Salta: Cuando tres futbolistas etíopes encontraron asilo en la provincia

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Que los mundiales dejan anécdotas, sorpresas e historias para contar, no cabe ninguna duda. Sin embargo, la Copa del Mundo Sub-20 organizada por Argentina en 2001 dejó en la norteña sede de Salta, una crónica más parecida a un cuento de Osvaldo Soriano que a lo que engloba una competencia deportiva.

Es que la simpática selección de Etiopía, una de las cuatro que competirían en el Grupo E, disputado íntegramente en Salta, dejará anécdotas en tierras güemesianas, al comienzo del torneo, durante y, sobre todo, después.

Para dar un contexto, es preciso enmarcar esta Copa Sub-20, disputada en el país entre el 17 de junio y el 8 de julio de 2001. Ese Mundial resultó histórico para Argentina ya que por primera vez fue anfitriona de una Copa de esta categoría.

Luego de las etapas clasificatorias continentales, 24 selecciones llegaron a competir en el encuentro mundial, reuniendo a muchos de los futbolistas que poco tiempo después se convertirían en figuras destacadas del fútbol internacional.

Para desarrollar el torneo, los países clasificados fueron divididos en 6 grupos y 6 sedes diferentes, significando en muchos casos importantes obras de infraestructura. Y en este marco en Salta se inauguró el estadio que poco tiempo después llevará el nombre Padre Ernesto Martearena, siendo el único construido especialmente para la ocasión.

El Grupo con sede salteña

El Grupo E de la Copa del Mundo estuvo integrado por las selecciones de Costa Rica, Ecuador, Países Bajos y Etiopía, una zona que se disputó íntegramente en la ciudad de Salta, utilizando como escenario el estadio recientemente inaugurado.

Si bien cada una de las selecciones representaba un atractivo especial para el público local, sin duda la que le aportaría más color (y enigma) sería la de Etiopía, ya que por su lejanía geográfica y sus rasgos idiosincráticos disímiles a los salteños, serían rápidamente “adoptados” por el público local.

Los etíopes llegaron más temprano que otras selecciones y aprovecharon ese tiempo para practicar en campos de juego mejores adaptados de los que tenían en su tierra de origen. Es por esto que desde semanas antes de comenzar la competencia oficial, se pueden leer crónicas periodísticas en diversos medios locales sobre partidos amistosos y de preparación.

“Etiopía trabaja y espera. Ayer venció al juvenil antoniano por tres a cero”, decía el titular y la volanta del diario El Tribuno, “desde su arribo a suelo salteño el plantel etíope está compenetrado en el trabajo de llegar en la mejor forma futbolística a la iniciación del torneo. Durante la práctica de ayer frente a la primera local de Juventud Antoniana, en cuyo cotejo vencieron por tres a cero goles convertidos por Fekadu Belay Derec (2) y Andargache Solomon Melkam, mostró mayor solidez en el juego de tres cuartos de cancha hacia adelante”.

Otro titular de días posteriores narraba: “Con la mente en los ecuatorianos”, refiriéndose a su debut próximo agregaba que el plantel continuaba puliendo los últimos detalles para el debut frente a Ecuador, “el seleccionado de Etiopía cumplió ayer con una nueva jornada de entrenamiento, iniciando de esta forma la penúltima semana de trabajo antes del inicio del Mundial Juvenil Sub-20”.

Para tal fin, el representativo del continente africano se dirigió a la cancha de Juventud Antoniana y ensayó a puertas cerradas. Diego Garzetto, su entrenador, enfocaba el objetivo en el primer compromiso mundialista de la selección etíope.

Sin embargo, en cada una de las crónicas, los ribetes de color extrafutbolísticos, cobraban mayor relevancia. “Para los etíopes, el viaje hacia Argentina les resultó bastante gratificante, en el sentido de que es la primera vez que salen del continente africano. Lo que más le llama la atención en Salta, es el respeto de la gente”.

Los medios locales, sin embargo, continuaban enfocando su curiosidad en temas meramente cotidianos. “Durante los tres primeros días de la estadía de la delegación etíope en Salta no hubo ningún problema con el tema de la alimentación. Pero en esta semana los encargados de preparar la comida, en el hotel donde están alojados, se vieron en algunos aprietos para tratar de satisfacer el apetito de los africanos (…) como practicantes de la religión musulmana, por ejemplo, no comen jamón, ya que dicho alimento proviene del cerdo. Otra de las características que se observó fue el rechazo del queso”.

Así, el combinado de Etiopía se preparaba a la vista del curioso y hospitalario público salteño. Sin embargo, un dato que con el tiempo cobrará aún más relevancia llama poderosamente la atención. “Existe un estricto control del plantel por parte del cuerpo y también de los dirigentes. Los jugadores a las 22 tienen que encontrarse en sus respectivas habitaciones, y aunque estos se mostraron muy reconfortados con el trato de la gente de Salta e hicieron notar que quieren retribuir esta atención por el medio que consideran conveniente para hacerse entender, hasta el momento fueron prohibidos a mantener contacto con el público”.

Preparados para los cotejos históricos en la Copa del Mundo, los deportistas del continente africano comenzarían su participación en un grupo que, a priori, suponía un desafío muy importante contra equipos bien conformados de Sudamérica y Europa.

En aquella primera ronda, sin duda la gran sorpresa la daría Costa Rica al lograr un puntaje perfecto. En tanto, Ecuador y Países Bajos terminarían igualados con cuatro puntos, aunque los sudamericanos obtendrían el segundo puesto por diferencia de goles. Por su lado, la selección de Etiopía, ya abrazada por los salteños, finalizaría en la cuarta posición sin sumar puntos.

Sin embargo, para los etíopes, la experiencia mundialista, y salteña en particular, representará mucho más que tres partidos a 12.000 kilómetros de distancia de su tierra natal.

Tres etíopes en tierra güemesiana

Etiopía situado en el emblemático Cuerno de África, cuenta entre sus rasgos más distintivos el hecho de haber sido uno de los pocos países africanos que logró mantener su independencia durante el proceso de expansión colonial europea, a diferencia de gran parte del continente, que quedó bajo el dominio de las potencias occidentales.

Pese a esa singular trayectoria histórica, el país enfrentaba importantes desafíos al comenzar el siglo XXI. Aquella nación africana, ubicada a más de 12.000 kilómetros de Salta, atravesaba las secuelas de la guerra fronteriza que había mantenido con Eritrea entre 1998 y 2000, un conflicto que dejó profundas consecuencias humanas, económicas y sociales. A ello se sumaba una compleja crisis política interna dentro del partido gobernante, escenario que contribuía a generar un clima de incertidumbre y tensión.

Será esa crisis una de las razones por las cuales, de la noche a la mañana, tres jóvenes deportistas de aquel equipo integrante del Grupo E de la Copa Mundial Sub-20, desaparecerán de la noche a la mañana.

“Los tres etíopes se esfumaron como una voluta de humo en la noche salteña. A las 4.30 de la madrugada, una cámara de seguridad del hotel Presidente registró su partida hacia ninguna parte”, relata el periodista Gustavo Veiga en una crónica de aquellos hechos.

Veiga, periodista de Pagina/12, continúa relatando lo último que se supo de los futbolistas por intermedio del dueño de un locutorio, situado en la calle Balcarce al 300 de la capital salteña: “‘No tenían ni un cobre’, comentó el comerciante tras un intento de navegación frustrado en Internet’”.

Entonces, ¿dónde estaban los etíopes Ismail, Solomon y Hussein (o Hesham)? Fueron días de silencio, conjeturas, habladurías, teorías conspirativas, románticas y novelescas. Sin embargo, el 3 de julio el dario El Tribuno publica una foto en la portada donde se ve a los etíopes en una típica mesa familiar con mirada esquiva hacia los flashes, y un titular que reza: “Los etíopes se quedaron en Salta”.

“Los etíopes piden un hábeas corpus. Los tres tienen 18 años, hace una semana que no salen de la casa donde se refugiaron. Apelan a la humanidad de las autoridades para no regresar a Etiopía. Los tres jugadores del Sub-20 fueron ‘adoptados’ por una familia salteña. Les pusieron un abogado que busca evitar su expulsión con un hábeas corpus”, se explaya en el interior el matutino salteño develando a grandes rasgos la situación de los futbolistas africanos.

Las noticias hablan de que Getachew Solomon, Abubakar Ismail y Semann Hesham abandonaron el hotel en el que se alojaba la delegación de su país, la cual había regresado días antes, refugiándose con una familia local. “Más allá del afecto, no hay noviazgo de por medio”, aclaran los cronistas desmintiendo la hipótesis de una posible relación amorosa.

Cierto es que, según las informaciones, la Policía los había buscado en Salta y en otras ciudades del norte del país sin resultados positivos, mientras ellos permanecían cobijados en la casa familiar de Luisa, Juan Carlos y Verónica, ubicada en el barrio Mosconi, nacido a la vera de los rieles del tren linderos a la ex estación Chachapoyas, zona norte de la capital salteña.

“El domingo hicieron empanadas con su ‘mamá’ Luisa Cuevas: se distribuyeron las tareas entre picar la cebolla y el huevo duro (…) Ismail dice que no tienen miedo porque la gente de Salta es muy agradable (…) quieren estudiar (Historia y Artes) además de jugar al fútbol. Contó que llamó por teléfono a sus padres y que ellos mismos le pidieron que no regrese a Etiopía hasta que se mejore la situación política y social”, relata la crónica del 3 de julio generando los primeros sincretismos norteños.

“Parecen tres pollitos. Lloro y sufro porque no pueden volver. Si no, los van a matar (…) Queremos que se puedan movilizar con tranquilidad, porque no son delincuentes. Cuando hay sol, salen al patio y jugamos al yenga y al gallito ciego, pero necesitan una respuesta favorable’”, describe Luisa, la dueña de casa.

Con el título “No van a detener a los tres jugadores etíopes”, el 4 de julio, el mismo diario mostraba una foto de dos de los deportistas junto a su madre postiza y anfitriona, caminando por las calles de tierra del barrio Mosconi mientras varios niños los rodeaban curiosos. Los vecinos se amontonaban para saludarlos, al fin y al cabo, posiblemente fuera la primera y última vez que futbolistas etíopes pisaran la barriada.

Una semana después, el tema sigue en la agenda salteña. El jueves 12 de julio una nota en página central, visualiza una imagen mucho más distendida de los etíopes en la redacción del mencionado diario provincial con un sugerente título “Escape del infierno”.

El informe del fallecido periodista Gustavo Ruiz abunda en detalles, no solo de la vida de Ismail, Solomon y Hussein, sino también del trato de cuidado hacia el interior de la nueva familia adoptiva salteña, de lo vivido en Etiopía, así como también de la ubicación geográfica y situación política del lejano país.

Sin embargo, y como corolario de esta extravagante experiencia de vida, comienza a abrirse una nueva página en la historia de los etíopes, referida a las intenciones de diferentes clubes locales de contar con sus cualidades técnicas.

En la nota a doble página, un subtítulo resalta, “Los quiere Juventud”, refiriéndose al club Juventud Antoniana, equipo salteño que se anotó primero en la lista para contratar los dotes futbolísticos de los etíopes, siempre y cuando, “consigan la autorización de la Justicia Federal para trabajar en Salta”.

En este sentido el presidente de Antoniana, y otrora intendente de la ciudad de Salta, Miguel Isa, declarará, “queremos darles una ayuda a estos muchachos, que por todo lo que están pasando deben estar angustiados, y el fútbol para ellos debe representar una válvula de escape”.

En días posteriores, en una vertiginosa carrera contra el tiempo, Salomon, Ismail y Hussein consiguieron el hábeas corpus que les permitió transitar con total libertad por las calles de la ciudad, esperando un permiso laboral que se extendiera por al menos seis meses.

Inmersos en un torbellino de sensaciones, se sumará a la disputa por los futbolistas otro equipo de la ciudad: “los dirigentes de Central Norte están gestionando la participación de los tres etíopes, para que se sumen incluso en el equipo que presentará para la Copa Ciudad de Salta (…) son pretendidos por los ‘cuervos’ para reforzar el plantel. Las gestiones las está realizando Marcelo Arancibia”, agregaban los medios locales.

Sin embargo, la pulseada parecía torcerse en favor de Juventud Antoniana, tal como lo remarcó el presidente Isa. “Nuestro interés por ellos sigue firme, y nuestra intención es que jueguen para el club. Junto a Juan Manuel Urtubey (en ese momento diputado nacional por Salta) realizamos las gestiones en Migraciones de Buenos Aires, y se puede decir que este fallo a favor de los etíopes dio sus frutos”.

Con el correr de los días, las expectativas comienzan a disiparse, las negociaciones a enfriarse y los etíopes, con la mirada puesta más allá de Salta.

Pero a esta historia le faltaba escribir un último capítulo, cuando finalmente Salomon, Ismail y Hussein, logren disputar un encuentro futbolístico en Salta, el cual no será en Juventud Antoniana ni tampoco en Central Norte, sino que lo harán para un combinado de la localidad salteña de El Quebrachal, enfrentando a su similar de Joaquín V. González, ambas localidades del departamento sureño de Anta.

Los diarios escribirán al respecto: “Los tres etíopes fueron invitados por la Dirección de Deportes de El Quebrachala jugar un partido amistoso frente a su similar de Joaquín V. González, equipo de la Liga Anteña de Fútbol. Los africanos se convirtieron en la atracción del encuentro, y sorprendiendo a todo el público presente, que se dio cita para verlos jugar. Hussen Seman convirtió uno de los dos goles del equipo de El Quebrachal, que terminó ganando dos a cero a Joaquín V. González”.

Allí la historia comienza a dispersarse. Las noticias comienzan a espaciarse y la vida de los etíopes en Salta dejará de aparecer en las primeras planas de los diarios para ingresar en el anecdotario local y, por qué no, nacional.

El periodista Andrés Burgo, seis meses después, encontró a Solomon e Ismail en Buenos Aires, donde se habían instalado después de atravesar diferentes trabas burocráticas. En una nota que apareció en Clarín el sábado 26 de enero de 2002, Burgo relataba que los etíopes no entendían los cacerolazos ni los saqueos que dominaban la realidad argentina de esos días, y que se sorprendían por la violencia de la convulsionada capital del país, además de las interminables colas frente a los bancos.

Al parecer, los etíopes, tuvieron una posibilidad de prueba futbolística en el club All Boys (de CABA), donde entrenaron alrededor de una semana para luego seguir su vida en una humilde pensión que pagaban con un subsidio otorgado por ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados).

Corría el segundo semestre de 2002 y las señales de los tres deportistas africanos se apagaban. Su historia, ahora sí, comenzaría a encerrar mitos y leyendas urbanas que traspasarían las fronteras salteñas.

Hoy el caso de los etíopes que se fugaron de la concentración, resulta una página más de color en el anecdotario futbolero-social. Sin duda que Salomon, Ismail y Hussein quedaron grabados a fuego en el libro imaginario que recoge todo aquello que el fútbol genera más allá de la línea de cal.

Fuente: Pagina 12

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