Lula salió a buscar el voto popular y apuntó al corazón de la disputa: “Nunca nos perdonaron por traer a la universidad al pueblo de la periferia”

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Después de una primera vuelta en la que Flávio Bolsonaro quedó por delante, el presidente brasileño llamó a movilizarse para el balotaje y reivindicó una de las banderas centrales de sus gobiernos: ampliar el acceso de los sectores populares a la educación superior.

La elección presidencial de Brasil entró en una nueva etapa y Luiz Inácio Lula da Silva decidió disputar el balotaje desde uno de los terrenos que históricamente identificó a su proyecto político: la ampliación de derechos para los sectores populares. Luego de una primera vuelta en la que Flávio Bolsonaro quedó por delante de Lula, el presidente brasileño realizó un discurso destinado a movilizar a su base electoral y convocó a redoblar los esfuerzos para conseguir la victoria en la segunda vuelta. En ese marco, una de sus frases condensó buena parte de la disputa política: “Nunca nos perdonaron por traer a la universidad al pueblo de la periferia”.

La frase no apareció aislada. Lula buscó reivindicar las políticas que durante sus gobiernos ampliaron el acceso de jóvenes de sectores populares a las universidades y a distintas herramientas de formación. En Brasil, la discusión sobre quiénes pueden acceder a la educación superior forma parte de una disputa mucho más amplia sobre el modelo de sociedad: si la universidad pública debe funcionar principalmente como un espacio reservado para quienes ya cuentan con mejores condiciones económicas o si debe convertirse en una herramienta para modificar las oportunidades de quienes históricamente quedaron fuera. Para Lula, esa transformación constituye una de las marcas fundamentales de su trayectoria política.

El concepto de “pueblo de la periferia” tiene además una fuerte carga política en el Brasil contemporáneo. Las periferias urbanas concentran enormes sectores de trabajadores y familias populares que durante décadas enfrentaron obstáculos para acceder a la universidad, a empleos de calidad y a determinados espacios de decisión social. La llegada de esos jóvenes a las instituciones de educación superior modificó también la composición social de las universidades y amplió las expectativas de movilidad social. Lula volvió a colocar esa transformación en el centro de su discurso precisamente cuando necesita recuperar votos y ampliar su base electoral para la segunda vuelta.

El escenario electoral explica buena parte de la intensidad del mensaje. La primera vuelta terminó con Flávio Bolsonaro por delante de Lula, una señal que obliga al actual presidente a buscar apoyos más allá de su núcleo duro. El resultado dejó planteada una segunda instancia electoral en la que cada voto será determinante y en la que los candidatos deberán disputar a los electores que no se identifican completamente con ninguno de los dos proyectos. En ese contexto, Lula apeló a la memoria de las transformaciones sociales de sus gobiernos y presentó la elección como una discusión sobre qué Brasil se quiere construir hacia adelante.

La referencia a la universidad también funciona como una respuesta política a quienes cuestionaron las políticas de inclusión educativa. Para el mandatario brasileño, llevar a jóvenes de las periferias a las universidades no fue simplemente una política educativa, sino una transformación de las relaciones sociales y de las oportunidades disponibles para amplios sectores de la población. Esa mirada forma parte de una concepción en la que el Estado tiene un papel activo para reducir desigualdades y ampliar el acceso a bienes públicos. La frase de Lula recupera justamente esa identidad en un momento en que su candidatura necesita volver a entusiasmar a quienes consideran que esas conquistas están en juego.

El mensaje adquiere especial relevancia frente a la posibilidad de un regreso político del apellido Bolsonaro. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, consiguió imponerse en la primera vuelta y quedó en condiciones de disputar directamente la presidencia con Lula. El resultado coloca frente a frente dos proyectos que representan tradiciones políticas profundamente diferentes: por un lado, el campo liderado por Lula y su reivindicación de políticas sociales y de un Estado activo; por el otro, el espacio asociado al bolsonarismo, que busca recuperar el poder después de la derrota de Jair Bolsonaro.

Por eso, el discurso del presidente brasileño no estuvo dirigido únicamente a recordar lo realizado. También tuvo un componente explícito de movilización electoral. Lula necesita transformar el respaldo obtenido en la primera vuelta en una mayoría suficiente para superar a su adversario y, para eso, debe lograr que los sectores populares vuelvan a sentirse protagonistas de la disputa. La universidad, la periferia y las oportunidades para quienes históricamente quedaron afuera aparecen así como elementos de una narrativa destinada a conectar la elección con una discusión más profunda sobre igualdad, derechos y movilidad social.

Brasil vuelve a convertirse, de esta manera, en uno de los grandes escenarios políticos de América Latina. La segunda vuelta no solamente definirá quién ocupará el Palacio del Planalto, sino también qué proyecto tendrá mayor capacidad para marcar el rumbo de la principal economía de la región. Mientras Flávio Bolsonaro llega al balotaje después de haber terminado primero en la primera vuelta, Lula intenta recuperar iniciativa apelando a una de las principales banderas de su trayectoria: un Estado que acerque derechos y oportunidades a quienes durante décadas estuvieron en los márgenes. La frase sobre la universidad resume esa disputa y anticipa una campaña en la que la educación, la inclusión social y el papel del Estado volverán a ocupar un lugar central.

Fuente: Página 12

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