La ONU cambia la mirada del mundo: África recupera en los mapas el tamaño que realmente tiene

africa
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Una resolución impulsada por países africanos fue aprobada por una amplia mayoría en la Asamblea General de Naciones Unidas y cuestiona una representación cartográfica que durante siglos hizo parecer mucho más pequeño al continente africano. La iniciativa apunta a promover mapas que reflejen con mayor precisión las dimensiones reales del planeta.

La Asamblea General de las Naciones Unidas respaldó una iniciativa impulsada por países africanos que busca modificar la manera en que el mundo aparece representado en los mapas. La resolución, denominada “Corregir el mapa”, consiguió 164 votos a favor, seis abstenciones y solamente un voto en contra, correspondiente a Estados Unidos. El planteo no consiste simplemente en reemplazar un mapa por otro: sus impulsores sostienen que la forma en que se representa geográficamente al planeta también puede influir en la manera en que las sociedades perciben la importancia y las dimensiones de cada región.

El centro de la discusión está puesto en la histórica proyección de Mercator, creada en 1569 por el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator. Esa representación fue diseñada principalmente para facilitar la navegación marítima, ya que permite mantener determinadas direcciones constantes y resultaba especialmente útil para quienes trazaban rutas sobre el océano. El problema es que esa ventaja técnica genera una enorme distorsión de las superficies, especialmente a medida que los territorios se alejan del Ecuador. Así, regiones del hemisferio norte aparecen visualmente mucho más grandes de lo que realmente son.

El ejemplo más llamativo es África. En muchos de los mapas que se utilizan habitualmente en escuelas, libros, medios de comunicación y plataformas digitales, el continente parece tener una superficie similar a Groenlandia. Pero la realidad geográfica es completamente diferente: África es aproximadamente 14 veces más grande que Groenlandia. La distorsión también afecta a América del Norte y Europa, cuyos territorios aparecen sobredimensionados en comparación con las regiones cercanas al Ecuador.

Para los países africanos que promovieron la iniciativa, el problema no termina en una cuestión matemática. La resolución sostiene que durante décadas esa representación contribuyó a una suerte de “minimización simbólica” de África, instalando en el imaginario colectivo una imagen distorsionada del verdadero tamaño del continente. Togo encabezó las negociaciones en nombre del grupo africano, con el respaldo de la Unión Africana, y el planteo fue presentado como una forma de “justicia cognitiva” y de reparación de una memoria histórica atravesada por relaciones de poder.

La propuesta apunta especialmente hacia representaciones alternativas como Equal Earth, una proyección desarrollada en 2018 que busca mantener una relación mucho más precisa entre las superficies reales de los continentes. A diferencia de Mercator, este tipo de mapas permite visualizar con mayor fidelidad cuánto ocupan efectivamente África, Sudamérica y otras regiones del planeta. El objetivo no es establecer que existe un único mapa perfecto, sino impulsar representaciones que no produzcan una distorsión tan marcada cuando el objetivo es comparar el tamaño territorial de los continentes.

Sin embargo, hay una aclaración fundamental: la resolución de Naciones Unidas no obliga a los países a abandonar la proyección de Mercator ni establece un nuevo mapa mundial único. La propia resolución reconoce que trasladar la superficie curva de la Tierra a una representación plana siempre implica algún tipo de deformación. Dependiendo de la proyección utilizada, pueden alterarse las superficies, las formas, las distancias o las direcciones. Por eso, cada sistema cartográfico puede resultar útil para determinados objetivos, aunque no todos sirven de la misma manera para comparar tamaños territoriales.

Lo que sí cambia con la votación es el peso político y simbólico de una discusión que durante mucho tiempo quedó encerrada en el ámbito de la cartografía. Con 164 países respaldando la iniciativa, los gobiernos africanos consiguieron instalar en la agenda internacional una pregunta incómoda: cuánto de lo que consideramos una representación “normal” del mundo responde en realidad a decisiones históricas tomadas por razones técnicas, políticas y culturales. El debate sobre los mapas termina así convirtiéndose también en un debate sobre quién construye las imágenes con las que las sociedades aprenden a mirar el planeta.

La iniciativa africana no va a hacer desaparecer de un día para otro los mapas de Mercator, pero puede acelerar un cambio en ámbitos educativos, institucionales y comunicacionales. La discusión apunta a que, cuando se quiera mostrar el tamaño real de los territorios, se utilicen herramientas que no reproduzcan una distorsión histórica. En definitiva, Naciones Unidas no está cambiando la geografía: está poniendo en discusión la manera en que durante siglos aprendimos a verla. Y quizás ahí esté la parte más interesante de esta historia: el mapa no cambia el mundo, pero puede cambiar la forma en que lo entendemos.

Con ayuda de la Nueva Mañana

Scroll al inicio