El Gobierno nacional autorizó la compra de la filial argentina de Telefónica por parte de Telecom, una operación valuada en más de 1.200 millones de dólares que redefine el mapa de las telecomunicaciones en el país. Sin embargo, para evitar una posición dominante en el mercado, las autoridades impusieron una serie de condiciones que obligarán a la empresa compradora a desprenderse de millones de clientes y parte de su infraestructura.
La adquisición de la filial argentina de Telefónica por parte de Telecom constituye una de las operaciones empresariales más importantes de los últimos años en el sector de las comunicaciones. La venta había sido anunciada originalmente en 2025, pero quedó envuelta en una fuerte controversia política, económica y judicial debido al nivel de concentración que podría generar en distintos segmentos del mercado.
Desde el inicio de la negociación, distintos organismos oficiales advirtieron que la integración de ambas compañías podía otorgarle a Telecom una participación dominante en servicios de telefonía móvil, telefonía fija, internet y televisión por cable. Según los análisis oficiales, en algunas regiones la empresa resultante podría superar ampliamente el 50% de participación de mercado.
Para autorizar finalmente la operación, la Autoridad Nacional de la Competencia estableció una serie de exigencias. Entre ellas figura la obligación de ceder alrededor de seis millones de clientes de telefonía móvil junto con parte de la infraestructura necesaria para que otro operador pueda competir en igualdad de condiciones. Además, deberá desprenderse de usuarios de internet fija en aquellas localidades donde la concentración resultante supere los límites establecidos por las autoridades regulatorias.
Otra de las medidas impuestas contempla la devolución de 130 MHz de espectro radioeléctrico. Este recurso es fundamental para la prestación de servicios móviles y su redistribución busca favorecer la competencia entre distintos operadores del mercado. El Gobierno sostiene que estas condiciones permitirán reducir significativamente el nivel de concentración que surgiría tras la fusión.
La empresa Telecom manifestó reparos respecto de las exigencias oficiales y considera que las condiciones impuestas resultan más severas de las inicialmente previstas. Según trascendió, la compañía había presentado una propuesta alternativa con una menor cantidad de clientes e infraestructura a transferir, aunque finalmente prevaleció el criterio de los organismos reguladores.
La operación también generó reacciones dentro del sector privado. Empresas competidoras como Claro y otros actores del mercado habían expresado preocupación por el impacto que la absorción de Telefónica podría tener sobre la competencia. Especialistas en telecomunicaciones sostienen que, aun con las desinversiones exigidas, el nuevo grupo empresarial conservará una posición de enorme relevancia dentro del ecosistema digital argentino.
Para Telefónica, la venta forma parte de una estrategia más amplia de reestructuración internacional. Durante los últimos años, la compañía española avanzó en la desinversión de varios activos en América Latina con el objetivo de reducir deuda, concentrar operaciones y mejorar su situación financiera. Argentina se convirtió así en uno de los mercados incluidos dentro de ese proceso de reorganización corporativa.
El resultado final de la operación marcará un antes y un después para el sector de las telecomunicaciones. Mientras el Gobierno asegura que las condiciones impuestas permitirán preservar la competencia, distintos especialistas advierten que la concentración seguirá siendo elevada. Lo cierto es que la integración de Telecom y Telefónica modificará de manera profunda la estructura de un mercado estratégico para las comunicaciones, la conectividad y el desarrollo tecnológico del país.
Fuente: Motor Económico



