La combinación de caída de los ingresos, aumento del costo de vida y mayor dependencia del crédito llevó a millones de argentinos a una situación financiera crítica. Un informe basado en datos del Banco Central y estudios privados advierte que la morosidad alcanzó niveles récord y que una parte importante de los deudores ya es considerada incobrable, reflejando el deterioro de la economía de los hogares.
La crisis de ingresos modificó profundamente la forma en que las familias argentinas administran su economía cotidiana. Lo que antes era una herramienta para financiar compras importantes hoy se convirtió en un recurso para cubrir gastos básicos como alimentos, medicamentos, servicios públicos y vestimenta. El resultado es un crecimiento acelerado del endeudamiento familiar, acompañado por un fuerte aumento en los incumplimientos de pago.
Según datos citados en el informe, el índice de morosidad pasó del 2,6% en diciembre al 13% en la actualidad. Esto significa que alrededor de siete millones de personas registran atrasos en sus obligaciones financieras. Dentro de ese universo, más de la mitad son catalogadas como “deudores incobrables”, una categoría que refleja serias dificultades para regularizar sus compromisos económicos en las condiciones actuales.
El relevamiento también revela un cambio preocupante en el destino del crédito. De acuerdo con una encuesta de la consultora Centrix, el 61,9% de los argentinos tomó deuda durante los últimos seis meses para afrontar gastos esenciales. En muchos casos, las tarjetas de crédito dejaron de utilizarse para consumos extraordinarios y comenzaron a financiar compras habituales en supermercados, farmacias y el pago de servicios.
Los especialistas describen un circuito que se repite en miles de hogares. Primero aparece el pago mínimo de la tarjeta de crédito para aliviar el gasto mensual. Luego se acumulan intereses, se solicitan préstamos personales para cancelar otras obligaciones y, finalmente, las familias ingresan en una espiral de endeudamiento de la que resulta cada vez más difícil salir. Ese proceso también afecta a pequeños comercios y pymes, que enfrentan mayores niveles de mora y caída del consumo.
El deterioro de la capacidad de pago está estrechamente vinculado con la evolución de los ingresos. Aunque la inflación mostró una desaceleración respecto de años anteriores, numerosos análisis indican que el poder adquisitivo continúa bajo presión debido al aumento de tarifas, la expansión del empleo informal y la pérdida del ingreso disponible de muchas familias.
El crecimiento de la morosidad también genera preocupación en el sistema financiero. Un incremento sostenido de los créditos impagos obliga a bancos y entidades financieras a reforzar previsiones por incobrabilidad y restringir el otorgamiento de nuevos préstamos, lo que termina reduciendo aún más el acceso al crédito para consumidores y empresas.
Economistas coinciden en que revertir esta situación requerirá una mejora sostenida de los ingresos reales, mayor generación de empleo formal y una recuperación del consumo interno. Mientras tanto, millones de familias continúan dependiendo del crédito para llegar a fin de mes, una dinámica que evidencia la fragilidad económica de una parte importante de la sociedad argentina.
Fuente: Infonews



