una sola gran nación: La patria grande hispanoamericana.
La historia oficial sostiene que San Martín, siendo teniente coronel de caballería del ejército español en el que había peleado por más de veinte años, imprevistamente decidió regresar a América para sumarse a una revolución antiespañola, que había estallado el 25 de mayo de 1810. Según Mitre, regresó a liberar a los países de América del “yugo español”, argumento que resulta harto sospechoso y contradictorio.
De esta manera, el mitrismo construyó una historia en donde el prócer era anti español, qué regresó a América impulsado por el amor a la tierra en la cual había nacido. Pero, para pesar de Mitre, San Martín no solo no era antiespañol, sino que tenía todas las características de un perfecto andaluz.
El tío Pepe
En su libro Mundo, mi casa, María Rosa Oliver, descendiente de María de los Remedios de Escalada de San Martín, cuenta su infancia desde los tres años hasta los trece. En ese libro rememora:
«Como había oído que la abuela de Abuela era medio hermana de la mujer de San Martín ni bien comencé a aprender algo de historia, le pregunté un día si ella lo había conocido.
—El tío Pepe era un ordinario —me contestó.
—¿Cómo?
—Sí, un ordinario… Un grosero.
—¿Por qué?
—Hablaba como gallego —me contestó, pero al ver que eso no me impresionaba, añadió:
—Se casó con una Escalada para hacerse conocer —y, como al afirmar tal cosa no creyó necesario mirarme la cara, prosiguió— Para el casamiento, le encargaron a mi tía Remeditos un ajuar a Europa, vestidos paquetísimos, lencería llena de puntillas y en la familia, porque se hacían en la familia, le hicieron una cantidad de pares de escarpines de raso… Apenas se casaron, él los devolvió diciendo que la mujer de un soldado no puede andar calzada de seda…” y al repetir la frase de quien para mí era el Libertador y para ella sólo el tío Pepe, Abuela imitó el acento español, pero volvió al criollo para agregar indignada, casi herida: —A la pobre Remeditos la soterró entre los indios… (los indios eran los mendocinos; en cuanto al soterramiento, con el correr de los años llegué a sospechar que no debió ser muy hondo).
Incómoda por lo que la Abuela me había planteado, repetí a papá cuanto ella me había dicho y él me hizo una breve y muy amena lección de historia, pero también demasiado ecuánime… Para que se indignara de una vez le espeté lo de la ordinariez de San Martín «porque hablaba como gallego». Pero, en vez de sofocarse de indignación, se echó a reír a carcajadas y cuando terminó de reír, exclamó: – ¿Si era hijo de españoles y se educó en España, como quería tu pobre Abuela que hablase?» (Oliver, 1965, pp. 55, 57).
Cabe el interrogante: ¿cómo es posible que, si San Martín se educó, vivió toda su juventud y parte de su adultez en España, regresó a América para pelear, según Mitre, en contra de la patria a la cual, precisamente, él pertenecía?
Por ejemplo, San Martín formó parte de una de las batallas más importantes de la resistencia española ante Napoleón. “Había en el Ejército español un ‘indiano’, de rasgos que evocaban al mestizo. Era hijo de un capitán español. En Bailén luchó heroicamente contra los franceses” (Ramos, 2011, p. 136).
Esta batalla, esencial en la guerra de la Independencia Española, constituyó la primera derrota de la historia del ejército napoleónico. San Martín, que era español, fue protagonista fundamental. Mitre, por el contrario, quería esconder todo aspecto que pueda relacionar a San Martín con el “ser español”.
La cuestión está anclada en que Mitre quiso mostrar una Revolución de Mayo antiespañola, separatista, principalmente por el libre-comercio, y por lo tanto pro-inglesa. La revolución antiespañola que plantea era para justificar el colonialismo inglés y la visión liberal en nuestro país. Porque si la revolución hubiese sido antiespañola, San Martín no tendría nada que hacer en América. Lo hubiesen detenido apenas arribado.
Pero la revolución, entonces, no fue antiespañola ni separatista, como pretendía Mitre y se enseñó en los colegios durante el siglo XX y en algunas instituciones en la actualidad, sino un amplio movimiento democrático de España y de América contra el absolutismo monárquico. No fue un enfrentamiento entre españoles y americanos. San Martín vino a América a continuar con la revolución democrática española.
Tengamos en cuenta que luego de la batalla de San Lorenzo, San Martín se reunió con el capitán Zabala, quien era el jefe de las fuerzas españolas derrotadas, para disuadirlo y convencerlo de unirse en contra del absolutismo. De hecho, Zabala más tarde se incorporaría al Ejército de los Andes. Lo que estaba en juego y en disputa no tenía nada que ver con las nacionalidades, sino con un ideal. San Martín nunca pensó en países, siempre pensó en la Patria Grande, unida en contra del absolutismo monárquico.
¿Marxista antes que Marx?
Otras de las cuestiones fundamentales ocultadas por la historia oficial es la visión política-económica de San Martín. Para promover el libre-comercio probritánico era necesario esconder todo rastro de ideas, pero esencialmente de hechos y experiencias que fueran en contra de esa visión.
El historiador Norberto Galasso explica cómo San Martín conformó el Ejército de los Andes en Cuyo, valiéndose de herramientas que escandalizarían a cualquier liberal del siglo XXI:
«Cuando necesita caballos, visita una estancia y los expropia, entregando una promesa escrita del gobierno de Cuyo de que algún día serán devueltos o abonados. Así también confisca propiedades y fincas. (…) Asimismo, se posesiona de fincas de cofradías religiosas, echa mano de los diezmos e impone severísimas multas a familias de noble estirpe», (2017, p. 198).
Imaginemos por un momento, si los estudiantes en los colegios aprendieran sobre estas decisiones de San Martín, el gran prócer argentino. Seguramente, crecerían con un concepto bastante distinto del que tienen acerca de la propiedad privada. Queda claro por qué estas cuestiones fueron borradas por la historia oficial. El padre de la Patria violando la propiedad privada es un ejemplo altamente peligroso para los intereses de las elites dominantes.
Vale la pena aclarar que esta actitud de San Martín no es un hecho aislado ni extraordinario en nuestra América. Para José Gervasio Artigas, por ejemplo, “el concepto de propiedad adquiere un significado diferente (al del liberalismo económico), en tanto la promoción de este derecho no podía desvincularse de la lucha política por la independencia y del sentido de justicia igualitaria de sus bases sociales” (Argumedo, 2009, p. 39).
Además, la historia mitrista, continuada por diversos historiadores y sostenida por la superestructura cultural hasta nuestros días, enaltece al “gran jefe”, pero solo centrándose en su genio militar. Obviando al San Martín político y aún más a su visión económica. Agrega Galasso al respecto:
«Por otra parte, San Martín se manifiesta defensor del proteccionismo industrial, para evitar que los productos importados perjudiquen a las producciones cuyanas, según lo manifiesta a José Ignacio de la Rosa, gobernador de San Juan. De la misma manera, juzga necesaria la intervención del Estado en el abastecimiento: «reglamentó la distribución de la carne de consumo […] e impuso un severo control en pulperías” (2017, p. 198).
En los días que corren, en que nuestra patria pareciera estar a la deriva frente a los cipayos de turno y a los oportunistas de siempre, es crucial repasar su historia y tomar para lo que se viene las ricas bases sobre las que se cimentó. Recorrer las experiencias concretas de hombres y mujeres que lucharon contra lo imposible, haciéndolo posible. Porque no podemos escapar de nuestra historia, de quiénes somos. Por eso, hoy más que nunca tomemos aquella máxima de don José de San Martín y hagámosla sentir: “Serás lo que debes ser y si no, no serás nada”.
(*) El autor es Licenciado en Periodismo (UNLZ) y docente de grado en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Integra la cátedra de Pensamiento Nacional en la Facultad de Ciencias Sociales. Es autor de “El último maldito”, libro sobre la vida y obra del historiador y pensador nacional Norberto Galasso, y de múltiples artículos periodísticos vinculados a estas temáticas.
Referencias bibliográficas
Scalabrini Ortiz, R., (1991), El hombre que está solo y espera, Buenos Aires: Editorial Plus Ultra.
Oliver, M. R., (1965), Mundo mi casa. Recuerdos de infancia, Buenos Aires: Falbo Editor.
Ramos, J. A., (2011), Historia de la nación Latinoamericana, Buenos Aires: Continente.
Galasso, N., (2017), Historia de la Argentina, Tomo I, Buenos Aires: Colihue.
Argumedo, A., (2009), Los Silencios y las Voces en América Latina, Buenos Aires: Colihue.
Por Eloy Ramirez



