Ursula von der Leyen propuso que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea, una figura que actualmente no existe en los tratados del bloque. La iniciativa busca profundizar la cooperación económica, tecnológica, energética y de defensa con Ottawa, mientras crecen las tensiones comerciales entre Canadá, Europa y el gobierno de Donald Trump.
La Unión Europea dio un paso inédito en su relación con Canadá al proponer que el país norteamericano se convierta en el primer “miembro asociado” del bloque. La iniciativa fue anunciada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su discurso anual sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento Europeo, realizado en Estrasburgo. El primer ministro canadiense, Mark Carney, se encontraba presente como invitado de honor y recibió la propuesta en medio de un proceso de acercamiento entre Ottawa y Bruselas.
La propuesta no implica que Canadá vaya a convertirse en miembro pleno de la Unión Europea. El concepto de “miembro asociado” todavía no está contemplado formalmente en los tratados europeos y sus características deberán ser definidas mediante futuras negociaciones. Entre las cuestiones pendientes se encuentran el alcance de la participación canadiense en instituciones europeas, los derechos que tendría Ottawa y el nivel de integración económica que podría alcanzar.
El nuevo esquema podría profundizar la cooperación en áreas estratégicas como tecnología, inteligencia artificial, energía, defensa, minerales críticos, fabricación avanzada, ciberseguridad y proyectos vinculados con el Ártico. La UE considera especialmente relevante el acceso a materias primas críticas y busca diversificar sus fuentes de abastecimiento. Canadá, por su parte, cuenta con importantes recursos minerales y energéticos que podrían adquirir mayor importancia dentro de esta estrategia.
El acercamiento también tiene una dimensión comercial. La Unión Europea y Canadá ya cuentan con el Acuerdo Económico y Comercial Global, conocido como CETA, que comenzó a aplicarse provisionalmente en 2017. La propuesta de von der Leyen apunta a avanzar desde ese esquema hacia una relación más amplia, que incluya cooperación económica y tecnológica y facilite nuevos mecanismos de integración. Bruselas y Ottawa tienen previsto profundizar estas conversaciones durante la cumbre entre Canadá y la UE que se realizará en Montreal a fines de octubre.
Para Canadá, el acercamiento con Europa forma parte de una estrategia de diversificación de sus relaciones internacionales. El Gobierno de Mark Carney viene planteando la necesidad de reducir su dependencia económica de Estados Unidos y ampliar sus vínculos comerciales y estratégicos con otros socios. Según datos difundidos por el propio Gobierno canadiense, la Unión Europea es actualmente su segundo mayor socio comercial de bienes y servicios, con un intercambio de aproximadamente 178.000 millones de dólares canadienses durante 2025.
El contexto de la iniciativa está marcado además por el deterioro de las relaciones entre Ottawa y Washington. Las disputas comerciales y los aranceles impulsados por el presidente estadounidense Donald Trump generaron nuevas tensiones entre ambos países. Trump calificó la eventual asociación entre Canadá y la UE como un posible “acto hostil” y amenazó con aplicar nuevas medidas arancelarias contra el bloque europeo si la iniciativa avanzaba.
Carney, en cambio, recibió favorablemente la propuesta europea y defendió el derecho de Canadá a definir sus propias alianzas internacionales. Durante su intervención ante el Parlamento Europeo, planteó que una relación más profunda con Europa permitiría fortalecer la autonomía canadiense y ampliar sus posibilidades de cooperación en áreas como comercio, energía, tecnología y defensa. El Gobierno canadiense ya participa además en el programa europeo SAFE de cooperación en materia de defensa, siendo el primer país no europeo en incorporarse a esa iniciativa.
El eventual acuerdo todavía deberá atravesar negociaciones políticas y jurídicas antes de transformarse en una estructura concreta. No está definido si un futuro miembro asociado tendría participación en las instituciones europeas, acceso ampliado al mercado único o algún tipo de participación en programas comunitarios. Por ahora, la iniciativa representa una señal política de acercamiento entre Canadá y Europa y abre una discusión sobre nuevas formas de asociación internacional en un escenario marcado por tensiones comerciales y cambios en las alianzas tradicionales.
Fuente: El Destape

