La reconocida cineasta argentina Lucrecia Martel será distinguida con un Doctorado Honoris Causa, un reconocimiento que busca destacar no solo su trayectoria y su aporte al cine, sino también la profundidad de una obra atravesada por la mirada crítica sobre la sociedad, la cultura y las desigualdades. La distinción pone en valor una carrera que convirtió a la realizadora salteña en una de las figuras más influyentes del cine argentino contemporáneo.
La distinción fue otorgada por la Universidad Nacional de Córdoba y aprobada por unanimidad por su Consejo Superior, a partir de una propuesta impulsada conjuntamente por las facultades de Artes, Ciencias Sociales y Filosofía y Humanidades. La ceremonia se realizó el viernes 14 de agosto en una Sala de las Américas colmada, con la presencia de autoridades universitarias, estudiantes y representantes de la comunidad cultural.
Los fundamentos de la UNC destacan que la filmografía de Martel construye una mirada profundamente situada en la realidad argentina y latinoamericana, pero con una proyección internacional. Su obra aborda las desigualdades sociales, las relaciones de poder, la memoria, el colonialismo, las problemáticas de género, las cuestiones ambientales y los derechos de los pueblos indígenas.
El reconocimiento también trasciende sus películas. La Universidad puso en valor su tarea como escritora, conferencista y pensadora, así como su participación en debates vinculados con la cultura, la política y los desafíos contemporáneos. Entre las obras destacadas en su trayectoria se encuentran La ciénaga, La niña santa, La mujer sin cabeza, Zama y Nuestra tierra, además de cortometrajes, documentales y el libro Un destino común.
Luego de recibir la distinción, Martel brindó la conferencia magistral “Donde empiezan y terminan las cosas”, en la que dejó una serie de reflexiones sobre el presente argentino, el deterioro de la conversación pública y la necesidad de reconstruir formas de encuentro colectivo. La cineasta cuestionó la lógica de la agresión como forma dominante de resolución de los conflictos y llamó a recuperar el intercambio simbólico.
Durante su exposición, también planteó una fuerte reflexión sobre la situación del país. Martel sostuvo que existe una crisis de pensamiento, de representación política y de construcción colectiva, y consideró necesario generar nuevos consensos para imaginar un futuro común. Sus palabras estuvieron atravesadas por una mirada crítica sobre la cultura, la economía y la responsabilidad de los distintos sectores sociales en la construcción del presente.
Otro de los ejes de su intervención estuvo vinculado con el cine y las narrativas dominantes. Martel cuestionó los modelos que concentran la acción en la figura de un héroe y propuso pensar en la capacidad colectiva de quienes habitualmente aparecen como espectadores o “extras” para intervenir en la construcción de su propio futuro. Para la realizadora, el arte y el cine también pueden convertirse en herramientas para imaginar otras formas de organización y de relación con el mundo.
La distinción de la UNC se suma a otros reconocimientos académicos recibidos por la cineasta durante 2026. En marzo, la Universidad Provincial de Córdoba la había distinguido como Profesora Honoraria por su trayectoria y sus aportes a la narrativa audiovisual, consolidando su vínculo con las instituciones educativas y culturales de la provincia.
El Doctorado Honoris Causa otorgado a Lucrecia Martel reconoce, entonces, mucho más que una carrera cinematográfica. La Universidad Nacional de Córdoba distinguió a una artista cuya obra se convirtió en una herramienta de reflexión sobre las desigualdades, la memoria, los pueblos originarios, el ambiente y las formas en que la sociedad construye sus relatos. En una ceremonia cargada de reconocimiento y reflexión, Martel volvió a proponer una idea central: frente a un mundo atravesado por conflictos y fragmentaciones, la construcción colectiva y la capacidad de pensar un destino común siguen siendo una tarea indispensable.
Con ayuda de La Nueva Mañana



