El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, atraviesa uno de los momentos más delicados desde el inicio de su gestión, en medio de una compleja situación financiera que limita seriamente su capacidad de maniobra. La imposibilidad de acceder a nuevo endeudamiento, producto de las elevadas tasas de interés y el endurecimiento de las condiciones del mercado, dejó a la provincia de Buenos Aires en una posición extremadamente vulnerable.
El escenario se agrava por una combinación de factores estructurales y coyunturales. Por un lado, el modelo económico impulsado por el gobierno nacional encabezado por Javier Milei implicó una fuerte reducción de transferencias hacia las provincias, lo que impactó de lleno en las finanzas bonaerenses. Por otro, la caída del poder adquisitivo y el deterioro del consumo afectan la recaudación, profundizando el desequilibrio fiscal.
Dentro del propio oficialismo provincial reconocen que la situación es crítica. La administración enfrenta dificultades crecientes para sostener gastos corrientes, asistir a los municipios y garantizar servicios esenciales. Incluso, según trascendidos, desde la gobernación comenzaron a transmitir a intendentes que no habrá recursos adicionales para asistirlos, lo que evidencia el grado de asfixia financiera.
En este contexto, la falta de acceso al crédito no solo limita la posibilidad de financiar obras o políticas públicas, sino que también complica la refinanciación de compromisos previos. Así, Kicillof queda atrapado entre la necesidad de sostener el funcionamiento del Estado y la ausencia de herramientas financieras para hacerlo, en un escenario que anticipa mayores tensiones políticas y sociales en el corto plazo.



