El premiado documental NAZA, dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor, explora los mecanismos militares en la Franja de Gaza a través de testimonios reservados. Mientras se exhibe en decenas de países y desata una dura persecución política en Israel, el filme quedó llamativamente marginado de las salas de cine argentinas.
El largometraje documental NAZA, obra de los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, se ha convertido en el centro de un terremoto geopolítico y mediático internacional tras su paso consagratorio por el Festival Internacional de Cine de Venecia. Construido meticulosamente a lo largo de tres años de investigación, el proyecto aborda de manera descarnada la trastienda de las operaciones militares desarrolladas por el Estado de Israel en el enclave palestino, utilizando para ello una estructura narrativa basada estrictamente en la revelación de fuentes directas y documentación clasificada.
El núcleo de la producción gira en torno al testimonio de veinticuatro soldados, oficiales de mandos medios y agentes de los servicios de inteligencia israelíes cuyas identidades debieron ser estrictamente preservadas por motivos de seguridad. El título de la película proviene precisamente de un acrónimo técnico utilizado dentro de las estructuras castrenses y de inteligencia para referirse internamente a los “daños colaterales”: es decir, la estimación cuantitativa y precalculada de cuántos civiles inocentes aceptan las jerarquías que mueran como consecuencia directa de un bombardeo específico antes de ejecutarlo.
A lo largo de su metraje, el documental indaga con precisión quirúrgica en los algoritmos y los mecanismos automatizados de selección de objetivos implementados en el conflicto. Para respaldar los testimonios de los desertores y exmilitares, los directores cruzaron datos con investigaciones periodísticas de alto impacto publicadas previamente por medios internacionales como el diario británico The Guardian, la revista conjunta israelí-palestina +972 Magazine y el portal Local Call, sacando a la luz la escala real de la devastación humana y el rol de las altas esferas gubernamentales.
La repercusión global fue inmediata tras su estreno mundial en septiembre, donde cosechó elogios de la crítica especializada y un reconocimiento masivo en festivales europeos. The Guardian y la distribuidora internacional mk2 Films confirmaron rápidamente que la película consiguió acuerdos comerciales para ser proyectada de manera simultánea en salas de cine de 56 territorios diferentes alrededor del mundo, abarcando plazas clave en Norteamérica, gran parte de Europa, Asia y países de la región latinoamericana como Brasil.
Sin embargo, en medio de este despliegue de distribución transnacional, la Argentina quedó completamente al margen del circuito comercial de exhibición en salas. Analistas de la industria cinematográfica local apuntan a una combinación de factores que van desde la compleja logística de las distribuidoras independientes hasta el impacto del contexto presupuestario y la reestructuración de los espacios de fomento y pantallas alternativas en el país, lo que dejó al público argentino sin la posibilidad de acceder al filme a través de la experiencia tradicional de la pantalla grande.
A pesar de la ausencia en los cines locales, los realizadores y las plataformas vinculadas a la difusión global del proyecto confirmaron una alternativa digital masiva. Siguiendo una estrategia impulsada para garantizar el acceso democrático a la información, se anunció que una vez concluida la ventana inicial de exclusividad comercial en el exterior, el documental estará disponible de forma completamente gratuita y abierta a todo el público a través del sitio web oficial de The Guardian.
Paralelamente, la controversia técnica y moral expuesta en la pantalla escaló rápidamente hacia una crisis institucional en Medio Oriente. Al tomar conocimiento del contenido y de la participación de miembros activos o en reserva de las fuerzas armadas, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, calificó duramente al largometraje como un relato “falso, engañoso y tendencioso” ideado para manchar la reputación internacional de su país y de las tropas.
Como respuesta directa a la exhibición, el mandatario elevó una solicitud formal al jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas, Eyal Zamir; al director del servicio de inteligencia interior Shin Bet, David Zini; y a la fiscal general, Gali Baharav-Miara, exigiendo la apertura inmediata de una causa penal e investigaciones exhaustivas para identificar, procesar y juzgar a los militares que quebrantaron el secreto de Estado al testificar en el documental. Mientras los mandos militares se suman al repudio institucional y cuestionan la validez de las fuentes anónimas, los creadores defienden la vigencia de su labor sosteniendo que el periodismo de investigación y la crítica documentada jamás equivalen a la traición a la patria.
Fuente: Política Argentina



