La crisis social en los sectores más vulnerables vuelve a encender alarmas. Referentes territoriales y religiosos advirtieron sobre una profunda ruptura del tejido social, marcada por el aumento de jóvenes en situación de calle y el crecimiento del consumo problemático de drogas.
La advertencia fue realizada por el sacerdote Lorenzo “Toto” De Vedia, quien trabaja desde hace años en barrios populares y describió un escenario cada vez más crítico: “Hay muchos pibes en la calle, con la droga”.
Una realidad que se agrava en los barrios populares
El diagnóstico apunta a una combinación de factores que impactan de lleno en la vida cotidiana de los sectores más postergados: pobreza, falta de oportunidades, debilitamiento de redes comunitarias y menor presencia del Estado.
Según explicó De Vedia, en los barrios más humildes se observa un fenómeno creciente: jóvenes que abandonan la escuela, quedan a la deriva y son captados por redes vinculadas al narcotráfico.
Esta situación no es nueva, pero distintos actores sociales coinciden en que en los últimos meses se profundizó de manera preocupante, especialmente entre adolescentes.
La calle y la droga, una combinación explosiva
Uno de los aspectos más alarmantes es la relación directa entre la vida en la calle y el consumo problemático.
En contextos de vulnerabilidad extrema, la calle deja de ser solo un espacio de tránsito para convertirse en un ámbito de supervivencia, donde muchos jóvenes:
- Rompen vínculos familiares
- Abandonan el sistema educativo
- Quedan expuestos a economías ilegales
- Se inician en el consumo de sustancias
Especialistas advierten que, en estos contextos, el consumo no es solo una causa, sino también una consecuencia del abandono social.
El rol del Estado, en el centro del debate
Uno de los ejes más fuertes del planteo es la ausencia o debilitamiento de políticas públicas en los territorios más vulnerables.
Desde organizaciones sociales y religiosas señalan que la reducción de programas de contención, asistencia alimentaria y acompañamiento comunitario genera un vacío que, en muchos casos, es ocupado por el narcotráfico.
Ese “corrimiento” del Estado impacta directamente en los jóvenes, que encuentran en la economía ilegal una salida inmediata frente a la falta de oportunidades.
Una problemática que crece en todo el país
El fenómeno no se limita a un barrio o una ciudad. Distintos relevamientos muestran un aumento de personas en situación de calle y una mayor presencia de jóvenes en ese escenario.
En grandes centros urbanos, incluso, ya se advierte la existencia de generaciones enteras que crecieron en la calle, atravesadas por problemáticas estructurales como pobreza, consumo y exclusión.
La ruptura del tejido social
Cuando se habla de “ruptura del tejido social”, no se trata solo de un concepto abstracto. Implica la pérdida de redes básicas que sostienen la vida comunitaria:
- La familia
- La escuela
- El trabajo
- Las organizaciones barriales
Sin esos pilares, los jóvenes quedan expuestos a dinámicas de exclusión que se retroalimentan y se vuelven cada vez más difíciles de revertir.
El desafío: reconstruir comunidad
Frente a este panorama, referentes sociales coinciden en que la salida no puede ser únicamente represiva ni individual.
El desafío pasa por reconstruir el entramado social, fortaleciendo:
- Políticas públicas territoriales
- Espacios de contención para jóvenes
- Acceso a educación y trabajo
- Redes comunitarias
Una advertencia que interpela
La frase “hay muchos pibes en la calle, con la droga” no es solo un diagnóstico: es una advertencia.
Describe una realidad que crece silenciosamente y que pone en tensión el presente y el futuro de miles de jóvenes en Argentina.
En un contexto económico complejo, el deterioro social no solo se mide en números: también se refleja en historias, trayectorias truncas y vidas que quedan al margen.
Fuente: Pagina12



