La Guardia Revolucionaria iraní advirtió que los países que colaboren con Washington en Medio Oriente enfrentarán represalias y sostuvo que el estratégico paso marítimo continuará cerrado mientras persistan los bombardeos y la presencia militar estadounidense en la región.
La tensión entre Irán y Estados Unidos vuelve a escalar y tiene al estrecho de Ormuz como uno de los principales escenarios de disputa. La Guardia Revolucionaria Islámica advirtió que cualquier país que colabore con Washington recibirá una “dura respuesta” si mantiene su respaldo a las acciones estadounidenses en la región. La advertencia se produjo mientras Teherán ratificó que el estratégico paso marítimo continuará cerrado mientras continúen los ataques y la presencia militar de Estados Unidos. La amenaza coloca nuevamente a los países del Golfo y a las principales rutas comerciales internacionales en el centro de una crisis que puede tener consecuencias mucho más allá de Medio Oriente.
En un comunicado difundido por la televisión estatal iraní IRIB, la Guardia Revolucionaria sostuvo que los países que presten ayuda al “agresor” deberán afrontar las consecuencias de sus decisiones. La declaración constituye una advertencia directa a los gobiernos que permitan utilizar sus territorios, instalaciones, puertos o recursos logísticos para facilitar las operaciones estadounidenses. Teherán busca de esta manera elevar el costo político y militar de cualquier participación regional en la ofensiva de Washington y, al mismo tiempo, dejar claro que considera cualquier apoyo a Estados Unidos como una intervención directa en el conflicto.
El estrecho de Ormuz ocupa un lugar central en esta disputa porque se trata de una de las principales vías marítimas para el transporte internacional de petróleo y gas. Su ubicación, entre Irán y Omán, convierte cualquier interrupción de la navegación en un problema de alcance global. Durante los últimos meses, Teherán y Washington han mantenido posiciones enfrentadas sobre el estado del paso marítimo: mientras Irán sostiene que tiene capacidad para controlar y restringir la circulación, Estados Unidos afirma que sus fuerzas están preparadas para garantizar la navegación comercial.
La Guardia Revolucionaria también afirmó que dos petroleros intentaron abandonar el estrecho bajo la dirección de aeronaves estadounidenses y que posteriormente ambos regresaron luego de que se registrara un incendio en uno de ellos. Sin embargo, esa versión no pudo ser verificada de manera independiente y las autoridades iraníes no presentaron pruebas suficientes para confirmar el episodio. El dato resulta relevante porque muestra hasta qué punto la disputa por Ormuz combina movimientos militares concretos con una intensa batalla comunicacional entre las partes involucradas.
La posición iraní no surgió de manera aislada. En mayo, las autoridades militares de Teherán ya habían advertido que los países que aplicaran las sanciones impulsadas por Estados Unidos enfrentarían dificultades para utilizar el estrecho. En aquella oportunidad, un portavoz del Ejército iraní afirmó que su país ejercía un control “fundamental y estratégico” sobre la zona y había establecido un nuevo sistema jurídico y de seguridad para regular el paso. La amenaza actual representa, por lo tanto, una profundización de una estrategia que busca utilizar el control de Ormuz como herramienta de presión económica y geopolítica.
El conflicto también amenaza con involucrar progresivamente a los países vecinos. Irán ya advirtió que cualquier Estado de la región que se sume a la ofensiva económica estadounidense será considerado enemigo y podría convertirse en blanco de represalias. Entre las amenazas mencionadas aparecen incluso intereses comerciales y rutas alternativas utilizadas para transportar petróleo fuera del estrecho. La advertencia incrementa la presión sobre los gobiernos del Golfo, que mantienen relaciones estratégicas con Washington pero también tienen fuertes intereses económicos en evitar que el conflicto se extienda a sus territorios.
Del otro lado, Estados Unidos sostiene una presencia militar destinada a garantizar el tránsito por la zona y ha dejado claro que considera el estrecho de Ormuz un punto estratégico que no puede quedar bajo control exclusivo de Teherán. La disputa se produce en un escenario de enfrentamientos militares, sanciones económicas y una creciente presión internacional sobre los países que mantienen vínculos comerciales con Irán. En las últimas semanas, Washington incluso profundizó su estrategia económica contra Teherán, amenazando con sanciones a gobiernos y empresas que mantengan determinadas relaciones financieras con la República Islámica.
La advertencia iraní vuelve a poner al estrecho de Ormuz en el centro de una crisis que puede afectar tanto la seguridad regional como la economía mundial. Cualquier interrupción prolongada del tránsito marítimo puede generar presiones sobre el precio de la energía, las cadenas de abastecimiento y el comercio internacional. Por ahora, Teherán sostiene una postura de máxima presión y amenaza con responder contra quienes colaboren con Washington, mientras Estados Unidos intenta reforzar su posición militar y económica. La posibilidad de una escalada dependerá, en buena medida, de si ambas potencias logran abrir nuevamente una vía de negociación o si la disputa por Ormuz termina convirtiéndose en un nuevo frente de confrontación directa.
Fuente: Infonews



