Con una contundente movilización en el centro de Córdoba, organizaciones sociales, campesinas, sindicales, estudiantiles, ambientales y políticas enviaron un mensaje que atravesó todo el país: la tierra no se negocia y la soberanía no se entrega. La protesta se produjo luego del fuerte rechazo que despertó el proyecto impulsado por el Gobierno nacional para modificar el régimen de propiedad de tierras rurales, una iniciativa que finalmente quedó sin efecto, pero que dejó abierta una discusión de fondo sobre el modelo de país.
Las columnas comenzaron a concentrarse durante la tarde y rápidamente transformaron las calles céntricas en un escenario de fuerte contenido político. Entre banderas argentinas, pancartas y consignas en defensa de la soberanía, miles de manifestantes expresaron su rechazo a cualquier intento de flexibilizar los límites para la compra de tierras por parte de capitales extranjeros. Para los organizadores, el retiro del proyecto no significa el final del debate, sino apenas una batalla ganada en una disputa que consideran mucho más profunda.
Durante la movilización se escuchó una idea que se repitió una y otra vez: la tierra no puede ser tratada como una mercancía más. Los distintos oradores advirtieron que permitir una mayor concentración de tierras en manos extranjeras comprometería recursos estratégicos como el agua, los minerales, los bosques y la producción de alimentos. “Sin tierra no hay soberanía; sin soberanía no hay Nación”, fue una de las consignas más repetidas por los presentes.
La protesta reunió a un amplio abanico de sectores que habitualmente no confluyen en una misma convocatoria. Participaron organizaciones campesinas, pueblos originarios, gremios, estudiantes universitarios, agrupaciones ambientales y referentes de derechos humanos, además de dirigentes políticos de distintos espacios. Esa diversidad fue interpretada por los organizadores como una señal de que la discusión excede cualquier bandera partidaria y toca un tema considerado estratégico para el futuro del país.
En varios discursos también hubo fuertes críticas al modelo económico impulsado por el presidente Javier Milei. Los manifestantes sostuvieron que la propuesta de modificar la legislación sobre tierras formaba parte de una lógica más amplia de desregulación y privatización de recursos estratégicos. Según plantearon, el intento de avanzar sobre la propiedad de la tierra se suma a otras medidas que, a su entender, buscan reducir la capacidad del Estado para intervenir en áreas consideradas sensibles.
Otro de los ejes que atravesó la jornada fue la preocupación por el avance de grandes grupos económicos sobre territorios rurales. Referentes de organizaciones sociales advirtieron que la concentración de la propiedad limita el desarrollo de pequeños productores, dificulta el arraigo de las comunidades rurales y profundiza las desigualdades territoriales. También señalaron que la tierra representa mucho más que un activo económico: es identidad, producción, cultura y futuro.
Aunque el Gobierno nacional decidió retirar el capítulo de la reforma relacionado con la extranjerización de tierras, desde las organizaciones convocantes aseguraron que mantendrán el estado de alerta. Consideran que la iniciativa podría volver a plantearse bajo otro formato y remarcaron que la movilización demostró que existe una importante capacidad de organización cuando se discuten cuestiones vinculadas con la soberanía nacional.
La jornada dejó una imagen difícil de ignorar: miles de personas ocupando las calles de Córdoba para defender un recurso que consideran irrenunciable. Más allá del desenlace legislativo, la movilización volvió a instalar una pregunta de fondo que divide aguas en la política argentina: ¿la tierra debe responder únicamente a las reglas del mercado o constituye un patrimonio estratégico que el Estado debe proteger? La respuesta de quienes marcharon fue contundente. Para ellos, Argentina no está en venta.
Fuente: Elaboración propia de Multimedio Mordisquito



