Ya se produjo la primera reacción violenta contra el incendiario Presidente, del cual primero informaron que le habían pegado y luego dijeron que era mentira.
Lo cierto es que este sujeto, agresivo como es, recibió las primeras manifestaciones físicas de desagrado por la destrucción que realiza diariamente, los despidos indiscriminados, el cierre de industrias, empresas y kioscos, el regalo que le hace a Trump (Vaca Muerta, el control de la hidrovia, el Atlántico Sur, las tierras raras, etcra.).
Su sumisión es total a las políticas del norteamericano, que no son afines a lo que pensamos la mayoría del pueblo argentino.
Es denigrante ver que alguien le puede pegar a un enfermo, pero, salvo que le coloquen camisa de fuerza, él seguirá con su espíritu destructivo y venderá a precio vil las empresas del Estado, los recursos naturales y minerales y las tierras raras.
Sus secuaces deberían impedirle que se conecte con la gente salvo que lo usen por las elecciones de 2027, pero tienen que saber que este problema, el de los golpes, se puede repetir o agrandar a pesar de la presencia de todas las fuerzas de seguridad.
Sus adláteres deben acordar si conviene llevar al Presidente a cualquier mitin y exponerlo a que lo manoseen o le peguen como si fuera una piñata.
Es denigrante para él y su investidura.
No sabemos si este Presidente llega a la contienda electoral del año próximo. En estas mismas condiciones difícilmente, y con mayor razón, ganar.
Si la llamada ultraderecha piensa presentar un candidato así, la mayoría del pueblo no lo va a votar.
Esta persona antes que desempeñar la Primera Magistratura, debería ingresar a un nosocomio especializado para ser atendido y así intentar su recuperación.
Más allá de su enfermedad, los argentinos no nos merecemos que nos gobierne un ser narcisista, cruel, mentiroso, proclive a cualquier negociado y absolutamente entregado a las multinacionales como él.
Por Elena Marta Curone



