El clima político volvió a tensarse luego de que un exministro del gobierno de Mauricio Macri rompiera el silencio y cuestionara públicamente el modelo económico impulsado por Javier Milei. En declaraciones que resonaron con fuerza dentro y fuera del oficialismo, el exfuncionario aseguró que la actual gestión lleva adelante “un programa sin anclaje productivo, sin planificación y sin horizonte social”, generando un cimbronazo dentro del espacio opositor que históricamente coincidió en lineamientos económicos con el presidente libertario.
El exministro, cuya voz mantiene peso político dentro del macrismo, cuestionó duramente lo que definió como “una conducción económica basada en consignas marketineras y no en políticas públicas serias”. Según su análisis, el Gobierno nacional está ejecutando una batería de medidas que no solo no resuelven los problemas estructurales del país, sino que los profundizan.
Sostuvo que el ajuste permanente sin un plan de desarrollo productivo terminará evaporando los ingresos reales, destruyendo empleo y debilitando la competitividad nacional. “No existe país que crezca a partir de la motosierra”, afirmó, marcando un quiebre notable en el habitual respaldo del espacio macrista a las políticas de Milei.
Para el exfuncionario, uno de los principales errores del Gobierno libertario radica en “confundir equilibrio fiscal con parálisis económica”. A su juicio, la caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo y la recesión cada vez más profunda demuestran que las decisiones tomadas hasta ahora no conducen a una estabilización real, sino a un deterioro sostenido del entramado social.
Otro punto de crítica fue la relación del Ejecutivo con los gobernadores. Según el exministro, el modelo de confrontación permanente “aísla al Gobierno, debilita su margen de maniobra y le impide construir acuerdos básicos”. Advirtió que ningún proyecto de reforma estructural puede sostenerse sin una gobernabilidad que contemple el diálogo federal.
También apuntó a la falta de políticas para reactivar la industria nacional. Destacó que sectores clave —como metalmecánica, textil, construcción y economías regionales— están atravesando uno de los momentos más críticos de los últimos años, mientras el Gobierno insiste en un enfoque de apertura irrestricta que, según él, “pone a las empresas argentinas a competir en desigualdad con gigantes globales”.
La crítica, sin embargo, no se limitó al plano económico: también cuestionó la estrategia comunicacional del presidente. Afirmó que gobernar desde redes sociales, con insultos y descalificaciones constantes, “erosiona la institucionalidad, alimenta la incertidumbre y deteriora la credibilidad del país ante el mundo”.
En un momento en el que la imagen de Milei muestra un marcado retroceso y la economía continúa en tensión, estas declaraciones reavivaron un debate dentro del propio espacio político que lo llevó al poder. Muchos dirigentes de Juntos por el Cambio empezaron a plantear que el Gobierno libertario está colocando al país en una senda peligrosa que combina recesión con creciente conflictividad social.
La palabra del exministro generó reacciones diversas: mientras sectores opositores lo celebraron como un gesto de sinceridad y autocrítica, otros dentro del propio macrismo evitaron respaldar abiertamente sus dichos para no profundizar la fractura. Lo cierto es que la grieta en la oposición clásica vuelve a quedar expuesta.
Las críticas del exministro macrista no son un episodio aislado: son parte de un clima político que empieza a mostrar impaciencia incluso entre quienes compartieron el ideario liberal con Milei. Cuando el ajuste se vuelve un fin en sí mismo y no un medio para el desarrollo, las alarmas suenan por igual en la política, la economía y la sociedad.
La pregunta ya no es si el modelo resistirá, sino cuánto daño dejará en el camino. Y si quienes hoy levantan la voz dentro del propio arco liberal son escuchados o descartados como enemigos circunstanciales.
Fuente: Primereando las noticias



