Caso Adorni: 7 de cada 10 argentinos piden la renuncia y aumenta la desconfianza en el Gobierno

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Su derrumbe en la opinión pública no solo marca el fin de su capital político, sino que arrastra consigo la credibilidad de toda la gestión encabezada por Javier Milei.

Según el último relevamiento de la consultora Zuban Córdoba, la imagen de Adorni alcanzó su piso histórico: el 66% de los encuestados tiene una opinión negativa sobre su desempeño, mientras que apenas el 21,5% lo evalúa de manera positiva, el registro más bajo desde que ocupa un rol público. El contraste con su punto de partida es contundente: en enero de 2024, cuando asumió como vocero presidencial, su imagen positiva era del 51,5%. En poco más de dos años, esos números no solo se deterioraron, sino que se invirtieron de forma abrupta.

El estudio, realizado entre el 30 de marzo y el 1 de abril sobre una muestra de 1.200 casos, confirma que no se trata de un traspié coyuntural, sino de un proceso sostenido de erosión. A lo largo de cinco mediciones, la imagen del funcionario fue perdiendo respaldo hasta colapsar tras el episodio conocido como #AdorniGate. En abril de 2026, la positiva cayó al 21,5% y la negativa trepó al 66%, su nivel más alto.

Pero el dato más crítico para el Gobierno no es solo la mala imagen, sino el rechazo activo: el 70,4% de los encuestados considera que Adorni debería renunciar. Este nivel de desaprobación convierte su permanencia en un costo político directo para la Casa Rosada, que queda expuesta a una creciente desconfianza social.

El impacto del escándalo también golpea de lleno la estrategia comunicacional oficial. Un 70,2% de los encuestados cree que la defensa del Gobierno no fue transparente, sino una maniobra para encubrir, distraer y ganar tiempo. Apenas el 15,3% consideró que la respuesta fue adecuada. Este dato resulta especialmente sensible: el área que Adorni encabezaba como principal vocero aparece ahora como uno de los puntos más débiles de la gestión.

La crisis, además, presenta un alto nivel de penetración pública. El 72% de la población afirma haber escuchado o leído sobre el caso, y casi el 78% exige explicaciones sobre el origen de los fondos utilizados en sus viajes. Lejos de diluirse, el tema se consolidó en la agenda y amplificó el daño.

Incluso al evaluar cómo debería haberse manejado la situación, la mayoría de las respuestas apuntan a una falta de transparencia: predominan las opciones de mostrar comprobantes, responder sin confrontar o apartarse del cargo. Es decir, la ciudadanía no solo rechaza lo ocurrido, sino también la forma en que fue gestionado.

En este contexto, la decisión de sostener a Adorni por parte de Milei ya no aparece como un gesto de respaldo político, sino como una apuesta riesgosa. Los datos sugieren que el deterioro del funcionario no encuentra piso y que su continuidad profundiza el desgaste del Gobierno en su conjunto. La figura que supo ser central en la construcción del relato oficial hoy se convirtió en un pasivo que compromete la estabilidad y la credibilidad de toda la administración.

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