La cooperativa nació hace aproximadamente siete años como un proyecto sociolaboral y hace cinco se constituyó como cooperativa. Desde barrio Los Robles, sus integrantes desarrollaron una experiencia de producción que fue creciendo a partir de la recolección de semillas, el cultivo y el aprovechamiento de los recursos naturales.
El trabajo cooperativo puede nacer de una idea sencilla y transformarse, con el tiempo, en una experiencia de producción y organización comunitaria. Ese es el recorrido de Flor de Laburo, una cooperativa ubicada en barrio Los Robles, en la zona de El Tropezón, Córdoba, que pasó de la venta ambulante de hierbas serranas a la elaboración de productos de cosmética natural.
Magui, integrante del proyecto, contó que Flor de Laburo comenzó hace aproximadamente siete años como una iniciativa sociolaboral. Hace alrededor de cinco años, el grupo se constituyó formalmente como cooperativa, consolidando una experiencia colectiva vinculada con el trabajo y la producción.
En sus primeros pasos, el emprendimiento se dedicaba a elaborar y vender productos de manera ambulante. Con el tiempo, sus integrantes comenzaron a recolectar peperina silvestre de las sierras de Córdoba para comercializarla en distintos espacios públicos de la ciudad, como el Parque de las Tejas y la Plaza de la Intendencia.
La experiencia de recolección les permitió conocer mejor el recurso con el que trabajaban y pensar nuevas posibilidades para desarrollar el proyecto. En lugar de limitarse a recolectar plantas silvestres, comenzaron a explorar la posibilidad de obtener semillas y producir sus propios cultivos.
Según relató Magui, el proceso se fue desarrollando de manera gradual: recolectar semillas, sembrar, cultivar y avanzar hacia nuevas formas de producción. Cada etapa permitió ampliar los conocimientos y las posibilidades del emprendimiento.
Ese recorrido desembocó en la elaboración de productos de cosmética natural, una nueva etapa para la cooperativa que amplió su horizonte productivo. La experiencia refleja cómo los saberes construidos a partir del territorio pueden convertirse en una base para desarrollar iniciativas laborales y productivas.
Flor de Laburo forma parte de la Fundación La Morel y desarrolla sus actividades en barrio Los Robles, en el sector de El Tropezón, junto a otras experiencias vinculadas con la organización comunitaria.
La historia de la cooperativa muestra un camino de crecimiento construido paso a paso, desde la recolección y comercialización de peperina hasta el cultivo propio y la producción de cosmética natural. Una experiencia que pone en primer plano el valor del trabajo colectivo y la búsqueda de alternativas productivas desde la economía social.
El testimonio de Magui se compartió en el programa Estamos Mal Pero Vamos Bien, de Multimedio Mordisquito, donde relató los orígenes y la transformación de Flor de Laburo.



