El precio internacional de la soja registró su mayor derrumbe desde 2023 y sacudió al mercado de granos. La caída reaviva preocupaciones sobre el ingreso de dólares y el impacto en la economía argentina.
El mercado internacional de commodities volvió a mostrar su cara más volátil y esta vez el impacto llegó de lleno al principal motor exportador de Argentina. La soja registró una caída del 6,1% en Chicago, ubicándose en torno a los 424 dólares por tonelada, en lo que se convirtió en el desplome diario más fuerte desde 2023.
El movimiento no pasó desapercibido. En un país donde el complejo agroexportador explica una porción central del ingreso de divisas, cualquier variación brusca en el precio de la soja tiene efectos directos sobre las expectativas económicas, la recaudación y la estabilidad cambiaria.
La baja se da en un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas, fluctuaciones en la demanda global y cambios en la política comercial de las principales potencias. A esto se suma un dato no menor: en los últimos meses, el precio venía mostrando cierta recuperación, lo que generaba expectativas de alivio para las cuentas externas.
Sin embargo, el escenario actual vuelve a sembrar incertidumbre. Menores precios implican menos dólares para el Banco Central y menos margen para sostener el equilibrio fiscal, en un contexto donde las retenciones ya vienen perdiendo peso en la recaudación.
En Argentina, la soja no es solo un cultivo: es una variable macroeconómica. Y cuando tiembla su precio, tiembla todo el modelo.



