Según informó The New York Times, el Departamento de Defensa estadounidense elaboró planes para una campaña de ataques intensos contra objetivos militares y energéticos iraníes. Aunque Washington refuerza su presencia militar en Medio Oriente, Donald Trump aseguró que no atacará antes de las elecciones legislativas de noviembre y sostuvo que ambos países mantienen conversaciones productivas.
La tensión entre Estados Unidos e Irán vuelve a escalar ante la posibilidad de una nueva operación militar de gran magnitud. De acuerdo con una publicación de The New York Times, citada por RT, el Pentágono preparó alternativas para ejecutar una ofensiva de aproximadamente tres días contra territorio iraní. Los planes contemplarían ataques concentrados sobre instalaciones militares, arsenales y sectores estratégicos de la infraestructura energética. Sin embargo, hasta el momento no existe confirmación de que la operación haya sido autorizada ni de que vaya a concretarse. (RT en Español)
Entre los objetivos considerados figurarían los arsenales de misiles y drones de Irán, además de instalaciones vinculadas al sector energético y centros de comando de la Guardia Revolucionaria Islámica. Según la información difundida, la estrategia buscaría concentrar una gran capacidad de fuego en un período breve, con la intención de debilitar las capacidades militares iraníes. Una operación de estas características podría abrir un nuevo capítulo de confrontación en una región atravesada por disputas estratégicas, amenazas cruzadas y la preocupación internacional por la seguridad de las rutas comerciales.
Los planes habrían sido analizados durante una reunión de altos funcionarios de seguridad nacional realizada en Camp David, la residencia presidencial estadounidense ubicada en Maryland. El encuentro, según las fuentes citadas por el diario neoyorquino, fue encabezado por el vicepresidente J. D. Vance. La discusión refleja que, pese a los contactos diplomáticos, la administración de Trump mantiene sobre la mesa distintas alternativas militares frente al estancamiento de las negociaciones con Teherán.
No obstante, la posición de Trump continúa mostrando contradicciones entre la presión militar y la búsqueda declarada de un entendimiento. Según el reporte, durante los últimos meses el presidente rechazó cinco propuestas de operaciones de gran envergadura contra Irán o contra los hutíes de Yemen, un movimiento respaldado por Teherán. El jueves 8 de octubre, además, afirmó que Estados Unidos no atacaría a Irán antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato previstas para noviembre y sostuvo que los dos países mantenían conversaciones productivas. (ANSA)
Mientras tanto, Washington avanza en el despliegue de fuerzas navales en Medio Oriente. Según las estimaciones citadas por RT, hacia fines de octubre podrían coincidir en la región tres portaaviones estadounidenses con sus respectivos grupos de ataque, una concentración que no se registraría desde 2003. El dispositivo incluiría más de 20.000 marineros e integrantes de la Infantería de Marina, además de cientos de aeronaves. La presencia militar constituye una señal de presión sobre Irán, aunque por sí sola no implica que se haya tomado una decisión definitiva de iniciar una nueva ofensiva.
Dentro del propio entorno presidencial estadounidense existirían diferencias sobre la conveniencia de reanudar los ataques. Algunos funcionarios cuestionarían que una nueva campaña militar pueda modificar las decisiones estratégicas de Teherán, mientras otros considerarían que una ofensiva breve e intensa podría profundizar las dificultades económicas iraníes. El debate muestra los límites de una estrategia basada en la amenaza del uso de la fuerza: incluso si los ataques provocaran daños materiales importantes, sus consecuencias políticas y militares podrían extenderse mucho más allá de los objetivos inicialmente planteados.
El principal punto de bloqueo continúa siendo el programa nuclear iraní. Las negociaciones entre Washington y Teherán siguen estancadas por diferencias sobre el orden y las condiciones en que deberían abordarse los compromisos nucleares. De acuerdo con los reportes citados, Estados Unidos busca avanzar hacia un acuerdo sobre las ambiciones nucleares iraníes, mientras que la posición negociadora de Teherán mantiene diferencias respecto de la secuencia de esas conversaciones. En ese escenario, la diplomacia continúa abierta, pero convive con preparativos militares que elevan el riesgo de una escalada.
La posibilidad de una nueva ofensiva plantea interrogantes que exceden el enfrentamiento bilateral. Un ataque contra instalaciones energéticas o una respuesta militar iraní podrían afectar la estabilidad regional, el comercio y los mercados internacionales de energía. Por ahora, la información disponible describe planes y alternativas que el Pentágono habría preparado, no una decisión confirmada de ataque. El desenlace dependerá de las decisiones políticas de la Casa Blanca, del curso de las negociaciones y de la capacidad de ambas partes para evitar que la presión militar termine desplazando definitivamente la vía diplomática.
Con ayuda de RT



