El Presidente, que durante años reivindicó a Margaret Thatcher y sostuvo una posición favorable a la autodeterminación de los habitantes de las islas, ahora endureció su discurso sobre Malvinas. El cambio ocurre mientras el Gobierno busca convertir la cuestión de soberanía en una nueva bandera política.
Javier Milei construyó durante buena parte de su carrera política una particular admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la Guerra de Malvinas de 1982. Sin embargo, en los últimos días el Presidente produjo un giro significativo en su discurso sobre la soberanía argentina sobre las islas y pasó a reivindicar con énfasis que “las Malvinas son argentinas por historia y por derecho”. El cambio abrió un fuerte debate político sobre las razones detrás de la nueva posición oficial.
La cuestión no es menor porque Milei había expresado anteriormente una visión diferente sobre el conflicto. En distintas oportunidades había manifestado su admiración por Thatcher y había planteado que una Argentina próspera podía lograr que los habitantes de las islas quisieran acercarse voluntariamente al país. Esa posición implicaba reconocer un lugar central a la voluntad de los isleños, en línea con el concepto de autodeterminación que históricamente sostiene el Reino Unido.
Ahora el escenario cambió. En una cadena nacional, Milei afirmó que las Malvinas pertenecen a la Argentina y cuestionó la posibilidad de que los habitantes del archipiélago puedan decidir sobre la soberanía. Además, el Gobierno anunció medidas contra empresas vinculadas con la explotación de recursos naturales en las islas y prepara un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional para enviar al Congreso. El nuevo discurso representa un contraste evidente con algunas de las posiciones que el propio mandatario había sostenido anteriormente.
Uno de los elementos que explica la tensión actual es el avance del proyecto petrolero Sea Lion, destinado a explotar hidrocarburos en aguas próximas a Malvinas. El emprendimiento es liderado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration y tiene previsto avanzar hacia la etapa de perforación. Para el Gobierno argentino, cualquier actividad hidrocarburífera realizada sin autorización argentina constituye una explotación ilegítima de recursos en un territorio cuya soberanía permanece en disputa.
La respuesta de Milei incluyó una advertencia directa a las empresas que participen de proyectos vinculados con la explotación petrolera en las islas: deberán elegir entre operar allí o hacerlo en Argentina. La estrategia apunta especialmente al enorme atractivo de Vaca Muerta, presentada por el Gobierno como una oportunidad de inversión mucho más grande y segura que el proyecto petrolero de Malvinas. Algunas grandes empresas de servicios petroleros ya anunciaron que no participarán en las actividades hidrocarburíferas del archipiélago.
El giro también tiene una dimensión política interna. Una encuesta de Management & Fit difundida recientemente mostró que el 61,1% de los consultados considera que el cambio de postura de Milei sobre Malvinas responde a una conveniencia política, mientras que el 24,7% lo atribuyó principalmente a una cuestión de convicción. El sondeo se realizó sobre 1.000 casos y tiene un margen de error informado del 3%.
La discusión aparece además en un momento particularmente sensible para el Gobierno. Con las elecciones presidenciales de 2027 en el horizonte, la administración libertaria enfrenta cuestionamientos vinculados con el poder adquisitivo, el empleo y el rumbo económico. La causa Malvinas, en cambio, conserva un enorme peso simbólico en la sociedad argentina y puede convertirse en un terreno capaz de generar consensos que atraviesen las diferencias partidarias. Para el oficialismo, el desafío será transformar ese respaldo social a la soberanía en políticas concretas y no solamente en declaraciones.
La contradicción señalada por sus críticos queda así planteada: el mismo Presidente que reivindicó a Thatcher —la líder británica durante la guerra de 1982— y que había hablado de la voluntad de los isleños como parte de una eventual solución, ahora encabeza una ofensiva diplomática y económica contra la explotación británica de Malvinas. Más allá de las interpretaciones sobre las motivaciones del Gobierno, el cambio de discurso es concreto y vuelve a colocar la soberanía sobre las islas en el centro de la agenda política argentina.
Fuente: Página 12



