El dirigente cordobés Carlos Caserio confirmó que trabaja para construir respaldo territorial a la candidatura presidencial de Axel Kicillof. En una provincia históricamente adversa, el peronismo busca reorganizarse para enfrentar a Milei.
En un escenario político marcado por la crisis económica y el desgaste del gobierno nacional, el peronismo empieza a mover fichas de cara al 2027. Y Córdoba, territorio históricamente esquivo para el kirchnerismo, aparece nuevamente como una pieza clave. En ese tablero, el dirigente Carlos Caserio salió a blanquear lo que ya era un secreto a voces: está trabajando activamente para construir el camino que lleve a Axel Kicillof a la presidencia.
La definición no es menor. Caserio, con peso propio en la política cordobesa y experiencia en distintas gestiones provinciales, confirmó que su objetivo es fortalecer una estructura territorial en la provincia que permita respaldar una eventual candidatura presidencial del actual gobernador bonaerense.
Pero el desafío no es sencillo. Córdoba ha sido históricamente uno de los distritos más refractarios al kirchnerismo, con un electorado que en reiteradas elecciones nacionales se inclinó en contra de ese espacio político. Por eso, el armado que impulsa Caserio no es solo electoral: es también cultural y político, buscando reconstruir vínculos con sectores que hoy están alejados del peronismo nacional.
El propio dirigente lo plantea en términos estratégicos: el objetivo es “incorporarse al peronismo nacional” y acompañar desde Córdoba una construcción más amplia. No se trata de una candidatura aislada, sino de un intento de reordenar el espacio opositor frente al gobierno de Javier Milei, cuya gestión es duramente cuestionada desde distintos sectores.
En ese marco, el rol de Kicillof empieza a consolidarse como figura central dentro del peronismo. Mientras otros liderazgos aparecen fragmentados o en disputa, el gobernador bonaerense avanza en un proceso de construcción nacional que incluye recorridas, acuerdos territoriales y articulación con dirigentes del interior.
Caserio, lejos de presentarse como un “armador único”, se ubica como parte de un equipo más amplio que busca generar presencia en cada rincón de la provincia. La idea es clara: llegar a 2027 con una estructura consolidada en las más de 400 localidades cordobesas, algo clave en una provincia de fuerte peso electoral.
El trasfondo de esta movida es evidente. El peronismo necesita reconstruirse después de derrotas electorales y redefinir su identidad frente a un escenario político completamente reconfigurado por la irrupción de Milei. En ese contexto, la figura de Kicillof aparece como una apuesta para reagrupar al espacio.
Pero la pregunta de fondo sigue abierta: ¿puede el peronismo conquistar Córdoba? ¿O al menos dejar de perderla? La respuesta no es menor, porque en esa provincia se juegan no solo votos, sino también la posibilidad de construir una alternativa nacional competitiva.
En definitiva, lo que dejó Caserio no es solo una declaración, sino una señal política clara: la carrera hacia 2027 ya empezó. Y en Córdoba, el peronismo sabe que no puede volver a fallar.
Fuente: La nueva mañana



