Córdoba en negro: Crece la informalidad y expone el fracaso del modelo laboral

trabajo negro en Córdoba
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Especialistas advierten que la informalidad laboral ya no es una excepción sino una regla en Córdoba y Argentina. El crecimiento del cuentapropismo precario, la pérdida de derechos y la falta de políticas estructurales configuran un escenario alarmante.

La informalidad laboral dejó de ser un problema marginal para convertirse en una de las principales heridas abiertas del mercado de trabajo en Córdoba y en todo el país. Así lo plantearon especialistas en un reciente conversatorio realizado en la ciudad, donde coincidieron en un diagnóstico contundente: el empleo “en negro” ya no es un tránsito pasajero, sino una condición estructural que llegó para quedarse.

El dato no es menor. Según se expuso, la informalidad no solo crece, sino que se consolida como forma dominante en amplios sectores sociales, especialmente entre jóvenes, mujeres y trabajadores de menores ingresos. Es decir, los sectores más vulnerables son los que quedan atrapados en un sistema sin derechos, sin estabilidad y sin horizonte.

En ese marco, uno de los fenómenos que más preocupa es el avance del llamado “cuentapropismo de subsistencia”. Lejos de representar emprendedurismo genuino, se trata de miles de personas que se ven obligadas a inventarse su propio trabajo para sobrevivir, muchas veces en condiciones extremadamente precarias y sin ningún tipo de protección social.

Pero el problema no es solo social: también es económico. La informalidad implica menor recaudación, menor productividad y una economía fragmentada que funciona a dos velocidades. Mientras un sector accede a derechos laborales básicos, otro —cada vez más grande— queda completamente por fuera del sistema.

Las cifras refuerzan la gravedad del cuadro: en Argentina, alrededor del 43% de los trabajadores se desempeña en la informalidad, y entre los nuevos empleos creados, la enorme mayoría pertenece a este segmento. Es decir, el mercado laboral no solo no corrige el problema, sino que lo profundiza.

A esto se suma un factor clave: los cambios tecnológicos y productivos. La digitalización y la irrupción de nuevas formas de trabajo están fragmentando aún más el empleo, generando ocupaciones más flexibles pero también más inestables. El resultado es un mercado laboral cada vez más precarizado, donde la estabilidad se vuelve un privilegio.

El impacto es directo sobre la vida cotidiana: quienes trabajan en la informalidad no tienen acceso a jubilación, cobertura de salud ni derechos básicos. En muchos casos, además, sus ingresos son significativamente menores que los de trabajadores registrados, lo que profundiza la desigualdad social.

En definitiva, lo que se expone es mucho más que una estadística: es el síntoma de un modelo económico que no logra generar empleo de calidad. Córdoba, lejos de ser una excepción, se convierte en un espejo de una Argentina donde trabajar ya no garantiza derechos. Y donde, cada vez más, sobrevivir parece depender de quedar fuera del sistema.

Fuente: La nueva mañana

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