Decía el programa del 1ro. de Mayo de la CGT de los Argentinos: “El movimiento obrero no es un edificio ni cien edificios; no es una personería ni cien personerías; no es un sello de goma ni es un comité; no es una comisión delegada ni es un secretariado. El movimiento obrero es la voluntad organizada del pueblo y como tal no se puede clausurar ni intervenir”.
La Confederación General del Trabajo (CGT) nació el 27 de septiembre de 1930 y realizó su primer Congreso constituyente en 1936.
Fue partícipe de la histórica jornada del 17 de octubre de 1945, por decidida voluntad de algunos de sus dirigentes y, fundamentalmente, por el impulso movilizador de las bases trabajadoras.
Durante los gobiernos peronistas encabezados por Juan Domingo Perón jugó un papel orgánico esencial como factor de poder para llevar adelante la más extraordinaria revolución emancipadora y justicialista en Argentina.
A lo largo de las heroicas resistencias de los años ’50, ’60 y 70, supo multiplicarse en infinidad de formas organizativas que se burlaron de la “legalidad” de las dictaduras y superaron la complicidad entreguista de cierta burocracia sindical, enarbolando trascendentales programas en defensa de la Democracia y la Liberación Nacional.
Programas ratificados con unidad orgánica en aquella CGT normalizada tras la recuperación democrática en 1983.
Desde los años ’90 en adelante, la ofensiva de los modelos neoliberales han buscado, de manera obsesiva e incesante, debilitar y desestructurar la organización sindical de la clase trabajadora argentina, con sus políticas cultivan la informalidad laboral destruyendo salvajemente la producción y el trabajo nacional, alimentando así sus sueños de aniquilar al movimiento obrero organizado.
A 96 años del nacimiento de la CGT, y más allá de la postura de todos y cada uno de los dirigentes que la integran, es necesario reafirmar el compromiso histórico de aquellos compañeros y compañeras que, despojados de todo tipo de personalismo, entregaron sus vidas en defensa de la dignidad y emancipación de nuestra gloriosa clase trabajadora, que es en defensa de la Patria misma.
“El movimiento obrero no es un edificio ni cien edificios; no es una personería ni cien personerías; no es un sello de goma ni es un comité; no es una comisión delegada ni es un secretariado. El movimiento obrero es la voluntad organizada del pueblo y como tal no se puede clausurar ni intervenir”.
Mucho menos destruir.
Viva la clase trabajadora organizada!!!
Por Héctor Amichetti



