La cebolla, la papa y el zapallo aumentaron hasta nueve veces más que la inflación

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Los precios mayoristas de algunas verduras básicas registraron subas interanuales de hasta el 295,8% en septiembre, frente a una inflación general del 33,4%. El encarecimiento se produce después de un año de pérdidas para los productores y vuelve a exponer las diferencias entre los precios de origen y los que pagan los consumidores.

La cebolla, la papa y el zapallo, tres alimentos habituales en la mesa de las familias argentinas, registraron aumentos muy por encima de la inflación durante 2026. Según datos correspondientes a septiembre publicados por Motor Económico, los precios mayoristas de la cebolla subieron un 295,8% interanual, los de la papa un 212,6% y los del zapallo un 204,8%. Las variaciones contrastan con el 33,4% de inflación general registrado en los últimos doce meses hasta ese mes y reflejan la presión que experimentaron algunos productos esenciales dentro del mercado hortícola.

La diferencia entre estos incrementos y el índice general permite dimensionar el impacto sobre el consumo. La suba de la cebolla equivale a 8,9 veces la inflación interanual, mientras que la papa aumentó 6,4 veces y el zapallo 6,1 veces. En términos reales, descontando la variación general de precios, los incrementos fueron del 196,7%, el 134,3% y el 128,5%, respectivamente. Sin embargo, el fenómeno no alcanzó de la misma manera a todas las verduras: la batata, la lechuga y el tomate tuvieron variaciones interanuales inferiores a la inflación.

El comportamiento de los precios también mostró fuertes diferencias a lo largo del año. Durante 2025, numerosos productores atravesaron una crisis de rentabilidad, con valores de venta que en algunos casos quedaron por debajo de los costos de producción. La papa fue uno de los ejemplos más significativos: en febrero de ese año, la venta de una bolsa apenas permitía cubrir alrededor del 60% de los costos. En Mendoza, la sobreoferta de cebolla también presionó los precios a la baja y dejó a productores con escaso margen para sostener la actividad. La recuperación posterior debe entenderse, por lo tanto, a partir de ese período de precios deprimidos.

Los valores de referencia en comercios y supermercados muestran cuánto se modificaron los precios en el mostrador. Entre diciembre de 2025 y septiembre de 2026, el kilo de cebolla pasó de $913 a $2.300, una suba del 151,7%. En el mismo período, la papa aumentó de $1.149 a $2.200 por kilo, equivalente al 91,5%, mientras que el zapallo pasó de $1.049 a $2.000, con un incremento del 90,7%. Estas cifras corresponden a referencias orientativas de precios minoristas y muestran que la recuperación de los valores también llegó a los consumidores, aunque con porcentajes distintos de los registrados en el mercado mayorista.

Entre los factores que explican los aumentos aparecen las condiciones climáticas y las variaciones estacionales de la oferta. Las lluvias en distintas zonas productoras de la provincia de Buenos Aires y las heladas tardías en Córdoba afectaron la calidad y la cosecha de papa, reduciendo la disponibilidad. En el caso de la cebolla, la demanda de exportación, especialmente desde Brasil, coincidió con dificultades de abastecimiento en el mercado interno. Para el zapallo, el recambio estacional entre regiones productoras generó un período de menor disponibilidad hasta la llegada de nuevas cosechas.

Los datos de septiembre reflejan, además, que los precios no evolucionaron de manera uniforme. En el Mercado Central de Buenos Aires, el promedio ponderado de las seis principales hortalizas registró un aumento mensual del 23,8% respecto de agosto. La cebolla encabezó las subas, con un 45,1%, seguida por el zapallo, con un 20,3%, y la batata, con un 8,1%. En cambio, la papa bajó un 3% en ese mercado durante el mismo mes. En las góndolas del Gran Buenos Aires, la cebolla aumentó un 24,6%, el zapallo anco un 12,4% y la papa un 12,5%, lo que evidencia diferencias entre los movimientos mayoristas y los precios finales.

La brecha entre lo que recibe el productor y lo que paga el consumidor constituye otro aspecto central del problema. En septiembre, el precio minorista de la cebolla en supermercados se ubicó cerca del doble de la referencia mayorista. Esa diferencia no representa automáticamente una ganancia comercial neta, porque entre ambos valores intervienen el transporte, el almacenamiento, la clasificación, las pérdidas de mercadería, los impuestos y los costos de venta. Sin embargo, la distancia plantea interrogantes sobre cómo se distribuye el valor a lo largo de la cadena y qué margen tienen los productores para sostener su actividad sin que los aumentos terminen trasladándose íntegramente a los hogares.

El encarecimiento de estas verduras vuelve a poner en discusión las dificultades para garantizar alimentos accesibles y una producción con rentabilidad sostenible. La evolución de los precios combina factores climáticos, estacionales y comerciales, pero también expone la vulnerabilidad de los productores frente a los períodos de sobreoferta y la de los consumidores ante los saltos de precios. En un contexto de presión sobre los ingresos familiares, el desafío consiste en mejorar las condiciones de producción y comercialización, reducir las asimetrías de la cadena y evitar que las crisis del sector se traduzcan tanto en pérdidas para quienes producen como en mayores dificultades para acceder a alimentos básicos.

Fuente: Motor Económico

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