La Patria consultorista

Agro
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Un estudio de la Fundación Mediterránea explica por qué a pesar de la bondad infinita de las exportadoras extranjeras y del sacrificio de los productores agropecuarios, Argentina no es tope de gama entre sus competidores a causa de las retenciones. Lo fenomenal es analizar cómo describen la dependencia de nuestro sistema productivo; la concentración de la producción y la propiedad; y el saqueo como sistema.

La semana pasada, el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea publicó un informe donde se analizan los costos principales de la producción agropecuaria, haciendo foco en los principales insumos y en los precios de la maquinaria convencional. El trabajo compara a nuestro país, con los que serían nuestros principales competidores continentales: Brasil, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos.

Dicen también que Argentina “mejoró su posición relativa en costos de producción” frente a los países con los que se realizó la comparación, aunque las terminologías utilizadas no alcanzarían a describir la situación en su dimensión. Hablan de un supuesto problema de “competitividad sectorial” cuando lo que realmente acontece es la situación de dependencia estructural y la dinámica intrínseca de concentración del sector.

El informe relevó y actualizó precios a los meses de abril y mayo pasados, e hizo hincapié en fertilizantes, herbicidas, fungicidas, combustible, maquinarias y fletes. Afirman que la posición argentina es mejor a la de doce meses atrás, aunque la tendencia a progresar continúa viéndose frenada por causa de los Derechos de Exportación (DEX o retenciones).

Como una gran revelación, el documento afirma que el problema central no serían los costos en sí, sino el ingreso final que obtienen los productores, que es menor -en términos relativos- al que perciben sus pares de los países competidores.

Dicen que “la razón es conocida”. Que Brasil, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos no apliquen impuestos a las exportaciones configura una problemática estructural que pondría a los productores argentinos en desventaja.

Sin embargo, el documento de la entidad cordobesa no analiza un factor preponderante en el resultado final. En Argentina, las exportadoras transfieren directamente al productor los montos a pagar en impuestos, sin afectar su propia tasa de ganancia; al mismo tiempo que son las principales proveedoras directas e indirectas de insumos y servicios para la producción.

En criollo: las firmas exportadoras son las que le manejan al productor su esquema de costos y su rentabilidad posible.

Esta dinámica, al ser cada vez más avasallante, “saca productores del campo”. Por lo tanto, ocurren dos fenómenos simultáneos aumenta el grado de dependencia hacia las empresas extranjeras en la misma proporción que aumenta la concentración de la producción y la tenencia de la tierra.

Por lo demás, compartimos seguidamente el cuadro comparativo elaborado por el IERAL. Está bien hecho. Es claro y fácil de interpretar; con precios, ítems y unidades de medida.

Los promedios en color verde, muestran en qué porcentaje sería “beneficiado” el productor argentino en comparación con los otros países. En rojo, los “perjuicios”.

Para cerrar, una reflexión inicial sin demasiada elaboración respecto de las “consultoras”, Institutos y Centros de Estudio. Se multiplican por docenas. Todas procesan datos oficiales o de fuentes privadas con mayor prestigio en el mercado, y elaboran informes en base a interpretaciones según su sesgo ideológico.

Eso no está mal en sí. Lo importante es saber para quién o qué proyecto de país juegan.

Las empresas o entidades con mayor circulación en los grupos de decisión, coinciden en interpretaciones que avalan el actual modo de producción, distribución y saqueo que impera en Argentina.

No lo dicen abiertamente. Ese sentido hay que decodificarlo a partir de la lectura y análisis de los informes que circulan.

LO preocupante es que no surgen o no poseen amplia difusión “consultoras”, Institutos o Centros de Estudio con tras agendas, con otras interpretaciones. Las hay en buena cantidad, pero no cuajan.

La diferencia está no en el poder de difusión y llegada, sino en la solidez de coordinación entre ellas y el proyecto de país que impulsan.

Es necesario comenzar a ampliar el espectro y el criterio. Estas páginas están a disposición.

Por Pablo Casals

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