La crisis productiva sumó un dato impactante: casi la totalidad de los despidos formales registrados en los últimos meses se concentró en la industria manufacturera. Empresarios pyme y especialistas advierten que Argentina atraviesa un proceso de desindustrialización acelerada y retrocede hacia un modelo basado en materias primas y baja generación de empleo.
El número encendió todas las alarmas del sector productivo. Según un relevamiento del Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA), de los 7.593 empleos formales perdidos en febrero, 7.336 correspondieron al sector industrial. Eso representa el 97% del total de despidos registrados en la economía durante ese período.
La cifra no solo refleja una caída coyuntural. Desde la entidad sostienen que existe una tendencia persistente desde el cambio de gobierno, con cierres de plantas, reducción de turnos, suspensiones y pérdida sostenida de puestos de trabajo en distintos rubros fabriles.
Daniel Rosato, presidente del IPA, aseguró que el país está ingresando en una etapa de “primarización extractivista”, donde ganan peso actividades ligadas a recursos naturales mientras retrocede la producción con valor agregado nacional. En términos concretos: menos fábricas, menos tecnología propia y menos empleo calificado.
El fenómeno impacta especialmente en pequeñas y medianas empresas, que dependen del mercado interno y tienen menor espalda financiera para soportar recesión, tarifas altas, caída del consumo y apertura importadora. Muchas reducen personal antes de cerrar definitivamente.
En provincias como Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, la industria cumple un rol central en el empleo privado formal. Por eso, cada caída fabril arrastra talleres, transporte, comercio, servicios técnicos y economías regionales enteras.
El debate también atraviesa la política económica nacional. Mientras el Gobierno defiende el ajuste fiscal y la apertura como camino hacia una economía más eficiente, cámaras empresarias reclaman políticas activas para evitar una destrucción irreversible del aparato productivo.
Especialistas recuerdan que los procesos de desindustrialización suelen dejar secuelas duraderas: recuperar maquinaria, proveedores y mano de obra calificada puede demandar años incluso después de una eventual recuperación macroeconómica.
Además, advierten que una economía excesivamente primarizada queda más expuesta a los vaivenes internacionales de precios, clima y demanda externa, con menor capacidad para sostener empleo estable.
Cuando el 97% de los despidos proviene de fábricas, la señal es contundente. No se trata solo de una mala racha económica: se discute qué país se está construyendo y cuántos argentinos quedarán afuera de ese modelo.
Fuente: Motor Economico



