Se alarga la guerra y desgasta a Estados Unidos e Israel

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A principios de 1865, el presidente argentino Bartolomé Mitre dijo: «En 24 horas en los cuarteles, en tres días en Corrientes, en tres meses en Asunción». Pero a pesar de que la Guerra de la Triple Alianza fue un genocidio y Mitre uno de sus responsables, esa guerra duró cinco años.

Pero nada de eso ocurrió, a casi tres semanas del inicio de los ataques injustificados. Las mismas tres semanas que anunciaba Mitre para el triunfo aliado. No es que no le estén haciendo daño a Irán, no es que no estén asesinando población civil, como el daño que los argentinos, brasileños y uruguayos le causaron en su momento al pueblo paraguayo. Lo que sorprende es que Irán también está causando algunos daños tanto a Israel como al propio Estados Unidos.

Por un lado, pareciera que las reservas iraníes de misiles y drones es mayor a la que calculaban sus enemigos. También pareciera mayor la determinación del gobierno y de las fuerzas armadas a defenderse.

La insurrección popular que iba a derrocar al «régimen» no se vio. Recordemos que en enero había habido manifestaciones opositoras, protestando por cuestiones económicas internas. Pero cuando eso fue fogoneado desde Occidente, no funcionó, hasta ahora. Además, la estrategia de descabezar el gobierno, asesinando al líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, tampoco fue suficiente. Causó mucho dolor, porque es un líder espiritual y también material, que trasciende a Irán y abarca a toda la rama chiíta del Islam. Pero no fue el fin de la Revolución Islámica, ya hay otro líder supremo, que, además, es el hijo del martirizado.

Ante esta situación, está sorprendiendo la capacidad de resistencia no solo del gobierno sino también del pueblo iraní. Pensemos que lo que nos llega a través de los medios hegemónicos son solo lucecitas de colores, no estamos viendo la verdadera cara de la guerra, ni los cuerpos mutilados, ni las escuelas y hospitales destrozados, ni las madres enloquecidas por el dolor. Solo vemos lucecitas y leemos los comentarios fanfarrones de los genocidas.

Lo que se está viendo es una lluvia de muerte desde el cielo que no les alcanza a Estados Unidos e Israel, y que más allá de la destrucción y el genocidio, no está cumpliendo su sueño de una guerra rápida y contundente. Por el contrario, se empieza a hablar de las reservas antiaéreas de Israel mientras su población vive escondida en búnkers. Y en el caso de Estados Unidos se empieza a ver su incapacidad para defender sus embajadas y otros intereses comerciales en los países aliados del Golfo Pérsico.

Algunos analistas y especialistas en armamento explican que el bombardeo aéreo puede ser fundamental para ganar una guerra, pero nunca es suficiente. Lo muestra la historia, siempre es importante tener poder de fuego desde el aire, pero siempre complementado con tropas en el terreno. Y esta vez, ni Estados Unidos, ni muchísimo menos Israel, parecen dispuestos a mandar tropas a una invasión terrestre de Irán.

Ni siquiera pueden hacerse con el Estrecho de Ormuz, controlado por ahora por Irán, y por donde pasa más del 20 por ciento del petróleo y el gas mundial. Sobreviene entonces el alza en el precio del petróleo, que ronda los 120 dólares el barril, y genera inflación en todo el mundo, y amenaza con consecuencias peores aún. Empieza a verse las consecuencias en el propio Estados Unidos, donde crece la impopularidad de esta guerra y del propio Trump, y en un año de elecciones de medio término.

Por Mariano Saravia

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