Las acciones de la petrolera británica cayeron 19,28% en la Bolsa de Londres y acumulan una baja cercana al 32% en el último mes. La empresa confirmó que continuará con el desarrollo de Sea Lion junto a la israelí Navitas, pese a las sanciones y acciones impulsadas por el Gobierno argentino.
La petrolera británica Rockhopper Exploration sufrió una fuerte caída en la Bolsa de Londres luego de ratificar su decisión de continuar adelante con el proyecto Sea Lion, destinado a la explotación offshore de hidrocarburos en el área de las Islas Malvinas. Las acciones de la compañía llegaron a retroceder 19,28% durante la jornada del lunes y acumularon una pérdida cercana al 32% durante el último mes, en un contexto marcado por la creciente disputa entre Argentina, el Reino Unido y las empresas involucradas en el desarrollo petrolero.
Rockhopper posee el 35% de participación en Sea Lion, mientras que el 65% restante corresponde a Navitas Petroleum, compañía israelí que además actúa como operadora del proyecto. Según la planificación comunicada por las empresas, la primera etapa contempla la perforación de 11 pozos y la perforación de desarrollo está prevista para comenzar a principios de 2027. La producción comercial, en tanto, continúa proyectada para el primer trimestre de 2028.
La continuidad del proyecto se da en medio de las medidas impulsadas por el Gobierno argentino contra las compañías que participan de actividades hidrocarburíferas en el área de las Malvinas. La administración de Javier Milei considera ilegítima la explotación de recursos naturales en esos espacios marítimos y en las últimas semanas profundizó las acciones administrativas, judiciales y diplomáticas destinadas a cuestionar el desarrollo de Sea Lion.
El conflicto también comenzó a generar consecuencias sobre las empresas contratistas vinculadas al proyecto. La operadora Navitas informó que se encuentra trabajando para reemplazar a dos contratistas que dejaron de participar en las actividades relacionadas con Sea Lion. La compañía sostuvo, sin embargo, que por el momento considera que estas dificultades no tendrán un impacto material adverso sobre el proyecto, aunque reconoció que la evaluación podría modificarse dependiendo de la evolución de la situación.
Uno de los casos que tomó mayor relevancia fue el de Halliburton, empresa estadounidense de servicios petroleros, que confirmó que no participará en el proyecto. La compañía señaló que mantuvo contactos con autoridades argentinas respecto de una eventual intervención en Sea Lion y que ni ella ni sus subsidiarias realizarán trabajos vinculados con la exploración o producción de hidrocarburos en el área de las Malvinas.
Frente a este escenario, Rockhopper y Navitas ratificaron que cuentan con el respaldo del Gobierno de las Islas Malvinas y del Gobierno del Reino Unido para continuar con el desarrollo. En una actualización difundida a sus inversores, Rockhopper indicó que su socia y operadora mantiene el proyecto en marcha y que se están realizando los ajustes necesarios para afrontar la salida de contratistas. La empresa británica, de esta manera, sostiene públicamente el cronograma previsto pese a la presión argentina.
La disputa adquirió además una nueva dimensión jurídica. En septiembre, la Justicia Federal de Río Grande dictó una medida cautelar que ordenó a Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum Development and Production Limited abstenerse de iniciar, continuar o ejecutar el proyecto Sea Lion. La resolución fue adoptada en el marco de una acción preventiva presentada por organizaciones vinculadas a la cuestión ambiental y a los excombatientes de Malvinas, quienes plantearon posibles daños ambientales y vinculados con la soberanía argentina.
El Gobierno argentino también anunció el inicio de un procedimiento de arbitraje internacional relacionado con Sea Lion bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Según la información oficial difundida, el proceso podría avanzar hacia la conformación de un tribunal arbitral y Argentina podría solicitar medidas provisionales ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar. La disputa por la explotación de los recursos naturales se suma así al histórico reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
La caída de Rockhopper en el mercado londinense refleja, en este contexto, la incertidumbre que rodea al proyecto. Mientras la compañía y Navitas mantienen su objetivo de comenzar la producción en 2028, las sanciones argentinas, la salida de contratistas, las acciones judiciales y la disputa internacional agregan nuevos factores de riesgo para el desarrollo de Sea Lion. El proyecto continúa siendo, al mismo tiempo, un emprendimiento petrolero de gran escala y uno de los nuevos escenarios de la disputa por la soberanía de las Malvinas.
Fuente: Noticias Argentinas


