El ‘76 es un Amargo y Deplorable Presente
Escribe: Daniel Enrique Yépez
San Miguel de Tucumán, 24 de Marzo de 2026
24 de Marzo de 1976: Se Iniciaba la Era de un Atroz Genocidio Económico, Político, Social y Cultural
Revisar el Pasado, Comprender el Presente e Iluminar el Porvenir
Analizar política e históricamente los dramáticos años setenta, sin caer en lugares comunes, requiere de un constante compromiso personal, no sólo en el Día por la Memoria, la Verdad y la Justicia, sino como actividad política e intelectual permanente. Requiere, asimismo, revisar crítica y retrospectivamente el siglo XX argentino, a fin de conocer y comprender uno de sus hechos terribles: el golpe cívico-militar-eclesiástico que el 24 de marzo de 1976 implantara una de las dictaduras más sangrientas y feroces del continente.
La historia política argentina de ese tiempo estuvo jalonada por la controversia “democracia o dictadura”, encrucijada que ocultaba una contradicción mucho más profunda: la posibilidad de que nuestro país fuese gobernado por las mayorías populares, o que las minorías privilegiadas y latifundistas siguieran detentando el poder, como lo hacen desde 1811.
Por eso asistimos a una trágica seguidilla de golpes de Estado: 1930, 1955, 1962, 1966 y finalmente 1976, ejecutados por los sectores liberales y pro-oligárquicos de las Fuerzas Armadas, con el objetivo de conculcar la soberanía popular e imponer, mediante terrorismo de Estado, la supresión de los partidos políticos y toda forma de manifestación política, gremial, cultural, estudiantil, individual o colectiva. Se impuso censura a la prensa y a los modos públicos y privados de expresión; se instaló la sospecha y la delación en la sociedad.
El corolario fue la persecución, encarcelamiento, secuestro y muerte de políticos, sindicalistas, estudiantes, intelectuales, artistas y ciudadanos que resistían. Hubo listas negras, exoneraciones, cesantías, exilios y despidos en el sector público y privado.
Las Fuerzas Armadas —inhabilitadas constitucionalmente para gobernar y sin representar voluntad popular alguna— derrocaron a Yrigoyen (1930), Perón (1955), Frondizi (1962) e Illia (1966). Pero el golpe más grave y cuyas secuelas aún atormentan a la sociedad fue el del 24 de marzo de 1976, que derrocó a María Estela Martínez de Perón.
El Proyecto de Regresión Histórica
Con el pretexto de suprimir a los grupos armados —ya derrotados tras el Operativo Independencia— y bajo el lema de “restaurar el orden”, la Junta Militar buscó retornar a un país conservador, pastoril y antiindustrial, el modelo agrícola-ganadero añorado por la oligarquía latifundista.
La dictadura —con apoyo de sectores civiles, empresariales, eclesiásticos y mediáticos— buscó destruir el modelo de Estado surgido en los años ‘40: el capitalismo de Estado, la industria nacional, la distribución del ingreso y los derechos laborales. Debían destruir la Argentina moderna y plebeya para reinstalar un país atrasado, dependiente y subordinado.
Para aplicar este programa sin resistencia social, la represión debía ser sistemática. La Junta se formó en la Escuela de las Américas y en la Escuela de Paracaidistas Franceses, adoptando la doctrina de “seguridad nacional”. Aprendieron los métodos de la “guerra sucia” utilizados en Argelia y Vietnam.
Entre 1976 y 1983 impusieron un régimen de terror que violó todos los derechos humanos: censura, persecución, secuestros, torturas, asesinatos, desapariciones y miles de detenidos en campos clandestinos. No existió juicio previo ni derecho a defensa.
Nadie puede creer que era necesario exterminar 30.000 “terroristas”. El objetivo era aniquilar una generación politizada y comprometida, que defendía la democracia y la soberanía popular.
“Desaparecidos”: la Palabra del Terror
El término “desaparecido/a” significa secuestrado/a, torturado/a, violado/a, asesinado/a y enterrado/a clandestinamente, en fosas comunes o arrojado/a al mar desde aviones. El terror se ejecutó siguiendo la lógica nazi de “Noche y Niebla”.
Mientras ese significante sobrevuele nuestra memoria colectiva, y mientras los responsables militares, civiles y clericales no reciban castigo, las heridas seguirán abiertas.
Ni olvido ni perdón: justicia, memoria, sanción, condena y cárcel común para los genocidas.
Comprender el Presente: La Oprobiosa Continuidad del ‘76
La herencia de miseria y desolación dejada por el macrismo, y profundizada por el actual gobierno del “androide de la motosierra”, es el reverso del mismo proyecto iniciado en 1976. Fue la consecuencia esperable del pusilánime gobierno de Alberto Fernández, marcado por una gestión socialdemócrata, “progre” e insulsa, que terminó como un Titanic anunciado tras arrodillarse ante el FMI en 2018.
No fue solo una derrota electoral: fue la expresión de la decadencia irreversible de los movimientos nacional-populares cuando no logran superar la etapa nacional-burguesa en países periféricos. Fue el cierre de un ciclo iniciado con los bombardeos del ‘55 y consolidado en marzo del ‘76 con un genocidio político.
El Tercer Eslabón: El “Genocidio Económico”
Desde los años ‘90, el menemismo —como negación interna del movimiento nacional— destruyó el Estado, privatizó el patrimonio público y desmontó el tejido social. Esto fue la continuidad del terrorismo de Estado por otros medios: un “genocidio económico”.
Este proceso fue devastador porque no vino de afuera, sino desde adentro del propio movimiento nacional. Colonizó subjetividades e imaginarios populares. Ni siquiera la “primavera neo-yirigoyenista” del kirchnerismo logró revertir completamente esa herencia, que retornó en 2015 con el macrismo.
Hoy la lucha es doble:
contra el cipayo de la motosierra y contra los traidores que acompañan su proyecto de convertir a la Argentina en una neocolonia del eje anglo-yanqui-sionista.
San Miguel de Tucumán, 24 de Marzo de 2026
Daniel Enrique Yépez
Licenciado en Pedagogía
Magíster en Ciencias Sociales (Orientación Historia)
Doctor en Ciencias Sociales (Historia de la Educación)
Docente-Investigador de las Universidades Nacionales de Tucumán y Jujuy
Profesor del Nivel Terciario – Escuela Normal Superior J. B. Alberdi



