Una familia argentina guarda una escultura atribuida a Miguel Ángel que podría valer US$ 450 millones

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  • Una familia argentina conserva desde hace generaciones una escultura atribuida a Miguel Ángel Buonarroti.
  • La pieza representa a San Juan Bautista niño y es conocida como Il Giovannino.
  • El historiador del arte Ángel Osvaldo Nessi certificó la atribución en 1997.
  • Dos análisis realizados en Barcelona, en 1998 y junio de 2026, identificaron alabastro yesoso como material de la escultura.
  • Una investigación reúne más de 700 documentos originales y distintas líneas de evidencia para sostener la hipótesis.
  • Si la autoría recibe respaldo académico, especialistas vinculados al caso estiman que podría alcanzar un valor de hasta US$ 450 millones.
  • En 1995, una causa judicial incluyó allanamientos, pero la denuncia fue desestimada y el expediente quedó archivado.
  • La familia mantiene su identidad bajo reserva por razones de seguridad.

 

El misterio de la escultura atribuida a Miguel Ángel que permanece en Argentina

Una pequeña escultura blanca, conservada durante generaciones por una familia argentina cuya identidad permanece en reserva, podría convertirse en una de las piezas artísticas más valiosas del país. La obra representa a San Juan Bautista niño, conocido en Italia como Il Giovannino, y fue atribuida a Miguel Ángel Buonarroti, uno de los máximos exponentes del Renacimiento.

La hipótesis sostiene que la figura podría corresponder a una obra perdida del artista florentino, quien realizó algunas de sus creaciones más reconocidas durante su juventud y adultez, entre ellas el David y las pinturas de la Capilla Sixtina.

Sin embargo, la autoría todavía necesita un respaldo académico definitivo. Los estudios sobre la pieza, junto con documentos históricos, testimonios y comparaciones estilísticas, forman parte de una investigación que busca establecer su procedencia.

Si los especialistas internacionales confirman la atribución, la escultura podría alcanzar un valor estimado de hasta US$ 450 millones, según las estimaciones vinculadas con el caso.

La investigación comenzó en los años 90

La historia tomó impulso a principios de la década de 1990, cuando Ángel Osvaldo Nessi, historiador del arte y entonces director del Museo de Bellas Artes de La Plata, comenzó a estudiar la escultura.

Su trabajo se extendió entre 1993 y 2000. En 1997, Nessi certificó oficialmente su atribución a Miguel Ángel, una conclusión que despertó repercusión en diarios y radios de todo el país.

La difusión pública del caso estuvo seguida por episodios de seguridad que afectaron a integrantes de la familia. Según la reconstrucción de la historia, los intentos de secuestro llevaron a sus custodios a mantener la obra en una colección privada y a evitar nuevas apariciones públicas.

De acuerdo con los antecedentes reunidos, la escultura habría llegado al Río de la Plata durante el siglo XVIII y permanecido en manos de la misma familia a lo largo de varias generaciones.

Antes de que la atribución alcanzara una amplia difusión mediática, la escultura quedó involucrada en una investigación judicial.

En abril de 1995, una denuncia de la Policía Federal, basada en información de informantes, señalaba que enviados no oficiales del Vaticano mantenían contactos para obtener la pieza. La hipótesis de aquella presentación sostenía que podría tratarse de una escultura robada de la Capilla Sixtina unos cuatro siglos antes e ingresada de contrabando a la Argentina.

La causa quedó a cargo del juez en lo Penal Económico Julio Cruciani, quien consultó al nuncio apostólico, monseñor Calabresi, en la sede de la Nunciatura Apostólica.

El 3 de mayo de 1995, el magistrado participó de un operativo junto con efectivos de la Policía Federal y agentes de la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Los procedimientos incluyeron allanamientos en la vivienda de la familia y en la de un vecino, pero la escultura no fue encontrada.

El juez también consultó a dos profesores de la Universidad de Buenos Aires. Ambos señalaron que las fotocopias de fotografías disponibles no permitían establecer la autoría de la obra. Uno de ellos dejó constancia de que esas imágenes resultaban insuficientes para emitir un juicio.

Finalmente, el 23 de mayo de 1995, a pedido de la fiscalía, Cruciani desestimó la denuncia por «no constituir delito». La causa número 17.914 quedó archivada.

Desde entonces, la familia optó por el silencio y la pieza permaneció fuera de la vista pública. Décadas después, sus custodios aceptaron volver a contar la historia, aunque continúan reservando su identidad por razones de seguridad.

Qué revelaron los análisis científicos realizados en Barcelona

Uno de los aspectos centrales de la investigación es el estudio del material con el que fue realizada la escultura.

En 1998, Aurelio Álvarez Pérez, de la Universidad Autónoma de Barcelona, examinó muestras de la pieza mediante microscopía de luz polarizada y difracción de rayos X. El análisis determinó que estaba hecha de alabastro yesoso.

En junio de 2026, Josep Oriol Oms Llobet, del Instituto de Geociencias de Barcelona (GEO3BCN-CSIC), volvió a estudiar el material con equipamiento de última generación y confirmó el resultado con mayor precisión.

La composición tiene relevancia para la hipótesis de atribución porque un documento histórico de 1570 describe el uso del mismo material en otra escultura que durante siglos fue considerada candidata a ser el San Giovannino perdido de Miguel Ángel. Esa pieza se encuentra actualmente en España.

Los resultados, por sí solos, no establecen la autoría de la obra argentina, pero forman parte de las evidencias examinadas por los investigadores.

Los documentos que sostienen la hipótesis sobre Miguel Ángel

La investigación contemporánea fue reunida por Pablo Semmartin, investigador y documentalista que comenzó a trabajar en el caso en 2020.

El material quedó plasmado en la monografía Il Giovannino Perduto: una hipótesis atributiva a Miguel Ángel Buonarroti, publicada en el repositorio científico Zenodo y en Academia.edu.

El trabajo incorpora más de 700 documentos originales de Ángel Osvaldo Nessi, además de biografías de Emil Ludwig, Giorgio Vasari y Ascanio Condivi.

La hipótesis se apoya en cinco líneas principales de evidencia:

  • Documentación histórica: antecedentes y registros relacionados con la obra.
  • Testimonios: relatos de personas vinculadas con la historia de la escultura.
  • Comparación estilística: análisis de semejanzas con producciones tempranas de Miguel Ángel.
  • Estudio del material: resultados de los análisis realizados en Barcelona.
  • Reconstrucción histórica: investigación sobre la trayectoria de la pieza y su posible llegada a la Argentina.

La combinación de estos elementos sostiene la atribución propuesta por la investigación, aunque la confirmación definitiva todavía depende del respaldo académico de los especialistas que examinan el caso.

Por qué la escultura podría valer hasta US$ 450 millones

La estimación económica vinculada con la pieza alcanza los US$ 450 millones, una cifra que depende de que la atribución a Miguel Ángel consiga una validación académica definitiva.

El monto toma como referencia el precio de venta del Salvator Mundi, atribuido a Leonardo da Vinci, que en 2017 alcanzó aproximadamente US$ 450 millones y estableció un récord para una obra de arte vendida en una subasta.

La autoría del Salvator Mundi continúa siendo objeto de debate entre especialistas, pese al precio que alcanzó en el mercado internacional.

En el caso de la escultura argentina, el valor estimado no equivale a una tasación definitiva ni a una venta concretada. Se trata de una proyección condicionada por el reconocimiento de su autoría y por la eventual respuesta del mercado.

El equipo que participa de la investigación ya mantuvo encuentros con referentes internacionales del sector artístico. Entre esas reuniones figura una realizada en Londres con el marchand italiano Carlo Orsi.

La historia de la familia también llegará a un documental

La trayectoria de la escultura fue documentada a través de una reconstrucción que abarca tres décadas de la vida de su custodio.

El relato incluye el allanamiento de 1995, los intentos de secuestro mencionados en la investigación, los años de exilio y el prolongado anonimato de la familia.

Para elaborar el documental, se reunieron entrevistas con especialistas de Roma, Londres y Florencia, testigos de la causa judicial, integrantes del Gobierno argentino de aquella época y agentes de la entonces SIDE.

La obra continúa en manos de la misma familia que la conservó durante generaciones. Su identidad permanece reservada, mientras la investigación reúne antecedentes históricos, estudios científicos y comparaciones artísticas para examinar la atribución a Miguel Ángel.

La pregunta que atraviesa el caso sigue abierta: ¿podría tratarse de una escultura perdida del maestro renacentista conservada durante siglos en Argentina?

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