Un informe del National Center for Health Statistics señala que el 30,5% de los adultos duerme menos de siete horas por noche. Los especialistas advierten sobre las consecuencias que puede tener la falta sostenida de descanso y recomiendan incorporar hábitos para mejorar la calidad del sueño.
Las exigencias laborales, el estrés, las responsabilidades familiares y el uso de dispositivos electrónicos hasta altas horas de la noche forman parte de los factores que pueden reducir las horas destinadas al descanso. Según un informe del National Center for Health Statistics (NCHS), el 30,5% de los adultos duerme menos de siete horas por noche, mientras que casi una de cada cinco personas presenta dificultades para mantenerse dormida.
El sueño cumple distintas funciones esenciales para el organismo. Durante el descanso se producen procesos relacionados con la reparación de tejidos, el funcionamiento del sistema inmunológico, la consolidación de la memoria y la regulación hormonal. Por eso, los especialistas advierten que reducir las horas de sueño de manera habitual puede tener efectos acumulativos sobre la salud física y mental.
Entre las consecuencias asociadas al descanso insuficiente aparecen un mayor riesgo de hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad y alteraciones cognitivas. Las investigaciones citadas en el informe también relacionan dormir menos de seis horas de manera habitual con modificaciones en los mecanismos hormonales vinculados al apetito y el metabolismo.
La falta de sueño también puede repercutir sobre el estado de ánimo y el funcionamiento cotidiano. La privación de descanso puede favorecer irritabilidad, ansiedad, dificultades para concentrarse y síntomas depresivos. Además, la somnolencia durante el día puede disminuir el rendimiento laboral o académico, aumentar los tiempos de reacción y elevar el riesgo de accidentes.
Otro aspecto señalado por los especialistas es que no solamente importa la cantidad de horas dormidas, sino también la calidad del descanso. Los despertares frecuentes, los horarios irregulares, la exposición a pantallas antes de acostarse y los ambientes con exceso de luz o ruido pueden dificultar que una persona alcance las fases profundas del sueño necesarias para la recuperación del organismo.
El descanso insuficiente también puede relacionarse con el control del peso. Una investigación realizada con 95 adultos que habitualmente dormían al menos siete horas observó que quienes redujeron su descanso durante seis semanas registraron, en promedio, un aumento de peso y de la circunferencia de cintura. Los especialistas explicaron que dormir menos puede modificar el apetito y reducir la actividad física cotidiana.
Entre las recomendaciones para mejorar el descanso aparecen mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso durante los fines de semana, y evitar el uso de celulares, computadoras y televisión durante la hora previa a dormir. También se aconseja limitar durante la tarde y la noche el consumo de café, mate, té y bebidas energizantes, además de realizar actividad física de manera regular y evitar comidas abundantes antes de acostarse.
Los especialistas también recomiendan prestar atención a determinadas señales. Ronquidos intensos, pausas respiratorias durante el sueño, despertares frecuentes o cansancio persistente pese a haber dormido varias horas pueden justificar una consulta médica. El objetivo es determinar si existe algún trastorno del sueño que requiera evaluación y tratamiento. En este contexto, el descanso adecuado aparece como un componente importante del cuidado de la salud y del funcionamiento cotidiano.
Fuente: Noticias Argentinas



