El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Carlos Rafael Medina González, un estudiante universitario que tenía 20 años cuando fue secuestrado en Tucumán. Sus restos fueron hallados en el Pozo de Vargas, una de las principales fosas clandestinas utilizadas por el terrorismo de Estado. Con esta identificación, ya son 122 las víctimas reconocidas en el lugar.
Después de cinco décadas de búsqueda, la identidad de Carlos Rafael Medina González pudo ser restituida. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó que los restos del joven estudiante universitario, desaparecido en abril de 1976, fueron encontrados en el Pozo de Vargas, una fosa clandestina ubicada en la zona de Tafí Viejo, a unos diez kilómetros de San Miguel de Tucumán.
Medina González tenía 20 años cuando fue secuestrado durante los primeros meses de la última dictadura cívico-militar. Su identificación se suma a las investigaciones que buscan reconstruir el destino de las personas desaparecidas por el aparato represivo estatal y devolverles su identidad, además de aportar respuestas a sus familiares después de décadas de incertidumbre.
Según la información difundida por el EAAF, el joven fue secuestrado durante la madrugada del 15 de abril de 1976, cuando un grupo armado irrumpió en su domicilio del barrio Mercantil de Manantial, registró la vivienda y se lo llevó por la fuerza. El procedimiento fue presenciado por integrantes de su familia. La identificación permitió establecer el destino de sus restos, que permanecían entre los miles de fragmentos óseos recuperados en el sitio.
El Pozo de Vargas, una huella del terrorismo de Estado
El Pozo de Vargas es una antigua estructura utilizada como fosa clandestina durante la represión ilegal en Tucumán. Se trata de una construcción circular de aproximadamente tres metros de diámetro y 37 metros de profundidad, situada en las inmediaciones de Tafí Viejo. El lugar se convirtió en una pieza central de las investigaciones sobre las desapariciones forzadas ocurridas durante la última dictadura.
Las características del sitio hicieron especialmente complejas las tareas de recuperación e identificación. Los cuerpos fueron arrojados en condiciones que provocaron que los restos aparecieran mezclados y fragmentados. Por eso, los investigadores no encontraron esqueletos completos, sino alrededor de 38.000 restos óseos, junto con prendas de vestir y pequeños objetos que también aportaron información para el análisis.
La existencia de restos humanos en el pozo fue detectada inicialmente a partir del trabajo del Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán (GIAAT). Posteriormente, las excavaciones fueron desarrolladas durante años por equipos especializados, entre ellos el Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT), que llevó adelante gran parte de las tareas de recuperación.
La investigación forense permitió identificar a 122 víctimas
El Equipo Argentino de Antropología Forense comenzó a recibir los restos recuperados en 2011 para realizar los análisis necesarios y establecer cuántas personas habían sido depositadas en la fosa. El trabajo incluyó estudios genéticos y antropológicos, además de un procedimiento conocido como reagrupación intraesqueletal, que permite reunir los huesos pertenecientes a una misma persona pese a que hayan sido encontrados mezclados con los de otras víctimas.
A partir de esos análisis, los especialistas establecieron un número mínimo de 149 individuos: 121 hombres y 28 mujeres. Con la identificación de Medina González, asciende a 122 la cantidad de personas cuyos restos fueron reconocidos y restituidos con nombre y apellido, de acuerdo con los datos difundidos por el EAAF.
La identificación fue posible mediante el cotejo genético de los restos óseos con muestras aportadas por sus familiares. El Juzgado Federal de Tucumán N.º 2 notificó a la familia sobre el resultado y, según la información publicada, está prevista la restitución de los restos y una ceremonia de despedida.
Memoria, verdad y justicia después de 50 años
La identificación de Carlos Medina González vuelve a poner en primer plano la persistencia de las investigaciones sobre los crímenes cometidos durante la última dictadura. Cada restitución de identidad permite reconstruir una historia individual y familiar que el terrorismo de Estado intentó borrar, y aporta nuevas evidencias para esclarecer el destino de las personas desaparecidas.
En Tucumán, el aparato represivo tuvo una actuación central antes y después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. El Pozo de Vargas constituye una de las evidencias materiales de ese sistema de desaparición y ocultamiento de cuerpos. La continuidad de los trabajos arqueológicos y forenses permite avanzar en la identificación de las víctimas y contribuir a las investigaciones judiciales.
A casi 50 años de su secuestro, la identificación de Medina González representa un paso fundamental para su familia y para la reconstrucción de la memoria colectiva. El trabajo en el Pozo de Vargas continúa, con la expectativa de que nuevas identificaciones permitan conocer el destino de otras personas desaparecidas y aportar respuestas a quienes todavía buscan a sus seres queridos.
Fuente: Infonews



