El buen recuerdo de Gadafi
Hace 15 años las fuerzas internacionales del odio celebraron el asesinato de Muamar Gadafi, un patriota árabe y africano que unió al pueblo de Libia y lo dignificó, proyectando su apoyo a muchos otros movimientos que luchaban por la liberación en casi todos los continentes que integran este mundo.
Cómo no agradecer el apoyo que le diera a Juan Perón y al Peronismo en tiempos de injusta proscripción y exilios.
A propósito, resulta útil comparar la obra destructora de quienes interrupieron la revolución encabezada por Perón en septiembre de 1955 en nuestro país, con la de quienes derrocaron y asesinaron a Gadafi hace 15 años.
Hoy Libia ya no es una nación, es apenas un terrirorio desintegrado en el norte de Africa, mientras la ONU reconoce a unos anémicos gobernantes con oficinas en Trípoli, apoyados -entre otros- por Italia y Turquía, países como Egipto y Emiratos Arabes Unidos respaldan al Ejército Nacional Libio (LNA), liderado por el general Khalifa Haftar.
En ese escenario de guerra interna sin destino y con los inmensos recursos petroleros entregados al mejor postor, quienes vivieron con Gadafi- al igual que en Argentina con Perón- la grandeza de la nación y la felicidad de su pueblo, hoy permanecen hundidos en el pantano de la violencia, sufriendo una crisis interminable con más de 1.300.000 libios recibiendo asistencia humanitaria.
Recordar y homenajear a Gadafi es reivindicar experiencias de nuestra historia política local e internacional que hacían al mundo mucho mejor y que es nuestro deber batallar incansablemente para poder recuperarlas.
Por Hector Amichetti



