MAGA es el acrónimo de «Make America Great Again» (Haz a Estados Unidos grande otra vez). Fue el eslogan político de Donald Trump para las elecciones de 2016. Luego se extendió hasta definir su movimiento político conservador, muy relacionado a otro acrónimo para Estados Unidos: WASP (White, ango saxon and protestant, es decir, blanco, anglosajón y protestante).
Sin embargo, la evidencia de la realidad indica que MAGA está siendo reemplazado por MIGA (Make Israel great at the expense of America, o sea Haz Israel Grande a costas de Estados Unidos). Estos últimos días, quedó nuevamente en claro quién manda acá, si Trump o Benjamin Netanyahu. Y con seguridad, éste último, que boicoteó un acuerdo de paz que Trump necesitaba como el agua, por distintos motivos.
Militarmente, le está yendo muy mal, agotando sus reservas armamentísticas y sufriendo la destrucción o daño grave de sus 13 bases militares en el Golfo Pérsico. Económicamente, peor, porque en estas 6 semanas de guerra ha gastado cientos de miles de millones de dólares, pero además Irán ha cambiado la moneda en que cobra el peaje por el Estrecho de Ormuz, pasando del dólar al yuan, y la escasez de petróleo y gas han dañado seriamente la economía mundial. Y políticamente, también sufre Trump, porque a nivel internacional ya nadie le hace caso (salvo el presidente argentino Javier Milei), y a nivel interno su imagen no deja de caer, en un año de elecciones de medio término. Todos esos motivos hacen que esta guerra sea catastrófica para la administración Trump y por eso la desesperación por ponerle fin, con alguna salida decorosa.
Uno de los pocos funcionarios del gobierno estadounidense que se da cuenta de esto es el vicepresidente J.D Vance, quien viajó presto a Islamabad, la capital de Pakistán. Los iraníes habían dicho que no confiaban más en Steve Witkoff y Jared Kushner. Uno es un amigote de Trump, agente inmobiliario de Miami, y el otro es el yerno del presidente. Los dos han demostrado su ineptitud, y fueron los que estaban negociando con Irán cuando Estados Unidos atacó a traición. Por eso, los representantes de la República Islámica dijeron que no volverían a hablar con ellos, solo con Vance.
Pero al momento de sentarse a la mesa, ya el intento de negociación había nacido muerto. Y es que apenas Trump anunció un cese el fuego, Netanyahu ordenó el mayor ataque contra El Líbano, destruyendo grandes áreas de la capital, Beirut, y dejando cientos de muertos civiles. Fue una sobreactuación tal, que dejaba en claro cuál era el objetivo: boicotear los intentos estadounidenses de terminar con esta pesadilla para Washington.
De ahí en adelante, nada tuvo sentido, porque entre los 10 puntos que planteaba Irán como fundamentales estaba el cese de los ataques a los grupos de la resistencia antisionista, grupos proxis de Irán: Hizbollah en El Líbano, los hutíes de Yemen y Hamás en Palestina. Ese hubiera sido el momento para que un presidente que hubiera puesto primero los intereses de Estados Unidos, se hubiera distanciado de la locura de Israel. Pero no fue así, Trump agachó la cabeza, tragó saliva y volvió a traicionar a los iraníes: diciendo la mentira de que El Líbano no entraba en la tregua.
Irán mostró otra forma de actuar, y a pesar de que también está interesado en la tregua, para parar la devastación que está sufriendo, tuvo la dignidad de defender a sus aliados. Volvió a cerrar el Estrecho de Ormuz y planteó las líneas rojas para cualquier negociación. Perdido y desorientado, Trump ordenó «el bloqueo del bloqueo», empeorando la situación económica internacional, incluso la de su propia gente.
Ahora bien, la pregunta del millón es: ¿por qué actúa así Trump? Una explicación posible es la teoría sostenida por muchos y lanzada públicamente por Elisa Carrió, la líder de la Coalición Cívica. Públicamente dijo que Trump está siendo extorsionado por el Mossad, el servicio de inteligencia de Israel. Y la forma de extorsión vendría del lado de su vínculo con el magnate Jeffrey Epstein, condenado por pedofilia y tráfico de personas, y que se suicidó en la cárcel en 2019. La novia de Epstein, Ghislaine Maxwell, en realidad, era mucho más que novia. Era novia, amiga, administradora de su hogar, empleada, madama, encubridora y cómplice. Y su padre, el magnate de los medios Robert Maxwell, era un agente del Mossad. Reuniendo las piezas y armando el rompecabezas, surge que Trump está agarrado del cuello por el Mossad porque habría fotos, videos y todo tipo de evidencias que lo implicaría en un escándalo de proporciones tales capaz no solo de sacarlo de la presidencia, sino también de llevarlo a la cárcel.
De todas las posibles explicaciones, la única que podría tener sentido. Igualmente, la figura de traición a su patria no se podría escapar, ya que está tomando decisiones que todas perjudican a su país y favorecen los caprichos de Netanyahu. No se trata de justificar la historia de los Estados Unidos, pero sus políticas imperialistas siempre le redituaron beneficios, territoriales, políticos y económicos. Hoy no.
Por todo eso, MAGA se ha convertido en MIGA.
Fuente: El Diario de Carlos Paz



