Nuestra independencia

independencia de los pueblos libres
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En épocas de mundial, a veces se exacerban algunos nacionalismos, y sobre todo en temporada de locro, cuando las fechas patrias se confunden con meros feriados o tradiciones gastronómicas. Pero siempre es bueno dar una vuelta de tuerca a esas fechas. La próxima, será el 9 de julio.

Pero en realidad, nuestra independencia es el 29 de junio, por eso escribo estas líneas hoy. Porque hace 211 años, José Gervasio Artigas, en Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay) declaraba la independencia de la Liga Federal, que abarcaba la Banda Oriental, Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba. Fue el 29 de junio de 1815.

Este hecho, ocurrido un año antes del 9 de julio de 1816, puede ayudarnos a entender, también, por qué pasaron 6 años entre el 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816.

Al principio, la Revolución de Mayo no significó una ruptura con España, al punto que la Primera Junta juró en nombre de Fernando VII, preso de Napoleón Bonaparte. Pasó el tiempo y las Provincias Unidas del Río de La Plata empezaron su derrotero. El año 1811 fue prácticamente un año de empantanamiento, con Mariano Moreno muerto y Juan José Castelli encarcelado, hasta que la Junta Grande dio paso al Primer Triunvirato. Pero en 1812 se dinamizó el proceso político, con la creación de la Bandera por parte de Manuel Belgrano en febrero, la llegada de José de San Martín en marzo, el Éxodo Jujeño en agosto, la Batalla de Tucumán en setiembre y el reemplazo del Primer Triunvirato (donde Rivadavia tenía el poder) por el Segundo Triunvirato.

Ese cambio de gobierno, propiciado por San Martín, marcó un giro hacia una alternativa más progresista. Se convocó a la Asamblea del año 13, donde se decidieron temas importantes: el fin de los títulos de nobleza, la Inquisición y los métodos de tortura, la libertad de vientres, entre otros. Pero quedó una cuestión irresuelta, la declaración de la independencia.

Para ese momento, la llamada «Máscara de la Monarquía» se caía a pedazos. Esa supuesta fidelidad a Fernando VII ya quedaba en entredicho desde la mismísima creación de una bandera, máximo símbolo de soberanía e independencia de un pueblo. Esa actitud de Belgrano era lo que había molestado tanto a Rivadavia, generando su enojo y sus reprimendas.

Quien más compartía esta visión con Belgrano era Artigas, que envío a sus representantes al Congreso del Año 13 con instrucciones muy precisas: declarar la independencia, adoptar una forma de gobierno republicana y federal y que la capital no estuviera en Buenos Aires. Esos diputados fueron rechazados por la Asamblea, bajo la excusa de que al haber sido elegidos en campamentos militares no eran democráticos. En realidad, eran mucho más democráticos que los otros, porque en el proyecto artiguista todo se decidía en asamblea. Su lema era: «Mi autoridad emana de vosotros, y ella cesa ante vuestra presencia soberana».

Esa fue una oportunidad perdida, y el inicio de un distanciamiento inevitable entre las Provincias Unidas con epicentro en Buenos Aires y el proyecto artiguista, que, además de ser democrático, era ecologista, y tenía pilares como la igualdad de género. Las mujeres podían ocupar cargos públicos y rangos militares; también los afrodescendientes, su principal asesor era «El Negro Ansina»; y los pueblos originarios, su principal general era Andrés Guacurarí, un indio guaraní.

Ese es el proyecto que se extiende por todas las provincias ya mencionadas y que el 29 de junio de 1815 va a declarar la independencia de la Liga Federal. Tal es así que ninguna de las provincias mencionadas (Banda Oriental, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe) mandaron representantes al año siguiente al Congreso de Tucumán. Solo lo hizo Córdoba, que había estado en Arroyo de la China y también estuvo en Tucumán, jugando a dos puntas.

Pero la Liga Federal fue un verdadero Estado independiente con bandera, moneda, territorio, gobierno y población, que coexistió con las Provincias Unidas del Río de La Plata por lo menos hasta 1820. Luego de la firma del Tratado del Pilar, la traición de Pancho Ramírez y Estanislao López dejó solo a Artigas, que, después de caer derrotado en Tacuarembó, se retiró a su largo exilio en el Paraguay, hasta su muerte en 1850.

Durante esos 30 años, y con un Uruguay independiente, Artigas nunca quiso volver a su tierra, porque ese no era su proyecto. Nunca imaginó una Banda Oriental separada del resto de la Patria. Lo que quería era un proyecto democrático, nacional, popular y federal, como fue la Liga Federal, fundada un 29 de junio de hace 211 años. El proyecto que aún tenemos pendiente de hacer.

Por Mariano Saravia

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