Brasil, Vargas, Lula y una apuesta por la vida

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Cada nación tiene su historia política, con períodos felices y también oscuros. Entre los primeros cabe recordar las presidencias de Getulio Vargas, con ideas muy parecidas a las del peronismo y una trayectoria de respaldo popular similar a la de Lula.

Desde Río Grande del Sur, su territorio de origen, Vargas cuestionó la política de “café con leche”, un acuerdo corrupto en el que se alternaban en el poder los políticos de San Pablo y Minas Gerais.

Allá por el año ’30, cuando el entonces presidente de Brasil, Washington Luis, intentó imponer como candidato a sucederlo a través del fraude, al hacendado paulista Julio Prestes, Vargas lo confrontó sufriendo el asesinato de su compañero de fórmula, encabezó entonces una revolución que lo llevó a conducir durante tres años, un gobierno provisorio que -entre otras medidas- creó los Ministerio de Trabajo, Educación y Salud.

En 1933 votaron por primera vez las mujeres brasileñas y unos meses después el Congreso Nacional lo ratificó como Presidente por voto indirecto.

Brasil tuvo entonces una nueva Constitución Nacional que consagró la nacionalización de los recursos y la enseñanza pública, gratuita y obligatoria.

Cuando intentaron desestabilizar su gobierno, no dudó en suprimir los partidos políticos y cerrar el Congreso, desbaratando la conspiración legislativa, judicial y mediática.

A los que lo calificaban de autoritario les respondió con el fortalecimiento de las funciones del estado, el impuesto a la renta, la creación del Consejo Nacional del Petróleo, una Compañía Siderúrgica, otra Hidroeléctrica y una fábrica de motores, en el marco de una política de nacionalización económica basada en la industrialización. En 1941 consolidó las leyes de trabajo, la jornada de 8 horas y la estabilidad en el empleo.

En octubre de 1945, las fuerzas de la reacción lo derrocaron, pero como el pueblo no olvida a sus líderes, cinco años después ganó las elecciones y volvió a ser Presidente del Brasil.

Como Lula hoy, en aquella ocasión Getulio perdió en San Pablo, en Río de Janeiro y también en Minas Gerais.

Gobernó entre 1951 y 1954 aumentando al doble el salario mínimo vital y móvil, creó Petrobrás y Electrobrás alimentando el odio de la oligarquía y el Imperio.

El 24 de agosto de 1954 decidió quitarse la vida, dejando una carta con un mensaje histórico:

“…Después de décadas de dominio y privación de los grupos económicos y financieros internacionales, me hicieron jefe de una revolución que gané. Comencé el trabajo de liberación e instauré el régimen de libertad social. Tuve que renunciar. Volví al gobierno en los brazos del pueblo”.

“La campaña subterránea de los grupos internacionales se alió con grupos nacionales revolucionarios contra el régimen de garantía del trabajo. La ley de trabajos extraordinarios fue interrumpida en el Congreso. Contra la Justicia de la revisión del salario mínimo se desencadenaron los odios. Quise crear la libertad nacional en la potencialización de nuestras riquezas a través de Petrobrás, mal comienza ésta a funcionar cuando la ola de agitación crece. Eletrobrás fue obstaculizada hasta el desespero. No quieren que el pueblo sea independiente”.

“Vengo luchando mes a mes, día a día, hora a hora, resistiendo la represión constante, incesante, soportando todo en silencio, olvidando y renunciando a todo dentro de mí mismo, para defender al pueblo que ahora se queda desamparado. Nada más les puedo dar a no ser mi sangre. Si las aves de rapiña quieren la sangre de alguien, quieren continuar chupando al pueblo brasileño, yo ofrezco en holocausto mí vida”.

“Luché contra la privaciones en el Brasil. Luché con el pecho abierto. El odio, las infamias, la calumnia no abatirán mi ánimo. Les daré mi vida. Ahora les ofrezco mi muerte”.

Unos meses antes de su muerte, Getulio Vargas había manifestado su voluntad de impulsar la iniciativa de integración continental ABC, propuesta por el presidente argentino Juan Domingo Perón y atacada por los mismos intereses que hoy persiguen Trump y su comparsa de cipayos latinoamericanos agrupados en el “Escudo de las Américas.

Hay cosas de la historia que perduran en el tiempo y muchas enseñanzas que deberían resultar útiles en la adversidad, jamás para suicidarse, todo lo contrario, para redoblar la apuesta por la vida siempre, hasta el luminoso día en que, seguramente, sorteando ingenuidad, confusiones y conspiraciones, habrá de llegar la victoria definitiva de los pueblos.

Vamos con Lula, a seguir dando batalla!!

Por Héctor Amichetti

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