El politólogo español y cofundador de Podemos cuestionó el avance de las derechas, advirtió sobre la concentración de la riqueza y reclamó que las fuerzas progresistas reconstruyan un proyecto político capaz de entusiasmar a las mayorías. En una entrevista con Radio 10, sostuvo que la izquierda debe volver a las calles, revisar sus estrategias y ofrecer una alternativa concreta frente a la desigualdad, el individualismo y el debilitamiento de las políticas sociales.
El politólogo español Juan Carlos Monedero lanzó una fuerte advertencia sobre el escenario político internacional y los desafíos que enfrentan las fuerzas progresistas en Argentina, América Latina y Europa. Durante una entrevista con Fernando Borroni y el equipo periodístico de Radio 10, el cofundador de Podemos sostuvo que las derechas están logrando capitalizar el malestar social mientras una parte de la izquierda tiene dificultades para construir respuestas que conecten con las preocupaciones cotidianas de la población. “En Argentina es muy evidente que no hay sociedad para todos”, afirmó, al cuestionar un modelo que, según su interpretación, promueve la competencia individual y debilita la idea de una comunidad con derechos compartidos. Para Monedero, el problema no se limita a los resultados electorales: también involucra las transformaciones económicas, culturales y tecnológicas que modifican la relación entre la ciudadanía y la política.
En su análisis, Monedero identificó cuatro grandes transformaciones que, a su entender, las fuerzas de izquierda deben comprender para recuperar capacidad de intervención. La primera es la creciente concentración del poder económico y tecnológico en actores privados con capacidad para influir sobre las reglas de la democracia. El politólogo mencionó el papel de los grandes capitales internacionales, la utilización de algoritmos y la influencia de las plataformas digitales en la discusión pública. Su planteo es que la competencia política ya no puede analizarse únicamente a partir de los partidos y las elecciones, porque existen poderes económicos y comunicacionales que condicionan el debate y la capacidad de los gobiernos para llevar adelante sus programas. Frente a ese escenario, consideró necesario revisar las herramientas tradicionales de la política y desarrollar estrategias que permitan recuperar capacidad de decisión democrática.
El segundo elemento señalado por el académico es la diferencia entre ganar un gobierno y ejercer efectivamente el poder. Según explicó, las fuerzas progresistas pueden llegar al Ejecutivo mediante elecciones, pero encuentran límites vinculados con las estructuras económicas, las inercias institucionales y la resistencia de actores que buscan preservar sus intereses. Como ejemplo, mencionó al presidente colombiano Gustavo Petro y las dificultades que, desde su perspectiva, enfrenta para desarrollar determinadas políticas sociales. Para Monedero, las restricciones económicas y financieras pueden reducir el margen de acción de una administración incluso cuando cuenta con un mandato electoral. En ese marco, planteó que las izquierdas necesitan comprender mejor las relaciones de poder que operan dentro y fuera del Estado, sin limitar su estrategia a la gestión cotidiana de las instituciones.
La tercera transformación tiene que ver con el avance del individualismo y la pérdida de referencias colectivas. Monedero recuperó la conocida frase de Margaret Thatcher sobre la inexistencia de la sociedad para cuestionar una cultura que presenta a cada persona como responsable exclusiva de su destino. En su interpretación, ese discurso gana terreno cuando amplios sectores sienten que no pueden acceder a una vivienda, una educación de calidad, un empleo estable o un futuro mejor para sus hijos. La metáfora que utilizó fue la de un Titanic que se hunde mientras las personas compiten por ocupar las pocas balsas disponibles. En ese contexto, afirmó, la política deja de ofrecer respuestas colectivas y se transforma en una disputa individual por sobrevivir. El desafío para la izquierda, sostuvo, consiste en reconstruir la idea de que los problemas sociales necesitan soluciones compartidas y que los derechos no deben depender exclusivamente de la capacidad económica de cada individuo.
Monedero también cuestionó la dificultad de los partidos progresistas para interpretar las transformaciones sociales y culturales de las últimas décadas. Recordó que sectores tradicionales de la izquierda llegaron a mirar con desconfianza cuestiones como el ambientalismo, mientras nuevas generaciones incorporaban preocupaciones vinculadas con el cambio climático, la tecnología, las migraciones, el feminismo y las nuevas formas de trabajo. Para el politólogo, ignorar esas transformaciones supone alejarse de la ciudadanía y sostener discursos que ya no responden a las experiencias cotidianas de buena parte de la población. En particular, señaló que los jóvenes se enfrentan a dificultades para independizarse, acceder a una vivienda y encontrar certezas sobre su futuro laboral. La izquierda, argumentó, necesita escuchar esas experiencias y construir propuestas que las incorporen, en lugar de limitarse a defender identidades políticas del pasado.
Otro de los ejes centrales de la entrevista fue la disputa por el significado de la palabra revolución. Frente a la idea de que las derechas contemporáneas representan movimientos antisistema, Monedero sostuvo que muchas de sus propuestas funcionan como contrarrevoluciones orientadas a desarmar conquistas sociales y estructuras estatales. Mencionó como ejemplo el discurso de la motosierra, que presenta la destrucción de organismos y políticas públicas como una condición necesaria para construir un nuevo país. Según su análisis, esa narrativa puede resultar atractiva para personas frustradas con el funcionamiento de las instituciones, incluso cuando las medidas propuestas pueden afectar servicios y derechos de los que dependen. Por eso, diferenció la radicalidad política de la violencia: pensar de manera revolucionaria, explicó, significa hacer posible aquello que parece imposible y disputar las reglas existentes para mejorar las condiciones de vida de las mayorías.
En relación con Argentina, Monedero cuestionó que las fuerzas progresistas reduzcan sus propuestas a una defensa de la moderación económica sin explicar con claridad los condicionamientos y las prioridades de sus decisiones. Durante el intercambio, planteó que, si una administración considera que debe respetar determinadas restricciones fiscales, necesita explicar a la sociedad qué margen de decisión tiene y cuáles son las consecuencias de esas limitaciones. A su juicio, la izquierda corre el riesgo de aparecer como administradora de un sistema que cuestiona si termina justificando todas sus reglas sin proponer cambios de fondo. En ese contexto, reclamó recuperar una agenda que coloque en el centro la distribución de la riqueza, el empleo, la educación, la salud y las condiciones de vida. También defendió la necesidad de construir partidos con presencia territorial, vinculados con los movimientos sociales y capaces de organizar el descontento más allá de los períodos electorales.
Finalmente, el politólogo insistió en que el principal desafío consiste en ofrecer un proyecto de vida que resulte convincente para las mayorías. No alcanza, sostuvo, con señalar los errores de la derecha o advertir sobre los riesgos de sus políticas: es necesario explicar qué país se quiere construir y cómo se responderá a problemas como la desigualdad, la crisis habitacional, el desarrollo tecnológico y el deterioro ambiental. Monedero propuso que las fuerzas progresistas combinen tres dimensiones: ser revolucionarias en sus objetivos de transformación, reformistas en la construcción de políticas concretas y rebeldes frente a las injusticias que consideran inaceptables. Su conclusión fue que la izquierda debe volver a estudiar las nuevas realidades, escuchar a la sociedad y recuperar presencia en las calles. De lo contrario, advirtió, corre el riesgo de quedar atrapada en una disputa institucional cada vez más estrecha, mientras otras fuerzas consiguen canalizar el malestar social y convertirlo en apoyo político.
Fuente: Radio 10



