La informalidad laboral llegó al 45% en Argentina y supera el 80% en ciudades del norte

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Un informe de la Universidad Nacional de Rosario, elaborado con datos del INDEC, registró un aumento del empleo informal desde fines de 2023. El crecimiento del trabajo por cuenta propia y las fuertes diferencias entre sectores y regiones exponen las dificultades del mercado laboral argentino.

La informalidad laboral alcanzó al 45% de los trabajadores de la Argentina durante el segundo trimestre de 2026, frente al 41,4% registrado a fines de 2023. Los datos surgen de un análisis de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), elaborado a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El relevamiento advierte sobre el avance del empleo no registrado y las dificultades para acceder a condiciones laborales que garanticen aportes jubilatorios y protección social.

Uno de los principales cambios identificados por el estudio es la modificación en la composición del empleo. Entre fines de 2023 y el segundo trimestre de 2026, la participación de los asalariados en el total de ocupados descendió del 73,7% al 70,5%. En el mismo período, el trabajo por cuenta propia pasó del 22,6% al 25,5%. Esta evolución muestra una mayor presencia del empleo independiente, aunque no necesariamente asociado a emprendimientos consolidados o actividades con ingresos estables.

La situación resulta especialmente preocupante entre los trabajadores cuentapropistas. Según el informe, el 65,8% de quienes desarrollan actividades por cuenta propia trabaja en condiciones de informalidad. Entre los asalariados, en tanto, el 37,9% no realiza aportes jubilatorios. La diferencia refleja que la falta de registración afecta de manera desigual según la modalidad de ocupación y que una parte importante de la población trabajadora queda fuera de mecanismos fundamentales de seguridad social.

Por sectores económicos, el servicio doméstico registra uno de los índices más elevados de empleo no registrado, con el 77,4%. Le siguen la construcción, con el 76,2%; la gastronomía y los servicios de alojamiento, con el 63,9%; y el comercio, con el 54,7%. Se trata de actividades que reúnen una importante cantidad de trabajadores y en las que las condiciones de contratación pueden variar considerablemente. En el otro extremo, los servicios profesionales, científicos y técnicos presentan una informalidad del 19,2%, mientras que en información y comunicación alcanza el 33,9%.

Las diferencias territoriales constituyen otro de los aspectos centrales del relevamiento. Entre los trabajadores por cuenta propia, la ciudad de Formosa presenta una tasa de informalidad del 87,9%, seguida por Gran Tucumán y Tafí Viejo, con el 87,6%, y Santiago del Estero y La Banda, con el 87,5%. También aparecen entre los registros más elevados Gran Resistencia, con el 84%, y Gran San Juan, con el 83%. Estas cifras corresponden específicamente al empleo independiente informal y no deben confundirse con las tasas de informalidad del conjunto de los trabajadores de esas ciudades.

En contraste, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires registra un 32,8% de informalidad entre los cuentapropistas, mientras que Mar del Plata y Batán alcanzan el 42,7% y Bahía Blanca y Cerri, el 43%. En el conurbano bonaerense, la informalidad total llega al 47,5%, y entre los trabajadores independientes asciende al 70,2%. Las diferencias muestran que la problemática atraviesa a todo el país, aunque adquiere características particulares según la estructura productiva y las oportunidades de empleo de cada región.

El estudio también señala que la composición de las economías locales influye en los niveles de registración laboral. En Neuquén, donde la actividad hidrocarburífera tiene una presencia importante, la informalidad total se ubica en el 26,4%. Por su parte, en La Rioja y Catamarca, donde el empleo público representa más de un tercio de los ocupados, los indicadores alcanzan el 43,9% y el 45,1%, respectivamente. Estos datos sugieren una relación entre la estructura económica, el tamaño de las empresas, la productividad y las posibilidades de generar puestos de trabajo registrados.

El avance de la informalidad plantea desafíos para los trabajadores y para el conjunto de la economía. La falta de aportes jubilatorios, la ausencia de determinadas coberturas laborales y la inestabilidad de los ingresos pueden profundizar la vulnerabilidad de quienes dependen de su trabajo para sostener a sus familias. Al mismo tiempo, la expansión del empleo no registrado dificulta la construcción de trayectorias laborales estables y reduce la protección frente a contingencias como la enfermedad, los accidentes y la vejez. Los datos de la UNR muestran que la evolución del mercado laboral requiere observar no solo cuántas personas trabajan, sino también en qué condiciones lo hacen.

Con ayuda de Filo News

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