Los números de la crisis se sienten en cada hogar: en Córdoba, una familia tipo necesitó más de $1.434.000 para no caer en la pobreza y más de $650.000 para cubrir lo básico. La inflación sigue golpeando y la brecha social se profundiza.
El último informe sobre costo de vida en Córdoba reveló cifras alarmantes: una familia necesitó ingresos superiores al millón de pesos para no ser considerada pobre. El dato expone con crudeza el impacto de la inflación en la vida cotidiana.
El valor de la canasta básica total, que define la línea de pobreza, sigue creciendo mes a mes. Aunque algunos indicadores muestran desaceleración, el nivel general de precios continúa en valores elevados.
Por su parte, la canasta básica alimentaria —que marca la línea de indigencia— también registró un fuerte aumento. Cubrir las necesidades mínimas de alimentación se vuelve cada vez más difícil para amplios sectores.
El problema central es la brecha entre ingresos y precios. Salarios y jubilaciones quedan rezagados frente al aumento del costo de vida, lo que obliga a muchas familias a endeudarse o recortar gastos esenciales.
La pérdida de poder adquisitivo impacta directamente en el consumo. Comercios y servicios registran caídas en ventas, reflejando un mercado interno debilitado.
El aumento de la pobreza no afecta a todos por igual. Los sectores más vulnerables son los más golpeados, lo que amplía la desigualdad social y genera tensiones crecientes.
La situación se da en un marco de ajuste fiscal, inflación persistente y caída de la actividad. Este combo profundiza la crisis social y complica la recuperación.
Si la inflación no cede y los ingresos no se recomponen, el riesgo es que cada vez más familias queden por debajo de la línea de pobreza. El desafío económico sigue siendo uno de los principales problemas del país.
Fuente: La nueva mañana



