En 1974 los índices de desocupación marcaron un récord histórico de 2,7% (pleno empleo), la informalidad laboral no llegaba a un 10% y la participación de los trabajadores y trabajadoras en el reparto de la riqueza superaba el 48%.
Las complicaciones que vinieron de allí en más, sobre todo después de la muerte del presidente Juan Domingo Perón, podrían haberse resuelto en el marco del sistema democrático, antes o después de las elecciones previstas para 1977.
Pero los planes elaborados por las fuerzas conspirativas internas y desde el exterior para Argentina y para toda América Latina eran otros.
El golpe militar del 24 de marzo de 1976 tuvo como objetivo desestructurar la poderosa organización del pueblo argentino en los lugares de trabajo, en los barrios, en los ámbitos estudiantiles, debilitar las funciones del estado, destruir la industria nacional, fomentar la especulación financiera e iniciar un acelerado proceso de endeudamiento externo.
Esos objetivos fueron logrados y actúan hasta el día de hoy como condicionantes estructurales para impedir un verdadero desarrollo nacional con justicia social.
El genocidio ejecutado de manera integral les ha permitido a los guardianes de un sistema de dominación y privilegios, mantener un engañoso sistema democrático que solo permite a nuestros pueblos votar pero no decidir libremente el destino político que acabe con las injusticias retomando el camino interrumpido a sangre y fuego hace ya medio siglo.
Memoria, Verdad y Justicia es honrar a nuestros mártires enarbolando sus ideales, reconstruyendo la organización y el poder que por entonces habían construido y recuperando la convicción y el coraje con el que pelearon hasta entregar la vida.
Por Héctor Amichetti



