Un sector interno de la Confederación General del Trabajo (CGT) impulsará en la próxima reunión del Consejo Directivo la propuesta de un paro nacional de 36 horas contra el gobierno de Javier Milei. La iniciativa profundiza las diferencias dentro de la central obrera entre los sectores más duros y la conducción dialoguista.
Un grupo de sindicatos dentro de la Confederación General del Trabajo (CGT) llevará a la próxima reunión del Consejo Directivo una propuesta para avanzar en un paro nacional de 36 horas, en rechazo a las políticas del gobierno de Javier Milei, especialmente en materia laboral y de negociación colectiva.
La iniciativa surge en un contexto de creciente tensión interna dentro de la central obrera, donde conviven posturas enfrentadas respecto a la estrategia de protesta. Mientras el sector mayoritario impulsa medidas escalonadas y protestas sectoriales, un grupo de gremios considera que esas acciones resultan insuficientes.
Entre los sindicatos que promueven la medida más dura se encuentran organizaciones vinculadas al transporte y al sector gastronómico, que vienen reclamando una respuesta más contundente frente a la política económica y laboral del Ejecutivo nacional.
La discusión se da en el marco de un clima de conflicto sindical creciente, en el que distintos espacios gremiales ya habían impulsado en meses anteriores medidas de fuerza de mayor duración, incluyendo paros de 24 horas combinados con movilizaciones extendidas.
El sector más combativo dentro de la CGT sostiene que la estrategia de paros escalonados diluye el impacto de las protestas y no logra frenar las reformas impulsadas por el gobierno nacional, particularmente aquellas vinculadas a la flexibilización de convenios colectivos.
En paralelo, la conducción de la CGT mantiene una postura más moderada, orientada a combinar acciones judiciales con medidas de fuerza progresivas, con el objetivo de sostener la unidad interna de la central obrera en medio de las diferencias.
La definición final sobre la propuesta de paro de 36 horas quedará en manos del Consejo Directivo, que deberá evaluar si existe consenso suficiente para avanzar con una medida de ese alcance o si se impondrá nuevamente una estrategia de protestas sectoriales.
El debate refleja una interna cada vez más visible dentro del sindicalismo argentino, donde la discusión ya no se limita a la relación con el gobierno, sino también a la conducción y el rumbo político de la propia CGT.



