A 50 años del golpe cívico-militar-eclesiástico-empresarial del 24 de marzo de 1976, la memoria colectiva también se sostiene en el coraje de quienes se animaron a hablar cuando el silencio parecía imponerse. Entre esos testimonios fundamentales aparece el de José Julián Solanille, recordado por muchos como “el gringo”, un hombre cuya valentía permitió arrojar luz sobre algunas de las atrocidades cometidas durante el terrorismo de Estado.
Solanille fue uno de los testigos que aportó información clave en los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad vinculados al funcionamiento del ex centro clandestino de detención La Perla, uno de los principales engranajes del aparato represivo en la provincia de Córdoba durante la última dictadura.
El horror que vio con sus propios ojos
En sus declaraciones ante la Justicia, Solanille relató escenas estremecedoras que presenció durante aquellos años. Contó haber visto fusilamientos y el posterior enterramiento de víctimas en fosas comunes, prácticas que formaban parte del sistema clandestino de exterminio desplegado por la dictadura.
Sus palabras ayudaron a reconstruir parte del funcionamiento de esa maquinaria de muerte y aportaron elementos clave para los juicios que, décadas después, comenzaron a juzgar a los responsables de aquellos crímenes.
El impacto de su testimonio fue profundo. No solo por lo que revelaba, sino también por la convicción con la que decidió contarlo.
Un testimonio para la memoria
Solanille brindó su declaración en el marco del juicio por los crímenes cometidos en La Perla en abril de 2013. En aquel momento, su relato se convirtió en uno de los tantos testimonios que permitieron consolidar las pruebas contra los responsables del terrorismo de Estado.
Su intervención formó parte de un proceso judicial histórico que buscó esclarecer lo ocurrido en uno de los centros clandestinos más emblemáticos del país y establecer responsabilidades por las desapariciones, torturas y asesinatos cometidos durante la dictadura.
Un gesto de gratitud colectiva
A medio siglo del golpe de Estado, recordar a José Julián Solanille también es reconocer el valor de quienes se animaron a enfrentar el miedo y a contar lo que habían visto.
Sus palabras ayudaron a reconstruir la verdad en momentos en que todavía persistían el silencio, la negación y la impunidad.
Por eso, entre las banderas que cada 24 de marzo vuelven a llenar las calles en defensa de la memoria, la verdad y la justicia, bien podría haber una dedicada a quienes hicieron posible que esas historias salieran a la luz.
Una bandera simple, pero cargada de significado: “Gracias, Gringo Solanille”
Fuente: Jorge Vasalo



