Argentina tiene cada vez menos nacimientos: la crisis económica y los cambios sociales que están transformando al país

Nacimientos en Argentina
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Los nacimientos se desplomaron 47% en apenas una década y la Argentina atraviesa una transformación demográfica sin precedentes recientes. El costo de criar, la dificultad para acceder a una vivienda y la precariedad laboral se combinan con cambios culturales, nuevas formas de vincularse y una creciente postergación de la maternidad y la paternidad.

Argentina atraviesa una profunda transformación demográfica que ya comienza a modificar la estructura de su población. Entre 2014 y 2024, los nacimientos pasaron de 777.012 a 413.135, lo que representa una caída del 47% en apenas diez años. Al mismo tiempo, la tasa de natalidad descendió de 18,2 a 8,9 nacimientos cada mil habitantes. El desplome llevó a la fecundidad argentina a niveles históricamente bajos y abrió un debate que excede las estadísticas: por qué cada vez menos personas tienen hijos y qué factores están detrás de una transformación que podría tener consecuencias durante las próximas décadas.

La explicación no puede reducirse exclusivamente a la situación económica. Si bien la precariedad laboral, los ingresos insuficientes, el costo de criar y las dificultades para acceder a una vivienda aparecen entre los principales obstáculos, especialistas y organismos internacionales advierten que existe un conjunto mucho más amplio de factores. Los cambios culturales, una mayor autonomía para decidir sobre la maternidad y la paternidad, la postergación de los proyectos familiares, la transformación de las parejas y una mayor búsqueda de realización individual también intervienen en la decisión de tener hijos. UNICEF plantea que la fecundidad surge de una combinación de condiciones económicas, culturales, institucionales y vinculadas con la organización de los cuidados.

Uno de los indicadores más importantes es la tasa global de fecundidad. Según el Monitor de UNICEF elaborado con estadísticas vitales de 2024, se ubicó en 1,5 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 considerados necesarios para el reemplazo generacional. Las estimaciones más recientes utilizadas por UNFPA incluso ubican el indicador en niveles todavía inferiores. Aunque existen diferencias metodológicas y temporales entre las mediciones, todas coinciden en señalar la misma tendencia: Argentina ingresó en una etapa de fecundidad extraordinariamente baja y la velocidad de la caída constituye uno de los aspectos más llamativos del fenómeno.

La reducción tampoco comenzó exclusivamente con la actual situación económica. El quiebre se produjo alrededor de 2014 y desde entonces el ritmo de descenso se aceleró considerablemente. Uno de los cambios más destacados ocurrió entre las adolescentes, donde la fecundidad cayó a menos de la mitad. Para UNICEF, este proceso tiene un componente positivo porque una parte importante de esos embarazos no eran intencionales. El mayor acceso a información y métodos anticonceptivos permitió que muchas mujeres pudieran decidir con mayor autonomía cuándo tener hijos y en qué condiciones. El desafío aparece después: la caída de los nacimientos entre los 20 y los 29 años no fue compensada suficientemente por una recuperación en edades posteriores.

La primera encuesta nacional sobre intenciones reproductivas realizada por UNFPA junto con Voices! aporta un dato especialmente significativo: el 57% de las personas de entre 18 y 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener si no existieran determinadas limitaciones. Es decir, la caída de la natalidad no significa necesariamente que los argentinos hayan dejado de querer formar una familia. De hecho, el 65% de la población considera que tener hijos forma parte de las condiciones para alcanzar una vida plena. La diferencia está entre el deseo y la posibilidad concreta de llevar adelante ese proyecto.

En ese punto aparece con fuerza el factor económico. Según el relevamiento citado por Ámbito, el 62% de las razones que impidieron alcanzar la cantidad de hijos deseada estuvieron relacionadas con cuestiones económicas y de cuidado. El 47% mencionó dificultades económicas o financieras, el 29% señaló problemas vinculados con el desempleo o la precariedad laboral y el 27% identificó las dificultades para acceder a una vivienda digna. También aparece el déficit de espacios de cuidado infantil. Tener un hijo implica una decisión de largo plazo y, para muchas personas, la falta de estabilidad laboral, ingresos suficientes y una vivienda propia o adecuada hace que el proyecto familiar sea postergado o directamente reducido.

La desigualdad en las tareas de cuidado agrega otra dimensión fundamental. La incorporación de las mujeres a la educación y al mercado laboral avanzó mucho más rápido que la transformación de la organización doméstica. Según datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INDEC citados en el informe de UNICEF, una mujer dedica, sumando trabajo remunerado y no remunerado, alrededor de siete horas semanales más que un hombre. A esto se suma la diferencia entre las licencias por maternidad y paternidad y el hecho de que una parte importante de los trabajadores informales e independientes queda fuera de determinados esquemas de protección. Para muchas mujeres, tener hijos todavía puede significar una penalización sobre sus ingresos, su carrera profesional y sus posibilidades de desarrollo.

Los cambios en las relaciones personales también tienen un peso creciente. El relevamiento de UNFPA encontró que el 20% de quienes no pudieron concretar sus proyectos reproductivos señaló que no encontró una pareja adecuada para tener hijos. A esto se suman transformaciones en las formas de vincularse, la digitalización de las relaciones, una mayor inestabilidad de determinadas parejas y una creciente exigencia respecto de la elección de un compañero o compañera. Al mismo tiempo, tener hijos dejó de ser considerado por muchos jóvenes como una obligación natural de la adultez. Un estudio de la Universidad Austral mostró que la proporción de personas que asociaba la crianza con la realización personal pasó del 77% en 2015 al 46% en 2025. Entre quienes directamente decidieron no tener hijos, el 57,3% señaló que la maternidad o paternidad simplemente no formaba parte de su proyecto de vida.

La postergación de la maternidad y la paternidad constituye otra pieza central. La edad del primer hijo aumentó aproximadamente de los 27 a los 29 años durante la última década, pero el problema es que retrasar el momento de tener el primer hijo no necesariamente se traduce después en la cantidad de hijos inicialmente deseada. El período disponible para concretar ese proyecto se reduce y, además, aparecen factores biológicos asociados a la fertilidad. Por eso los especialistas distinguen entre quienes directamente no desean tener hijos y quienes sí los desean, pero terminan teniendo menos de los que habían proyectado. Esa diferencia es fundamental para comprender la verdadera dimensión del fenómeno.

El resultado es una Argentina que está cambiando demográficamente a una velocidad considerable. Menos nacimientos significan que en el futuro habrá menos niños y adolescentes, pero también que aumentará proporcionalmente el peso de las generaciones mayores. UNICEF advierte que hacia 2036 el país podría tener casi un millón menos de niñas y niños que en la actualidad si se mantienen las tendencias. Esto tendrá consecuencias sobre el sistema educativo, el mercado laboral, los cuidados, la salud y las políticas públicas. La respuesta, según los especialistas, no debería consistir simplemente en promover que la población tenga más hijos, sino en garantizar que quienes quieran formar una familia puedan hacerlo sin que las condiciones económicas, laborales, habitacionales o de cuidado se conviertan en obstáculos insuperables.

La caída de la natalidad argentina, en definitiva, no responde a una única causa ni puede explicarse solamente por una crisis económica. Es el resultado de una combinación de factores materiales y culturales que están modificando profundamente la manera en que las nuevas generaciones imaginan su futuro. El dato más significativo quizás sea justamente ese: todavía existe un fuerte deseo de formar familias, pero cada vez más personas encuentran dificultades para transformar ese deseo en una realidad. Argentina enfrenta así un cambio demográfico histórico que obliga a discutir no solamente cuántos niños nacen, sino también qué condiciones necesita una sociedad para que las personas puedan decidir libremente si quieren tenerlos, cuándo y cuántos.

Fuente: Ámbito

Scroll al inicio