El Gobierno nacional decidió incorporar a La Rioja y Tierra del Fuego al reparto extraordinario de fondos luego de detectar un clima social “extremadamente delicado” en ambas provincias. Según reveló La Política Online, en la Casa Rosada creció el temor a un conflicto que escale en protestas masivas, cortes y una paralización de actividades ante la crisis económica que golpea con fuerza a esos distritos.
La Rioja atraviesa desde hace semanas una situación de tensión con estatales y docentes que reclaman actualizaciones salariales que el gobierno provincial asegura no puede pagar sin asistencia nacional. Los gremios amenazan con un paro por tiempo indeterminado que podría dejar sin actividad a múltiples áreas de la administración pública.
En Tierra del Fuego, la preocupación es distinta pero igual de seria. El derrumbe de la actividad industrial, producto de la apertura indiscriminada de importaciones y el parate en el consumo, dejó a miles de trabajadores suspendidos. La UOM advirtió que si no llegan fondos o medidas paliativas podría estallar un conflicto social comparable al de 2016.
Frente a este panorama, el presidente Milei decidió flexibilizar su postura inicial de no enviar asistencia a provincias consideradas “críticas” o “no alineadas”. El Gobierno sabe que un estallido en alguno de esos territorios podría tener un efecto dominó sobre otros distritos con dificultades financieras.
El Ministerio de Economía elaboró un esquema de fondos focalizados para evitar atrasos salariales, aunque la medida se tomó con extrema cautela: no quieren que el resto de las provincias interpreten la decisión como un cambio general de política.
Los gobernadores, sin embargo, no tardaron en señalar la contradicción del Gobierno: primero corta transferencias, luego manda fondos cuando ve riesgo de protesta. “Gobernar no es apagar incendios, es evitar que empiecen”, señaló un mandatario opositor.
Las organizaciones sociales y sindicales también expresaron que el envío de fondos no resuelve los problemas estructurales creados por el ajuste. “Si no hay salario, no hay paz social”, remarcaron.
En Casa Rosada admiten que el humor social está en su punto más crítico desde que comenzó la gestión. Los informes de inteligencia social que recibe el Gobierno alertan sobre riesgo de conflictividad al alza en casi todas las provincias.
La ayuda llega no por convicción, sino por temor. Cuando un Gobierno solo actúa para evitar la protesta, la política se convierte en un bombero sin agua. La Argentina necesita planificación, no parches desesperados.



