El denominado “Niño del Chañi”, extraído del Nevado de Chañi en 1905 y conservado durante más de un siglo en Buenos Aires, regresará finalmente a su territorio ancestral en Jujuy. Las comunidades kollas consideran el hecho una reparación histórica, espiritual y cultural.
Después de 119 años fuera de su territorio ceremonial, el llamado “Niño del Chañi” será finalmente restituido a las comunidades indígenas kollas de Jujuy en un hecho considerado histórico para los pueblos originarios del norte argentino. El ancestro indígena, hallado en 1905 en el Nevado de Chañi y conservado desde entonces en el Museo Etnográfico “Juan Bautista Ambrosetti” de la Universidad de Buenos Aires, volverá a la Puna jujeña tras más de una década de reclamos y gestiones comunitarias.
La ceremonia oficial de restitución comenzará este 27 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires, donde se realizará un acto de despedida espiritual antes del traslado hacia Jujuy. Posteriormente, el jueves 28 de mayo, las comunidades originarias recibirán al ancestro en la localidad de El Moreno, departamento de Tumbaya, con ceremonias comunitarias y actividades protocolares organizadas por referentes kollas y autoridades provinciales.
El cuerpo corresponde a un niño de aproximadamente cinco años que fue encontrado a casi 5.900 metros de altura en el Nevado de Chañi, una de las montañas sagradas más importantes del mundo andino. Junto a él aparecieron textiles, sandalias, bolsas tejidas y distintos objetos ceremoniales incas preservados gracias a las condiciones extremas de frío de la montaña. Los especialistas consideran que el niño participó de una ceremonia de Capacocha, ritual incaico de carácter espiritual realizado en honor a los Apus, las montañas consideradas protectoras y divinidades tutelares.
Para las comunidades indígenas, sin embargo, el significado trasciende completamente lo arqueológico o científico. “Los cuerpos de los ancestros no son piezas arqueológicas”, remarcaron desde el propio Museo Etnográfico al anunciar la restitución. Desde la cosmovisión andina, el Niño del Chañi forma parte del patrimonio espiritual y ceremonial de los pueblos de la Puna y su permanencia en un museo era vista como una continuidad del despojo histórico sufrido por las comunidades originarias.
El reclamo para recuperar al ancestro fue impulsado principalmente por la Comunidad Aborigen El Angosto de El Moreno y demandó más de 12 años de gestiones administrativas, jurídicas y políticas. Finalmente, en 2024, la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA aprobó formalmente la restitución tanto del cuerpo como del ajuar ceremonial hallado junto al niño. La decisión se apoyó en la Ley Nacional Nº 25.517, que establece que los restos humanos pertenecientes a pueblos originarios conservados en museos deben ser puestos a disposición de las comunidades que los reclamen.
La restitución marca además un precedente importante para otras comunidades indígenas de Argentina que mantienen reclamos similares. En Salta, por ejemplo, distintas organizaciones originarias continúan cuestionando la exhibición pública de los Niños del Llullaillaco en el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM). Para referentes indígenas, el caso del Niño del Chañi puede abrir un nuevo debate nacional sobre el tratamiento ético y cultural de restos humanos ancestrales conservados en instituciones académicas y museos.
El regreso del ancestro ocurre además en un contexto complejo para muchas comunidades originarias del norte argentino, atravesadas por conflictos territoriales, desalojos y disputas vinculadas al extractivismo minero e inmobiliario. En los últimos años, organizaciones indígenas jujeñas denunciaron distintos episodios de avance sobre territorios ancestrales y reclamaron mayor reconocimiento estatal a sus derechos culturales y territoriales.
Para las comunidades kollas, el retorno del Niño del Chañi representa mucho más que la devolución de un hallazgo arqueológico. Se trata de una reparación histórica y espiritual que busca restablecer el vínculo entre el ancestro, la montaña y el territorio andino del que fue extraído hace más de un siglo. Después de 119 años, uno de los símbolos más importantes de la memoria ancestral de la Puna volverá finalmente a su lugar de origen.
Fuente: El Destape



