La dispersión del voto entre 35 candidatos le ha permitido a la hija del dictador ganar con una baja votación.
Desde Lima
Con los votos del interior del país, el izquierdista Roberto Sánchez se coloca en segundo lugar, lo que le daría el pase al balotaje contraKeiko Fujimori. Desplaza en el tramo final del conteo oficial de votos al ultraderechista Rafael López Aliaga, que estaba segundo hasta cerca del 90 por ciento de ese conteo. Al 91,8 por ciento de actas contabilizadas, la distancia entre ambos es solo 33 mil votos, sobre 18,5 millones contabilizados. Según este conteo oficial parcial, que avanza lento, Sánchez tiene 12 por ciento y López Aliaga 11,8 por ciento. El cuarto en pugna por pasar al balotaje, el centrista Jorge Nieto, ha quedado algo rezagado, con 11 por ciento. Con todo tan apretado, a esta hora no se puede declarar al candidato que va al balotaje a disputarle la presidencia a la jefa del fujimorismo, que pasa por cuarta ocasión consecutiva a segunda vuelta. Perdió las tres anteriores. Es una disputa voto a voto, de final incierto. El candidato de la ultraderecha no está dispuesto a aceptar su derrota. Un síntoma que la siente cerca es su denuncia de un fraude, sin evidencias que lo respalden. Pretende hacer estallar el proceso electoral si el resultado no lo favorece.
Dispersión
La dispersión del voto entre 35 candidatos –promovida por normas dadas por el fujimorismo y sus aliados que son mayoría en el Congreso- le ha permitido a Keiko Fujimori ganar con una baja votación. El conteo oficial parcial le da 17 por ciento. Los votos blancos y nulos superan los que ha recibido la hija del fallecido dictador Alberto Fujimori. Será una segunda vuelta entre dos candidatos con bajo respaldo, lo que refleja el descrédito de la clase política. La división del voto, con Lima votando mayoritariamente por la derecha, y las zonas andinas haciéndolo por la izquierda, confirman una profunda división del país.
Durante el lunes y martes, López Aliaga iba segundo en los avances del conteo oficial, con Nieto cerca disputándole ese lugar. Pero Sánchez vino de atrás, de a pocos, a medida que ingresaban los votos de las provincias andinas, de las zonas rurales. El miércoles el panorama cambió. Ese día amaneció con Sánchez segundo y subiendo. El avance del conteo de votos, que había llegado al 90 por ciento, se hizo todavía más lento, quedó casi estancado. Sánchez, congresista del partido Juntos por el Perú y que fue ministro de Comercio en el gobierno de Castillo, se ha puesto el sombrero campesino del expresidente, convertido en símbolo del castillismo, y ha pedido el voto en su nombre, como un desagravio popular al exmandatario cuyo gobierno fue boicoteado por la derecha, y luego fue destituido y encarcelado cuando estando acorralado por el Congreso intentó cerrarlo sin respaldo legal para hacerlo. Castillo le ha dado su apoyo. Ese respaldo es la principal fuerza del candidato izquierdista que se ha colocado en posición expectante para pasar a segunda vuelta y ganar la presidencia en una disputa final con Keiko Fujimori, eterna derrotada en esa instancia.
La esperanza de la derecha para tener una segunda vuelta entre dos candidatos suyos son los votos de Lima y del exterior que faltan contarse. Falta procesarse el 6,8 por ciento de los votos de Lima, que es un tercio del electorado, donde López Aliaga tiene su mayor apoyo y gana con 21 por ciento, mientras Sánchez recibe su respaldo más bajo, apenas bordea el tres por ciento, quedando relegado en la capital al noveno lugar. Con lo que falta contarse, la derecha espera que López Aliaga tenga unos 60 mil votos más que Sánchez en Lima. En los sufragios del extranjero, donde gana López Aliaga, en los que se ha contabilizado solo el 46,7 por ciento, el candidato ultraderechista podría recuperar otros 20 mil votos. A eso se aferra la derecha. Pero en el interior del país, Sánchez revierte esa pérdida, con los votos que faltan contarse podría mantener la estrecha ventaja que tiene. Fuera de la capital, el candidato de la izquierda le gana a López Aliaga, en varias zonas con amplitud, en 21 departamento, el candidato de la derecha solamente lo supera en dos. En medio de la incertidumbre, todos hacen cálculos, proyecciones.
Los nervios de López Aliaga
Las reacciones de cada uno de los candidatos en la espera de un resultado final son reveladoras. Un nervioso López Aliaga ha salido a gritar fraude y a demandar que se anulen las elecciones. Síntoma que ve venir su derrota. No ha mostrado ninguna evidencia que respalde sus denuncias. Los observadores internacionales han dicho que no hay indicios de fraude. El martes en la noche, ante un grupo de sus seguidores frente al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), el ultraderechista amenazó a los gritos a las autoridades electorales, les dio un plazo de 24 horas para que anulen las elecciones -demanda que pone en evidencia que las parece ver perdidas-, y amenazó con llamar a la insurgencia si no le hacían caso. Su capacidad de convocatoria es dudosa. Desbocado en ese lenguaje agresivo y amenazante que suele utilizar, exigió que el jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Piero Corvetto, sea encarcelado. La ONPE está encargada de contar los votos. Se mostró desesperado por evitar se oficialice el resultado electoral. Al día siguiente, le demandó al JNE que suspenda la proclamación del segundo y tercer puesto.
Al otro lado, Sánchez se ha mostrado calmado. Pero no inactivo, ha dicho que están vigilantes del recuento de votos. En conferencia de prensa aseguró que respetarán el resultado electoral y, en un mensaje dirigido a López Aliaga, dijo que eso es lo democrático y todos los candidatos deben respetar los resultados de unas elecciones en las que los observadores han negado un posible fraude. Anunció que si el resultado no es respetado convocará a una movilización. Los candidatos Jorge Nieto, el socialdemócrata Alfonso López Chau y varios otros, se sumaron a la exigencia que se respeten los resultados de las elecciones. Le exigieron a López Aliaga que presente pruebas de su denuncia de fraude. No pudo hacerlo.
Con Sánchez cerca de la segunda vuelta, la derecha ha entrado en el mismo estado de histeria de 2021 cuando Castillo se metió al balotaje, y finalmente ganó. Ya ha comenzado una campaña mediática para alimentar el miedo al candidato de la izquierda. Y hay fuertes presiones para destituir al jefe de la ONPE, Piero Corvetto, quien en 2021 garantizó un recuento limpio de los votos y resistió las presiones de la derecha para anular votos favorables a Castillo para así hacer ganar a Keiko Fujimori. Las fallas logísticas en el reparto del material electoral que generó serios problemas el día de las elecciones es el argumento para presionar para sacarlo del cargo. Ha sido procesado penalmente y administrativamente por esta razón con el objetivo de destituirlo antes de la segunda vuelta. Si eso ocurre, su reemplazante sería nombrado por la Junta Nacional de Justicia (JNJ), que ha sido nombrada por la coalición derechista del Congreso y responde a sus intereses. Una situación que en una eventual segunda vuelta entre Fujimori y Sánchez cubriría de serias dudas la limpieza de esas elecciones.
Fuente: Pagina 12



